Categoría: Relatos

MENTIRAS

Este relato lo escribí para presentarlo a un concurso de tema libre. Quería centrarlo en una práctica muy fea en la que todos nos involucramos algunas veces de una manera u otra: mentir. Cuando lo estaba preparando, vi una charla de TED sobre los suicidas que se tiran desde el Golden Gate a la bahía de San Francisco que me pareció muy interesante y me hizo preguntarme qué le tiene que pasar a alguien por la cabeza, o cuáles han de ser sus circunstancias, para tomar la decisión de matarse de semejante manera. Una posible respuesta quedó plasmada en mi relato.

“El puente hacia su jubilación” tiene más de una lectura.

 

Cuando uno se pone a escribir, el resultado depende mucho del propio estado de ánimo. Y no recuerdo qué ocurrió esa semana en mi vida, pero un relato que, en teoría, tendría que haber sido dramático, me salió lleno de ironía y humor negro. Como es un poco largo, en vez de copiarlo entero en esta entrada lo he adjuntado como un archivo independiente. Espero que lo disfrutes. Para poder leerlo, haz click en el enlace:


MENTIRAS


 

TODOS MIRANDO

Hace nada he participado en un concurso de relatos que tenían una condición especial: el relato debía basarse en la letra de una canción.

Es una buena idea, ¿verdad? En cuanto pensé un rato se me ocurrieron algunos relatos que podían dar mucho juego. Luego me puse a descartar.

Si me dedicaba a relatar la historia de Pacto entre caballeros me iba a poner de mal yogur, porque no soporto esa canción. ¿Estás llamando caballeros a unos drogadictos proxenetas ladrones? ¡Al cuerno! Pensé en algunas letras de Mecano, pero o bien eran muy surrealistas o bien daban ganas de llorar, y las lágrimas, a estas alturas de mi vida, mejor que sean de risa.

Entonces llegó mi chica y, en un segundo, me dio la respuesta.

-¿Por qué no escribes sobre Todos mirando? -me dijo.

Y ya no pensé más.

La canción va de algo como esto, pero con un tipo de verdad y no con una estatua. No voy a poner una fotografía de un hombre desnudo porque este blog es muy decente. 

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Entrenar a los 40 y la edad apropiada para aprender

A un servidor siempre le han llamado la atención las artes marciales. El cine tiene parte de culpa, por supuesto, pero en general, la estructura, disciplina y filosofía de las artes marciales tradicionales me parecen muy interesantes en muchos aspectos.

No sólo desde un punto de vista físico, quiero decir.

Hay una razón oculta y algo inconfesable para que yo practique artes marciales: Me encantaría, algún día, cuando un tipo me pitara con el coche, por ejemplo, poder bajarme, echar el cuerpo atrás, extender el brazo izquierdo, hacer la señal de “acércate” con la mano y decirle

—Ahora veremos si tu kung-fu es mejor que mi kung-fu

Lo intentaría decir con un tono más serio, pero ¿para qué engañarnos? Sé la cara que iba a poner, y se parece más a Jackie Chan que a Bruce Lee.

En fin, he escrito un pequeño artículo contando mi experiencia al empezar a practicar un arte marcial, porque para aprender siempre hay tiempo.

Espero que lo disfrutes. Yo lo he hecho.

 

ENTRENAR A LOS 40

Cómo conocí el Ninjutsu y por qué sigo entrenando

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LA CANCIÓN Y LOS CONDENADOS

Me gustan las historias de piratas. No me refiero a los piratas modernos, de los que asaltan barcos de pescadores y piden rescates, sino a los piratas clásicos, los que luchan contra ingleses, españoles y franceses por igual, los hombres de fortuna, villanos y héroes, pícaros, violentos, embusteros, ladrones y, en general, gente de una personalidad irresistible.

 

Walter Matthau en una película de Polanski que, por alguna razón, no le gusta a nadie.

Rancios, que son todos unos rancios.

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Y A TI TE ENCONTRÉ EN LA CALLE

Hacía tiempo que no escribía. La inspiración, o el tiempo necesario para sentarse a escribir, a veces te viene impuesto.

Escribí este micro relato, como hacemos todos, basándome en hechos reales.

Pero las voces van a mejor.

Y A TI TE ENCONTRÉ EN LA CALLE

Damian subió el volumen de la radio del coche. Seguía escuchando los maullidos, pero con la música apenas oía los jadeos del gato que llevaba en el asiento trasero.

—Se está ahogando —dijo Dante—. Se muere.

Damian se ajustó el cinturón de seguridad. Dante era un listillo. ¿Qué sabría él?

—Cállate —le dijo—. Tú qué sabrás.

Dante se calló, porque sólo era una voz dentro de la cabeza de Damian. Pero no permaneció así mucho rato.

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