LLAMANDO A LAS PUERTAS DEL CIELO (en nombre de otros)

Hace poco escribí un relato para uno de esos concursos informales, pero serios, en los que participo de vez en cuando.

Se trataba, básicamente, de escribir un relato con banda sonora. Ya sabes, un relato con musicalidad, con ritmo, que según lo leyeras pudieras sentir las notas en tu cabeza…

Yo no lo conseguí, claro. Tengo mucho que aprender de cómics como The Crow o Phil Perfect.

¡Que la música no deje de sonar!

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Música y poesía (2): No volveré a ser joven

No hace mucho hablé de la fantástica canción de Loreena McKennitt sobre un poema de Alfred Noyes, The Highwayman. Como decía, a veces unen fuerzas un poema y un músico, y el resultado remueve según qué sentimientos en nuestro estómago. Como en mi propuesta para hoy.

Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929-1990)  es un poeta español que debes conocer. En serio, echa un vistazo a sus poemas, que seguro que alguno de ellos te dejará sin palabras.

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Música y poesía (1): The Highwayman

La poesía y yo mantenemos una relación de amor-odio. Las palabras bonitas me resultan desagradables, aunque suene ridículo, pero algunos poemas me hacen llorar, literalmente. Así de frágil es uno.

A veces, un compositor se fija en un poema y decide acompañarlo de música y de su propio ritmo. Si el compositor es brillante, como en este ejemplo, el resultado es fantástico y eterno.

Dicen en La Historia de la Semana que

“El tema musical de esta semana es una balada de Loreena McKennitt con letra de un poema de Alfred Noyes titulado The Highwayman, que se podría traducir por El bandolero.

Narra una bonita (y triste) historia de amor entre un salteador de caminos y la hija del dueño de la posada. Cuando va a despedirse de ella para otra de sus correrías, un pretendiente celoso lo denuncia y … ocurre la tragedia.

Alfred Noyes es un poeta inglés del siglo pasado que es conocido sobre todo por esta balada.”

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