LA CANCIÓN Y LOS CONDENADOS

Me gustan las historias de piratas. No me refiero a los piratas modernos, de los que asaltan barcos de pescadores y piden rescates, sino a los piratas clásicos, los que luchan contra ingleses, españoles y franceses por igual, los hombres de fortuna, villanos y héroes, pícaros, violentos, embusteros, ladrones y, en general, gente de una personalidad irresistible.

 

Walter Matthau en una película de Polanski que, por alguna razón, no le gusta a nadie.

Rancios, que son todos unos rancios.

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Algunas personas extraordinarias

Sabrina González, veintipocos años, calificada como “la nueva Einstein” por una prensa que ya no diferencia el color amarillo del resto, no usa las redes sociales, no bebe, no fuma y tener pareja no es algo que le quite el sueño. Pobre, pobre Sabrina, qué vida tan triste lleva.

Nos encantan los mediocres. Nos gusta la normalidad, la tranquilidad de saber que nadie es mejor que nosotros, que estamos en la media, que somos del montón, quizá un poco más listos que los demás, pero no demasiado.

mediocre.

Del lat. mediocris.

1. adj. De calidad media.

2. adj. De poco mérito, tirando a malo.

Ya sabes, en la media.

Kilian Jornet es un deportista que, entre otras cosas, creció sin jugar al fútbol ni ver la televisión. Él prefería correr. En su libro “Correr o morir“, conocemos a una persona entregada a las carreras y a las montañas. No tuvo una infancia al uso, se pasó la adolescencia corriendo y no hace las cosas como Dios manda, así que casi seguro estará desaprovechando su vida. Pobre, pobre Kilian, la de cosas que se está perdiendo.

“Pues vaya vida lleva”. “Eso no puede ser sano”. “No sabe lo que se está perdiendo”

Cada vez que escucho una frase similar me da la risa. ¿Quienes ponen esos “peros”? ¿Quienes ven mal a aquellos que destacan? Tú lo has dicho: los que no pueden imitarlos, los que no destacan en nada. Los incapaces.

Aquellos que gobiernan el mundo con nuestros votos. La democracia es lo que tiene.

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Shinigami, una reseña complicada y mal escrita

Pocas veces me ha costado tanto escribir mi opinión sobre un libro, porque pocas veces un libro me ha producido sensaciones tan diferentes.

Y es que Shinigami me ha parecido un libro muy pobre en algunos aspectos, pero bastante bueno en otros. “¿Me lo recomiendas?”, te preguntarás. Pues mira, depende. Voy a intentar equilibrar la balanza y escribir una impresión rápida, a ver qué pasa.

Terry opina que soy un lentorro.

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Y A TI TE ENCONTRÉ EN LA CALLE

Hacía tiempo que no escribía. La inspiración, o el tiempo necesario para sentarse a escribir, a veces te viene impuesto.

Escribí este micro relato, como hacemos todos, basándome en hechos reales.

Pero las voces van a mejor.

Y A TI TE ENCONTRÉ EN LA CALLE

Damian subió el volumen de la radio del coche. Seguía escuchando los maullidos, pero con la música apenas oía los jadeos del gato que llevaba en el asiento trasero.

—Se está ahogando —dijo Dante—. Se muere.

Damian se ajustó el cinturón de seguridad. Dante era un listillo. ¿Qué sabría él?

—Cállate —le dijo—. Tú qué sabrás.

Dante se calló, porque sólo era una voz dentro de la cabeza de Damian. Pero no permaneció así mucho rato.

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El magnetismo de los libros

Conocí a mi pareja en un antro oscuro de música altísima y bebidas de dudosa calidad. Entre copa y copa, aquella chica de mechón rubio y botas militares, que había querido conocer por el simple placer del juego, me preguntó por mis escritores favoritos.

-No sabría decirte -respondí-. Imagino que, no sé, Stephen King, o…

Ella me miró como si yo fuera un cretino, fijamente, hasta que guardé silencio y tragué saliva.

-¿En serio? -dijo-. Pensé que me dirías un clásico. Quevedo, por ejemplo. Incluso te das un aire.

En ese momento me enamoré. Tardé varias horas en darme cuenta de que Quevedo no era un modelo de hermosura, pero ¿qué puedo decir? Siempre me han fascinado las chicas con grandes bibliotecas.

El sueño de mi vida: Tener una biblioteca como ésa. La chica no sé quién es, pero su libro favorito es de Truman Capote. O eso dicen.

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