Caperucita Roja y el spray de pimienta

En La Voz de Galicia han publicado un artículo sobre cuentos populares que te va a encantar. Ya sabes que las versiones de los cuentos que conocemos, por lo general, están adulteradas o, mejor dicho, infantilizadas para que puedan ser degustadas por los niños, a los que tratamos como si fueran frágiles y de mente débil.

Yo voy a pasar de largo por el sangriento final de Cenicienta, cuyas hermanastras se mutilaron los pies para que entraran en el dichoso zapato, y que finalmente fueron cegadas a base de picotazos de pájaros por portarse mal.

Olvidaré la violación de La Bella Durmiente (en la versión de Basile), donde quedó embarazada de un príncipe poco escrupuloso que, como ya nos tiene acostumbrados la realeza, no sabía tener la cremallera del pantalón cerrada y aprovechó que dormía para abusar de ella (la muchacha tiene dos bebés y uno, al mamar de su dedo, extrae el veneno y despierta a la madre… pero ahí no termina el cuento).

Ignoraré la crudeza del cuento de Hansel y Gretel que, no nos olvidemos, son abandonados por sus padres para que mueran de hambre en el bosque. Eso sí es maltrato infantil, señor Losantos. Pero este cuento no ha cambiado mucho y, al fin y al cabo, que los niños abandonen un hogar pobre lo llamamos “ser aventureros“…

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Las historias se enfrían en tu cabeza

Las historias entran en tu cabeza, a veces de forma violenta y sin ninguna consideración. Abres un libro y, desde la primera página, su historia te atrapa, te secuestra y te aísla del mundo en el que vives.

Es eso lo que buscas, ¿verdad? Es la evasión y la diversión lo que buscas al leer, aunque al final lo que encuentras sea algo muy diferente.  A veces encuentras diversión, cierto, pero muchas otras veces te sientes triste, vacío y frío. Porque una de tus vidas se ha terminado.

Pero vamos a la intención: La evasión y la emoción de una buena historia. Motivos no nos faltan para querer evadirnos, ¿verdad? Hoy decidí no leer ningún periódico y, aun así, me he enterado de noticias que me producen náuseas. El mundo que hemos creado y que mantenemos es un infierno excepto para una minoría privilegiada, a la que pertenecemos tú y yo. Por eso leemos: porque queremos vivir en otro mundo.

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Abres un libro y su historia te ata de pies y manos. La devoras con avidez, modificas tus horarios para seguir leyendo, le entregas horas de tu sueño y, cuando alguien te dice “¿pero no vas a cerrar el libro de una vez?” le miras como si te estuviera hablando de sacrificar a un amigo.

Esto pasa con un buen libro, claro, y con un buen lector. Porque hay de otros tipos, no nos engañemos.  ¿Por qué se puede enfriar una historia?

-Porque el libro es malo. Puede ocurrir. La piel del Tambor, por ejemplo, es un libro que mucha gente dice que empeora según lo lees, aunque a mí no me lo pareció.

-Porque no está completo. Que se lo digan a los lectores aburridos de Canción de Hielo y Fuego. No he escrito  “aburridos lectores”, ojo.

-Porque lo dejas encima de la mesilla de noche y te dedicas a otras cosas. No eres mi amigo.

Leer es peligroso. Es cierto. La gente que no lee dice que la gente que sí lee se vuelve loca, como el tipo ese que se creía un caballero. Podía ser peor. leer_puede_ser_fatalSi eres un escritor, procura que la idea no se apoltrone en tu cabeza demasiado tiempo... Escribe tu historia lo antes posible y luego ya perfilarás los detalles y las correcciones, que es lo más tedioso y lento, con diferencia, de escribir.

Si eres un lector… Recuerda el mundo en el que vives y la oportunidad de escapar que te ofrecen los libros. No la desaproveches.

También puedes optar por cambiar el mundo, claro. Ese es otro tema.

El Dullahan, Sleepy Hollow y cómo perder la cabeza

Cuando era un niño, vi un programa en la televisión en la que aparecía un hombre a caballo decapitado, que llevaba su cabeza sujeta bajo el brazo.  Ese jinete se coló en mis pesadillas y, como no podía huír de él eternamente, me hice amigo suyo. Cuando salía a pasear con mi bicicleta BH, a veces me lo encontraba y me acompañaba durante un rato. Esquivábamos coches y peatones en las calles, y perseguíamos duendes por los bosques. No hablaba mucho, pero era amable conmigo.

Ese programa hablaba del Jinete sin cabeza de Irving pero, en realidad, de quien me hice amigo es del Dullahan.

El Dullahan es un espíritu que proviene de las tradiciones celtas. Te va a caer bien, ya lo verás.

Suele dejarse ver en algunas fiestas señaladas como el Samhain, que es la versión no americanizada de Halloween.

Mucha gente reivindica el origen celta de la fiesta de Todos los Santos. Se quejan, con razón, de que la mayoría desconoce lo que celebra, arrastrados un poco por la influencia del cine y blablabla. Es una discusión habitual todos los años, ¿verdad?

La palabra Halloween es una contracción de All HallowsEve, es decir, “Víspera de Todos los Santos“. Todos los Santos es una fiesta religiosa que se celebraba en mayo y que, por la manía de la Iglesia de enmascarar las fiestas paganas, en el s. VIII se trasladó a la fecha actual, para que coincidiera con el Samhain y así cristianizar esa fiesta pagana. Se hizo igual con la Navidad o con los lunes, ese invento diabólico que va después de los domingos.

Los irlandeses llegaron a Estados Unidos y con ellos sus fiestas y costumbres. Junto al Samhain cristianizado, es decir, el Halloween, llevaron las leyendas de Jack El Tacaño, por ejemplo, y también la de nuestro amigo el Dullahan.

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Escribiendo un libro: Cháchara de ambiente

Hace poco, comentando con mi pareja el libro Los Hijos de Anansi, hablábamos acerca de las escenas que parece que no aportan nada, y que te lo están contando todo.

En ese libro de mi idolatado Neil Gaiman, me fijé, los personajes casi no se describen. Son sus actos y sus palabras quienes definen su carácter y, si me apuras, hasta su aspecto físico.

Comparando mi estilo con el de Gaiman, he podido comprobar, una vez más, que las descripciones de mis personajes son un petardo. Un bodrio. Una piedra pesada, fea y engorrosa. Hay que fastidiarse.

¡Pero tengo la solución! ¡Ya sé cómo arreglar este problema!

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Al infierno con todo: alpinismo y literatura

Hace poco, en un foro de literatura, un tipo comentaba que estaba pasando por una mala racha emocional, se encontraba sentimentalmente afectado y con los nervios a flor de piel.

Que le había dejado la novia, vaya.

Así que, para sobrellevar el mal rato, preguntaba por libros que trataran este tipo de emociones de forma especialmente sensible, es decir, que hablaran de amoríos, pero de forma adulta y madura.

Pero no era eso lo que necesitaba.

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