TÓPICOS Y RECURSOS PARA IR DE LISTO (3)

Estás leyendo la tercera entrada de la serie de “cosas que se usan bien y mal en una narración”, y que has visto muchas veces en cine, televisión, libros y cómics.

En este breve artículo voy a hablar de los finales de capítulo que te dejan tan intrigado que necesitas ver cómo continúa la historia, y por qué a ese recurso se le llama CLIFFHANGER. Comentaré los MCGUFFIN, cómo detectarlos y cuándo son tramposos, y mencionaré el siempre bienvenido TEST DE BECHDEL, una curiosidad bochornosa de la que hablé hace tiempo y no está de más recordar.

Al lío.

CLIFFHANGER: Cuando no quieres que el espectador se vaya a dormir, que ya es hora.

El recurso no tiene nada que ver con la película. No creo que lo pensaras, pero por si acaso.

Explicación: Más o menos significa “colgando en un precipicio”, y es un guiño a las serie de televisión que dejaban al personaje protagonista en una situación muy comprometida al final de un episodio, para “enganchar” al espectador y que esperase el siguiente con avidez. Y si lo de “esperar al siguiente” te suena raro, es porque has olvidado lo que era ver una serie en los tiempos pre-plataformas.

Es un recurso válido que todo el mundo utiliza, más o menos, al finalizar un capítulo, un episodio o similar. Lo importante es que tanto la situación como su resolución sean coherentes, justificadas y no repetitivas. Me explico.

Coherentes: Que tengan relación con el escenario, el tono y el arquetipo de la historia. No hagas un cliffhanger amoroso en una novela negra, que queda fatal. Y lo he leído más de una vez.

Justificadas: que la situación no aparezca de la nada y que no desaparezca del mismo modo. Lo primero implica una trama mal desarrollada, y lo segundo es un Deus Ex machina, algo que ya sabes lo que es porque lo has leído en este blog.

No repetitivas: No utilices el mismo recurso más de una vez, porque el lector se dará cuenta y soltará un bufido despectivo. Pasa más de lo que crees, y te voy a poner un ejemplo.

Así, no: En El Clan del Oso Cavernario, el malo más-que-malo, odia muy intensamente a la protagonista, de tal modo que leemos al final de un capítulo:

Al terminar la estación, su odio se volvió más intenso. Algún día la doblegaría, se prometió a sí mismo. Algún día le haría pagar las heridas que infligía a su propia estimación. ¡Oh, claro que sí, algún día lo lamentaría!

Y un poco más adelante, mismo personaje, pensando en la protagonista…

Algún día yo seré jefe, y entonces ya lo veremos. Entonces no le tendrá para protegerla. Entonces ya verá cuáles van a ser sus privilegios: que trate simplemente de comportarse con insolencia.

Y otro poco más adelante…

Creía haber hallado finalmente el modo de dominarla, de derribar de una vez por todas su muralla de indiferencia, y había descubierto el placer que eso le proporcionaba. Por eso se fortaleció más su determinación para encontrar la manera de atacarla otra vez.

Ves el patrón, ¿verdad? Todos los capítulos terminan con un cliffhanger emocional, con una situación en la que el lector teme por la integridad de la protagonista, física, mental o de cualquier tipo.

La mayoría de los episodios terminan de este modo, lo que indica que la trama está supeditada a las emociones que genera, y debería ser al revés: el desarrollo de la trama debe generar emociones en el lector, y generar esas emociones a base de expectativas es trampa, y de las malas. Los cliffhanger deben supeditarse a la trama general, no a las escenas particulares.

Así, si: Para que no parezca que siempre estoy criticando esa serie, voy a usar como ejemplo a Juego de Tronos (el primer libro de Canción de Hielo y Fuego, no la serie, aunque un poco también).

Al finalizar muchos de los episodios, nos quedamos ojipláticos deseando leer más, saber más, y maldiciendo ese sistema de intercambio de capítulos que salta de unos personajes a otros. Pero los cliffhanger obedecen casi siempre a giros argumentales y picos de tensión, no están creados de forma artificial ni obedecen a detalles irrelevantes o que se resuelven de forma precipitada. Se pueden decir muchas cosas sobre George R.R.Martin, pero desde luego, sabe atrapar al espectador (perdón: al lector).

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MCGUFFIN: Lo contrario del Arma de Chejov, más o menos.

Definición de la Wikipedia: es un elemento de suspense que hace que los personajes avancen en la trama, pero que no tiene mayor relevancia en la trama en sí.

