La primera regla del club de la lucha…

Ya conoces el resto de la frase, ¿verdad?

 

Ah, ¿no?

Pues muy mal hecho. Mira, te voy a poner en antecedentes.

1996. Chuck Palahniuk, un escritor de poco éxito, escribe una obra ácida, dura, extraña y violenta, convencido de que su editor no va a publicarla porque había rechazado su anterior trabajo precisamente por “perturbador”. Contra todo pronóstico y después de pelear lo suyo, su editor consigue sacar la obra adelante y publicarla. Se trata, claro, de El Club de la Lucha.

Mi jefe me manda a casa porque tengo los pantalones llenos de sangre seca, y eso me llena de alegría.

La herida del pómulo hundido no se cura nunca. Voy a trabajar y las cuencas sumidas de mis ojos son dos donuts turgentes y amoratados que rodean los dos meatos que tengo para ver. Hasta el día de hoy me sacaba de quicio haberme convertido en un maestro zen totalmente equilibrado, y que nadie se hubiera dado cuenta. Sin embargo, sigo trabajando con el FAX. Escribo HAIKUS que envío por fax a todo el mundo.

En el trabajo, cuando me cruzo con la gente en el vestíbulo, me vuelvo totalmente ZEN a los ojos de todos esos ROSTROS hostiles.

Las abejas obreras libran; hasta los zánganos saben volar, la reina es la esclava.

1999. David Fincher, que por aquel entonces estaba en racha después de Seven y The Game, se ocupa de adaptar el libro a la gran pantalla. A pesar de hacer un gran trabajo y de la impresionante actuación de los protagonistas, la cinta no tiene éxito y las críticas no se ponen de acuerdo.

No funcionó en los cines. Sin embargo, se empezó a vender muy bien en DVD y terminó convirtiéndose en una película de culto. Aparece en las listas de las mejores películas de todos los tiempos. Está repleta de escenas y momentos fantásticos más o menos visibles (ojo, spoilers). Su influencia se deja ver en los rincones más insospechados. Es, sin duda alguna, una obra maestra.

Pero, ¿qué hay del libro? ¿Es realmente bueno?

Es diferente. Es un gran libro, desde luego, pero no sabría decirte si mejor o peor que la película. Creo que lo mejor es disfrutar de las dos obras porque las dos merecen la pena. El libro me produjo sensaciones muy desagradables en algunos momentos, pero no podía dejar de leerlo… El desarrollo de la historia, el ritmo, los detalles de cada personaje y las tramas secundarias son ejemplares; más de un autor consagrado de los de “repito la misma estructura una y otra vez” debería leer este libro y tomar apuntes.

2015. El autor desarrolla una segunda parte de la novela… Pero no escribe un libro con ella: publica un cómic, una novela gráfica, como lo llaman aquellos que se avergüenzan de leer tebeos. Es extraño, impredecible, violento y no puedes dejar de leerlo. Cuando lo terminas, vuelves a la primera página. Eso es lo que consigue un buen cómic.

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Puedes comprarlo en un solo tomo, disponible más o menos en cualquier librería.

Así que ya sabes: Libro, película y cómic, por ese orden. No te arrepentirás.

Ah, sí, el final de la frase:

Reglas del Club de la Lucha:

  1. Nadie habla sobre el Club de la Lucha.

  2. Ningún miembro habla sobre el club de la Lucha.

  3. La pelea termina cuando uno de los contendientes grita “basta”, desfallece o hace una señal.

  4. Solo dos hombres por pelea.

  5. Solo una pelea cada vez.

  6. Se peleará sin camisa y sin zapatos.

  7. Cada pelea durará el tiempo que sea necesario.

  8. Si esta es tu primera noche en El Club de la Lucha, tienes que pelear.

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La ondina y los senderistas

Una ondina es un espíritu del agua, una ninfa más o menos humana (en el sentido de un-par-de-cada-cosa) de espectacular y femenina belleza, según dicen, porque quienes lo dicen suelen ser hombres.2099911-bigthumbnail

Aquí parece que la ondina tiene cola de pez, pero ni caso.

La wikipedia se explica muy bien en este sentido, quizá porque cualquiera puede escribir en base a su experiencia propia, y ya se sabe que las ondinas son como los talleres mecánicos: antes o después, siempre piensas que te la han jugado.

El año pasado conocí a una ondina llamada Safilia. Mi chica y yo recorríamos algunas etapas del sendero GR11, una ruta que atraviesa los Pirineos de costa a costa, y estuve a punto de golpearla sin querer mientras me refrescaba los pies en un arroyo.

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EL ÚLTIMO VIAJE DEL VIENTO DEL SUR

Escribí este relato para un concurso. La condición, muy sencilla, era que debía versar sobre un artefacto.

Como no se me ocurrían buenas ideas, recurrí a personajes que bailan en mi cabeza desde hace tiempo, y a los que conozco muy bien. Escribir sobre ellos es divertido y muy fresco.

No trata sobre coches ni sobre armas; es una historia sencilla de dos personas ejecutando una venganza. De todos modos, por si te lo preguntas al terminar de leer, el Pegaso Z existió y era un coche precioso.

Gabriel de Algora, por otra parte, era un artesano del siglo XVIII, responsable de armas como estos fusiles de chispa, que se conservan en el Metropolitan Museum of Art, en Nueva York.

Espero que lo disfrutes.

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Ama al perseverante, desprecia al genio

Los genios, por lo general, son unos idiotas. No en el sentido intelectual, claro, sino social. No hay nadie tan antipático como aquel que no necesita esforzarse.

Tú conoces a unos cuantos. No me refiero a genios,sino a personas que logran sus objetivos sin esforzarse. El compañero del colegio que no estudiaba nunca y aprobaba sin hincar los codos, el niño de familia adinerada al que siempre le regalaban todo lo que quería, o el colega que tiene un talento natural para la danza y que, a su lado, tus clases particulares de baile de salón te hacen parecer un T-800 de la primera de Terminator.

Si es que bailas. Yo considero que el baile es una actividad que sólo debería estar permitida en la intimidad y en estado de embriaguez, así que a mí no me mires.

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El libro del cementerio

Existen autores que escriben una obra maestra en su vida, y un buen puñado de obras más o menos decentes. Existen otros autores que, sin publicar una obra sobresaliente, mantienen un nivel considerable durante toda su vida de escritor.

Y luego está Neil Gaiman.

(Es el de abajo.)

Te he hablado de él en varias ocasiones. Es un escritor inglés responsable de algunas de las mejores historias que se han publicado en los últimos tiempos, entre otras, The Sandman, Coraline, Stardust, Los Hijos de Anansi, American Gods

Y, por supuesto, El libro del cementerio.

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