Archivo de la categoría: Alrededor del libro

El magnetismo de los libros

Conocí a mi pareja en un antro oscuro de música altísima y bebidas de dudosa calidad. Entre copa y copa, aquella chica de mechón rubio y botas militares, que había querido conocer por el simple placer del juego, me preguntó por mis escritores favoritos.

-No sabría decirte -respondí-. Imagino que, no sé, Stephen King, o…

Ella me miró como si yo fuera un cretino, fijamente, hasta que guardé silencio y tragué saliva.

-¿En serio? -dijo-. Pensé que me dirías un clásico. Quevedo, por ejemplo. Incluso te das un aire.

En ese momento me enamoré. Tardé varias horas en darme cuenta de que Quevedo no era un modelo de hermosura, pero ¿qué puedo decir? Siempre me han fascinado las chicas con grandes bibliotecas.

El sueño de mi vida: Tener una biblioteca como ésa. La chica no sé quién es, pero su libro favorito es de Truman Capote. O eso dicen.

Seguir leyendo El magnetismo de los libros

Comprando un regalo que me encontré en la calle

Hace unos días, mientras me dirigía a mi coche, un chico que arrastraba una maleta con ruedas me paró por la calle y me dijo una frase que no entendí. Estaba dándome la vuelta para marcharme cuando vi que en su mano tenía un libro. “Soy el ilustrador”, me dijo.

Decidí dedicarle toda mi atención.

Terry ya le ha dado el primer bocado (literal) al libro, y parece que le gusta.

Seguir leyendo Comprando un regalo que me encontré en la calle

Matar a un rey no es tan malo

Según la RAE, un regicidio es

1. m. Muerte violenta dada al rey o a la reina.

“Regicidio” está formado por la palabra rex, regis, que significa “rey”, y “cidio”, que significa “se va a armar un cidio como se nos muera el Rey”, hablando mal y pronto, porque ya se sabe que, si no hay rey, se acaba el mundo.

O eso sucedía en la antigüedad, cuando los reyes eran personajes importantes, que pintaban algo en la sociedad y cuyas acciones podían llevar rápidamente al reino al caos o, por el contrario, llevarlo al caos pero poco a poco.

Seguir leyendo Matar a un rey no es tan malo

La primera regla del club de la lucha…

Ya conoces el resto de la frase, ¿verdad?

 

Ah, ¿no?

Pues muy mal hecho. Mira, te voy a poner en antecedentes.

1996. Chuck Palahniuk, un escritor de poco éxito, escribe una obra ácida, dura, extraña y violenta, convencido de que su editor no va a publicarla porque había rechazado su anterior trabajo precisamente por “perturbador”. Contra todo pronóstico y después de pelear lo suyo, su editor consigue sacar la obra adelante y publicarla. Se trata, claro, de El Club de la Lucha.

Mi jefe me manda a casa porque tengo los pantalones llenos de sangre seca, y eso me llena de alegría.

La herida del pómulo hundido no se cura nunca. Voy a trabajar y las cuencas sumidas de mis ojos son dos donuts turgentes y amoratados que rodean los dos meatos que tengo para ver. Hasta el día de hoy me sacaba de quicio haberme convertido en un maestro zen totalmente equilibrado, y que nadie se hubiera dado cuenta. Sin embargo, sigo trabajando con el FAX. Escribo HAIKUS que envío por fax a todo el mundo.

En el trabajo, cuando me cruzo con la gente en el vestíbulo, me vuelvo totalmente ZEN a los ojos de todos esos ROSTROS hostiles.

Las abejas obreras libran; hasta los zánganos saben volar, la reina es la esclava.

1999. David Fincher, que por aquel entonces estaba en racha después de Seven y The Game, se ocupa de adaptar el libro a la gran pantalla. A pesar de hacer un gran trabajo y de la impresionante actuación de los protagonistas, la cinta no tiene éxito y las críticas no se ponen de acuerdo.

No funcionó en los cines. Sin embargo, se empezó a vender muy bien en DVD y terminó convirtiéndose en una película de culto. Aparece en las listas de las mejores películas de todos los tiempos. Está repleta de escenas y momentos fantásticos más o menos visibles (ojo, spoilers). Su influencia se deja ver en los rincones más insospechados. Es, sin duda alguna, una obra maestra.

Pero, ¿qué hay del libro? ¿Es realmente bueno?

Es diferente. Es un gran libro, desde luego, pero no sabría decirte si mejor o peor que la película. Creo que lo mejor es disfrutar de las dos obras porque las dos merecen la pena. El libro me produjo sensaciones muy desagradables en algunos momentos, pero no podía dejar de leerlo… El desarrollo de la historia, el ritmo, los detalles de cada personaje y las tramas secundarias son ejemplares; más de un autor consagrado de los de “repito la misma estructura una y otra vez” debería leer este libro y tomar apuntes.

2015. El autor desarrolla una segunda parte de la novela… Pero no escribe un libro con ella: publica un cómic, una novela gráfica, como lo llaman aquellos que se avergüenzan de leer tebeos. Es extraño, impredecible, violento y no puedes dejar de leerlo. Cuando lo terminas, vuelves a la primera página. Eso es lo que consigue un buen cómic.

fclub2-pg-13

Puedes comprarlo en un solo tomo, disponible más o menos en cualquier librería.

Así que ya sabes: Libro, película y cómic, por ese orden. No te arrepentirás.

Ah, sí, el final de la frase:

Reglas del Club de la Lucha:

  1. Nadie habla sobre el Club de la Lucha.

  2. Ningún miembro habla sobre el club de la Lucha.

  3. La pelea termina cuando uno de los contendientes grita “basta”, desfallece o hace una señal.

  4. Solo dos hombres por pelea.

  5. Solo una pelea cada vez.

  6. Se peleará sin camisa y sin zapatos.

  7. Cada pelea durará el tiempo que sea necesario.

  8. Si esta es tu primera noche en El Club de la Lucha, tienes que pelear.

ff7e6c719c74d0789ce7a950d4112649

Ama al perseverante, desprecia al genio

Los genios, por lo general, son unos idiotas. No en el sentido intelectual, claro, sino social. No hay nadie tan antipático como aquel que no necesita esforzarse.

Tú conoces a unos cuantos. No me refiero a genios,sino a personas que logran sus objetivos sin esforzarse. El compañero del colegio que no estudiaba nunca y aprobaba sin hincar los codos, el niño de familia adinerada al que siempre le regalaban todo lo que quería, o el colega que tiene un talento natural para la danza y que, a su lado, tus clases particulares de baile de salón te hacen parecer un T-800 de la primera de Terminator.

Si es que bailas. Yo considero que el baile es una actividad que sólo debería estar permitida en la intimidad y en estado de embriaguez, así que a mí no me mires.

Seguir leyendo Ama al perseverante, desprecia al genio