Explicación: Lo vas a ver muy claro con ejemplos: el dinero robado por Marion Crane en Psicosis o el inicio de muchos de los mejores episodios de Los Simpsons. Un Mcguffin es un recurso fantástico para despistar y llevar al lector por un derrotero inesperado, y eso significa que es muy útil, muy difícil de acotar y terrible si lo usas mal.

Esto no es: El maletín de Pulp Fiction es un ejemplo que suele ponerse, pero en mi opinión no es claramente un Mcguffin. El maletín es un eje dentro de la trama, de algún modo una gran parte de la misma gira en torno a él, aunque sea de forma circunstancial. Sin el maletín, muchas de las escenas no encajarían. Por supuesto, puedes sustituir al maletín por otro objeto, pero eso es lo de menos, porque el elemento “objeto buscado y codiciado” sigue siendo necesario.

Sin embargo, en Psicosis, si Marion no huyera con dinero robado, daría exactamente igual. Podría estar viajando por negocios o huyendo de su marido; en un momento dado, y muy pronto, el motivo dejaría de ser relevante. Lo que sucede antes de la llegada al hotel es lo de menos, incluso podría no suceder nada, y el resultado sería el mismo. Eso sí es un Mcguffin.

¿Significa esto que es un recurso tramposo? No, ni mucho menos. Es muy lícito y válido para sorprender al lector y llevarlo por donde quieres. Pero como sucede con todo lo que estamos hablando, el abuso lleva a la desestructuración. Si utilizas demasiados Mcguffin, la obra dará la sensación de ser inconexa, estarás rompiendo la norma del Arma de Chejov, y en general, el resultado será bastante pobre.

Ejemplo malo, pero malo. Ya tienes un buen ejemplo de cómo usar bien este recurso en manos de Hitchcock, el padre de los Mcguffin. Y si quieres saber cómo usarlo mal, no tienes más que recurrir a libros, películas o series en las que aparezcan elementos en apariencia relevantes que, cuando finaliza la historia, no se han resuelto, explicado o cobrado relevancia. Y sí, yo también estoy pensando en el oso blanco de Perdidos.

Nota importante: Esto no significa que haya que explicarlo todo. Las incógnitas que quedan en el aire son igual de importantes que la resolución de las mismas. La diferencia entre un Mcguffin y una trama abierta a veces no está muy clara, pero piénsalo desde esta perspectiva: si te quedas con ganas de saber más, bien. Si te quedas con la sensación de que al autor se le ha olvidado algo o no ha sabido resolverlo o implicarlo en la trama, mal.

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TEST DE BECHDEL

No voy a extenderme mucho porque ya hablé del tema aquí hace tiempo. Básicamente, se dice que una película “pasa el test” cuando en ella aparecen al menos dos mujeres, con nombre propio, que hablen entre sí y cuya conversación no gire en torno a un hombre.

Es un tema interesante que la gente suele analizar con los genitales, en vez de con la cabeza, por lo que antes de posicionarte a favor o en contra de este tipo de análisis te ruego que leas la entrada que he indicado y los comentarios correspondientes.

Mi experiencia personal: En mis historias intento introducir personajes masculinos y femeninos con naturalidad, pero, y aquí está la clave, tiendo a confundir “naturalidad” con “costumbre”, y que estemos acostumbrados a ver algo no significa que sea correcto. .

Para mí es importante no dejarme llevar por estereotipos muy arraigados, que debería ser capaz de detectar y de cambiar sin esfuerzo. Por ejemplo, no describir únicamente a pilotos masculinos y azafatas femeninas, a jefes de empresa hombres y secretarias mujeres, o a médicos y enfermeras. El mundo es el que es, pero si voy a inventarme uno nuevo, intentaré que sea mejor que este.

Por cierto, los términos “médica” y “presidenta” son los correctos, según la RAE. Escribir “la médico” para referirse a una mujer es tan incorrecto como decir “el enfermera” para referirse a un hombre.

En muchas obras existen personajes cuyo género no tiene relevancia, pero sólo nos llama la atención cuando hay un número significativo de mujeres. Está en nuestra mano que esto sea una característica importante o sólo una anécdota.

EN EL SIGUIENTE EPISODIO…

MARY SUE / GARY STU: Esos personajes odiosos

PLOT ARMOR / VALE DE TRAMA: La trampa de la petaca/biblia/pitillera

KISHOTENKETSU Y REGLA DEL TRES: Por qué las películas orientales te parecen raras

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