Categoría: Reseñas

Mitos nórdicos: La redacción de un maestro cuentista

Hace unas semanas pasé por mi librería habitual (Castilla Cómic; siempre me tratan muy bien, así que les voy a hacer un poco de publicidad), y me encontré con un nuevo libro de Neil Gaiman. Ésta es la cubierta:

¡Neil Gaiman, el maestro de los relatos, el sultán de los cuentos, el paladín de las historias que caben en pocas páginas!

¡Escribiendo un libro sobre mitos nórdicos! ¡Por Odín!

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Nostalgia, un libro que he leído sin saber por qué.

—Pues nada, que no sé por qué he leído este libro.

—¿Por qué dice usted eso?

—Pues, no sé… Porque los libros de este tipo no suelen gustarme.

—No lo entiendo. ¿A qué tipo de libro se refiere?

—A los que hablan de la vida de las personas. Mira, en la descripción de la obra nos dicen que

“Nostalgia narra la vida de Lucía y Manuel, dos personajes muy diferentes entre sí, pero ambos sin duda entrañables e inolvidables. […] La historia, pues, muestra cómo sus dos protagonistas van evolucionando con el paso del tiempo en su manera de entender la vida y de afrontarla”.

y yo soy más de historias, en fin, menos intimistas, en las que asistimos a la evolución de los personajes a través de hechos extraordinarios, ajenos y evasivos. Pero mira, me equivoqué, y te voy a contar el porqué.

—Oiga, que yo sólo le he pedido la hora y tengo prisa…

—Bah, tú qué sabrás. Calla y escucha.

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Ángeles de Sangre y Carne de Primera: El inspector Proaza me cae gordo

Voy a retomar las reseñas sobre libros, que se me acumulan.

Y es que me lo he pasado  fenomenal leyendo un par de libros de novela negra que me han demostrado, una vez más, que la diversión acecha en las obras más insospechadas. Porque no hay nada mejor que divertirse con un libro, y ojo, que no hablo  de reírse, sino de pasarlo bien, igual que cuando montas en una montaña rusa o ves una buena película de miedo.

Rafael Estrada, creo yo, es de esos escritores que piensan que no hay nada mejor que una buena historia, y se nota.

En estos libros asistimos a los primeros casos de Juanito Proaza,  un inspector de homicidios que resuelve de forma magistral, gracias a sus dotes de investigador, un difícil caso de asesinato en el que…

No, estos libros no funcionan así. El inspector Proaza es listo y hace lo que puede, pero los casos que nos plantea Rafael Estrada en estos libros no se solucionan gracias a pistas imposibles ni a notas que el asesino envía a la policía. Son casos extraños, truculentos, complicados, en los que no existe un único villano ni un héroe que lo capture. Cuando los lees, te da la sensación de estar en la piel de un policía que tiene que desenterrar los cabos para poder atarlos, que depende de la labor de sus compañeros y que juega con las cartas que le han tocado, ni más, ni menos.

El protagonista es un tipo normal, tan interesante como para gustarnos, pero no tan extravagante como para no resultar creíble. Y tiene buen gusto para la música, por cierto. Sí, los libros tienen banda sonora y un listado de canciones al final. Buen punto.

El argumento principal de cada libro, es decir, el caso que hay que resolver, podría formar parte de un episodio de CSI, pero son casos con tantas caras diferentes que a veces no sabes muy bien cuál es la principal. La motivación de cada implicado es diferente y eso hace que el conjunto resulte tridimensional, creíble dentro de su crudeza, y original, y mira que es difícil conseguir eso.

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Shinigami, una reseña complicada y mal escrita

Pocas veces me ha costado tanto escribir mi opinión sobre un libro, porque pocas veces un libro me ha producido sensaciones tan diferentes.

Y es que Shinigami me ha parecido un libro muy pobre en algunos aspectos, pero bastante bueno en otros. “¿Me lo recomiendas?”, te preguntarás. Pues mira, depende. Voy a intentar equilibrar la balanza y escribir una impresión rápida, a ver qué pasa.

Terry opina que soy un lentorro.

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Comprando un regalo que me encontré en la calle

Hace unos días, mientras me dirigía a mi coche, un chico que arrastraba una maleta con ruedas me paró por la calle y me dijo una frase que no entendí. Estaba dándome la vuelta para marcharme cuando vi que en su mano tenía un libro. “Soy el ilustrador”, me dijo.

Decidí dedicarle toda mi atención.

Terry ya le ha dado el primer bocado (literal) al libro, y parece que le gusta.

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