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Aprendimos la lección

Te dejo un pequeño relato que escribí hace poco. Trata sobre la esperanza, y lo que hacen las personas cuando la pierden. También habla de por qué agachamos la cabeza cuando tenemos miedo, y lo que ocurre cuando ya no tenemos razones para asustarnos.

Se me ocurren muchas citas relacionadas con la esperanza y el miedo, pero me quedo con una frase que se asocia con Daredevil, un super héroe de los comics, que dice que un hombre sin esperanza es un hombre sin miedo.

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Escribiendo un libro: Normas de estilo

¡No, por favor!

¿Tú también, pesado mío? No puedes hacer cuatro clicks en foros o páginas de literatura sin que aparezcan los típicos consejos de escritores para escribir bien, las normas que todo el mundo debe cumplir para que su texto luzca fluido y profesional.

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Ponte tus gafas de pasta, que esto trae cola.

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Neil Gaiman y la pasión por la lectura

Conoces a Neil Gaiman, ¿verdad?

Claro que le conoces. Es el creador del cómic The Sandman, que lo he mencionado hace poco tiempo, y de algunos de los mejores libros que he leído en los últimos años…

Un fotograma de la inquietante versión cinematográfica de Coraline, uno de sus libros “infantiles”.

Este hombre ya nos ha sorprendido en alguna ocasión, como cuando mostraba su simpatía por la piratería digital con argumentos bastante sólidos. Esto es un extracto del artículo de Lee más libros. Seguir leyendo Neil Gaiman y la pasión por la lectura

Cita: Florentino Ariza y las salas del corazón

    Esta cita pertenece a un libro que me encanta, El Amor en los tiempos del cólera, de G.G.Márquez.

    Cita:
    Con ella aprendió Florentino Ariza lo que ya había padecido muchas veces sin saberlo: que se puede estar enamorado de varias personas a la vez, y de todas con el mismo dolor, sin traicionar a ninguna. Solitario entre la muchedumbre del muelle, se había dicho con un golpe de rabia: “El corazón tiene más cuartos que un hotel de putas”.

    En una ocasión, me encontraba yo en un bar de copas bastante pijo al que me había llevado una chica con la que no tenía en común más que el ansia de la caza, chupa de cuero y pelo largo entre jerséis de pico y peinado de raya a un lado. Razonablemente borracho, recité esas frases que había memorizado frente a un bourbon seco y un escote descomunal, el que me había arrastrado a ese garito de mierda.

    La chica, que tenía nombre de flor, o de fruta, o algo parecido, me miró con los ojos muy abiertos y me preguntó si solía memorizar los libros que leía. No recuerdo cual fue mi respuesta, pero sí recuerdo que me abrió muchas puertas y botones.

    Volví a ver a esa chica un par de veces, antes de darme cuenta de que estaba fatal de la cabeza. Esas citas posteriores me las gané a pulso, pero el primer beso se lo robé a Florentino Ariza.