Autor: Libertad García-Villada

Moscú-Petushkí, un viaje inolvidable

Moscú-Petushkí o Moscú al final de la línea es un clásico de la Literatura Universal poco conocido en nuestro país. Escrito por Venedikt Eroféiev entre 1969 y 1970, oficialmente vio la luz por vez primera en Israel en 1973. En Rusia, su país de origen, no pudo ser publicado hasta 1989, porque la obra contiene, entre otras gracias, una crítica a la política y la sociedad del país de entonces. Esto no quiere decir que sea un panfleto anticomunista: en sus páginas también el capitalismo es criticado con saña.

Imagen del autor, Venedikt Eroféiev. Con semejante mirada, solo se puede escribir bien o muy bien

La novela, o poema, como la denomina el autor pese a estar escrita en prosa, recoge un viaje imposible en tren del propio Eroféiev desde la estación Kursk de Moscú a la de Petushkí, un villorrio industrial, paradisíaco a ojos del protagonista, situado a menos de doscientos kilómetros de la capital rusa, al que Eroféiev va a reunirse con su amada y a visitar a su hijo. Un argumento así, tan simple como este, puede resultar poco atractivo. De hecho, en la realidad, el autor recorría dicho trayecto en tren con una cierta frecuencia. Es decir, no hay en él nada de extraordinario. Lo que lo transforma en una historia interesante es que Eroféiev hace el recorrido en un estado de completa embriaguez, o más correctamente, en medio de un zapoy.

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MENTIRAS

Este relato lo escribí para presentarlo a un concurso de tema libre. Quería centrarlo en una práctica muy fea en la que todos nos involucramos algunas veces de una manera u otra: mentir. Cuando lo estaba preparando, vi una charla de TED sobre los suicidas que se tiran desde el Golden Gate a la bahía de San Francisco que me pareció muy interesante y me hizo preguntarme qué le tiene que pasar a alguien por la cabeza, o cuáles han de ser sus circunstancias, para tomar la decisión de matarse de semejante manera. Una posible respuesta quedó plasmada en mi relato.

“El puente hacia su jubilación” tiene más de una lectura.

 

Cuando uno se pone a escribir, el resultado depende mucho del propio estado de ánimo. Y no recuerdo qué ocurrió esa semana en mi vida, pero un relato que, en teoría, tendría que haber sido dramático, me salió lleno de ironía y humor negro. Como es un poco largo, en vez de copiarlo entero en esta entrada lo he adjuntado como un archivo independiente. Espero que lo disfrutes. Para poder leerlo, haz click en el enlace:


MENTIRAS