CÓMO LEER CUANDO EL MERCADO TE IMPORTA UN BLEDO
¿Cuántos libros tenemos pendientes por leer? ¿Cuántos leemos más de una vez? ¿Tiene esto que ver con la mercantilización de la literatura? ¿Realmente existe esa tendencia? Y lo más gracioso de todo: ¿por qué NO debería importarnos?
Lo has leído bien: el mercado de los libros se está volviendo memo. Y da igual. Te voy a explicar por qué, pero antes vamos con los antecedentes y la anécdota que hizo saltar las alarmas. Al menos, las mías.
ANTECEDENTE 1
AVILÉS, VERANO 2025: EL FESTIVAL CELSIUS Y BRANDON SANDERSON
El festival Celsius del 2025 fue la repera, y es que Sanderson estaba entre los invitados. Ya sabes, Brandon Sanderon, creador del Cosmere y escribidor de un montón de libros larguísimos que provocan pasiones. Mira, mira lo que dicen aquí.

Y ya durante el festival, colas reales —muy reales— para entrar a su tienda oficial, para comprar merchandising exclusivo, para acceder a charlas, para conseguir una dedicatoria. Una firma tradicional o una “firma exprés”, donde Sanderson —que desembarcó en Avilés con su equipo de más de treinta personas— recorría en línea recta las filas de lectores con el libro ya abierto, como una estrella del pop firmando al vuelo. Lo curioso es que, aún después de esas sesiones programadas, salía y firmaba más. Siempre un poco más. Como si supiera que su firma no era una simple rúbrica, sino una conexión.
Hay gente que se presentó con un libro para que se lo firmara, dos, tres…, y dicen que hubo quien se presentó con varios ejemplares de un mismo libro.
Al día siguiente de la firma ya se podían encontrar anuncios como este en páginas de segunda mano: Libro de Sanderson, firmado, por 80€.

Hasta aquí, lo esperado: alguien ve una oportunidad de hacer dinero y la aprovecha, aunque eso suponga quedar como un mercachifle. Pero nadie dice que los lectores no puedan capitalizar sus libros, ojo.
ANTECEDENTE 2
CANTOS PINTADOS, TRADUCCIONES CUESTIONABLES Y EDICIONES INCOMPLETAS
Cuando supe que esto estaba sucediendo, no me lo podía creer.
Esto es algo que viene ocurriendo desde hace un tiempo: las editoriales publican un libro. Al cabo de un tiempo sacan otra edición. Hasta aquí lo normal, ¿no? Primero rústica, luego bolsillo… Pero entonces empieza el baile: una nueva edición con otra cubierta y los cantos pintados. El texto permanece inalterado, incluidas erratas, errores de traducción y similares. Y el caso más sangrante: nuevas ediciones con capítulos inéditos.
¿En serio? ¿Estás diciendo que primero se saca una edición incompleta y luego una con más texto?

Pues sí. El mercado del cine doméstico ya conoce este fenómeno (las famosas director’s cut) y no son raras las películas que cuentan con diferentes ediciones, incluso alterando el orden de las escenas (seis versiones de Bladerunner, El Padrino Épico, etc.).
Pero no hablamos de libros ilustrados o soportes más o menos cuidados que, en fin, es una cuestión estética. Tampoco hablamos de modificaciones o añadidos a posteriori a la historia principal, que eso también es algo que se ha hecho en el pasado en ocasiones: la versión retocada de Stephen King de su libro Apocalipsis se publicó a los doce años de la versión original… Y por ejemplo, cuando un autor escribía un relato que complementaba uno de sus libros, a veces se publicaba en una antología o una revista (Huérfanos de la Hélice de Dan Simmons, completando la serie de Hyperion).
Pero aquí no hablamos de libros finalizados con un cierto tiempo en el mercado, sino de textos pertenecientes a la historia principal que no se habían incluido en la primera edición. Porque no concibo un libro terminado si al año o los dos años de su publicación aparece el autor con una edición nueva. Algo no me cuadra.

¿Y por qué se hace esto? Obvio: porque los lectores lo compramos todo. To-do. Una amiga mía dice que los humanos tan solo somos monos caprichosos, y algo de razón tiene.
Me pregunto cuántos ejemplares de estas ediciones especiales terminan en los mercados de segunda mano… Pocos, porque supongo que las editoriales calcularán el número de ejemplares que van a vender para hacer tiradas ligeramente inferiores.
Por cierto, los libros de segunda mano son esos grandes desconocidos a los que solo acceden la gente que lee de todo y que no se preocupe en exceso por las novedades. Cuando veas un vídeo de alguien hablando de libros con su biblioteca detrás, fíjate en los libros. En algunas ocasiones solo son novedades y están nuevecitos. Por lo general, cuando me doy cuenta de eso, pierdo el interés y me pongo a ver vídeos de gatitos.
ANTECEDENTE 3
LOS RETOS DE LECTURA Y LOS TRUCOS PARA LEER MÁS RÁPIDO
Si no conoces esto, te va a encantar: hay retos de lectura a los que se suman muchas personas, que consisten en (por ejemplo) leer 100 libros en un año, o leer más libros que el año anterior, o leer X libros de una temática concreta. Para lograr esto, se ofrecen trucos como realizar una lectura en diagonal, escuchar audiolibros a más velocidad de la habitual o, incluso, recurrir a chat gpt para que te haga resúmenes de libros.
Hay una frase muy buena que dice, resumiendo estas tendencias, que hay gente que no quiere leer; quiere haber leído. Me parece magistral. Pero quien lo cuenta muy bien aquí es Marta Morales:
Con esto ya no voy a decir nada más de la mercantilización de la lectura, porque creo que ya lo han dicho mucho mejor que yo esta gente. En mi opinión, la publicación de libros es (y debe ser) un mercado que genere beneficios a las editoriales que se arriesgan a publicar… Pero eso no significa que los lectores debamos tragar con cualquier cosa. En nuestra mano está el dejarnos llevar, o no.
Y por eso ahora vamos con…
LA ANÉCDOTA:
«No tengo tiempo para releer un libro»
Hace poco, una amiga me decía que le había gustado mucho un libro (no recuerdo cual, creo que uno de Abercrombie) y que quería releerlo… pero que no tenía tiempo.
—Tengo demasiados libros nuevos pendientes por leer, no puedo perder el tiempo releyendo uno.
Yo sonreí con el gesto cómplice de quien entiende su situación, porque los lectores, por lo general, tenemos más libros pendientes de lo que nos gustaría. Es lo que se conoce, en ciertos círculos secretos de lectores compulsivos, como la «pila de libros». En ocasiones nos reunimos para presentar nuestros respetos cuando la pila se derrumba sobre uno de nosotros y muere sepultado.
Pero entonces se me encendió una bombilla.
—¿Releer un libro es perder el tiempo?
—Bueno, no, pero… ¿para qué hacerlo, con la cantidad de libros nuevos que tengo pendientes?
No supe qué decir, aunque ahora se me ocurren muchas razones, que son las mismas que nos llevan a ver una película más de una vez o visitar una ciudad ajena que ya conocemos: por la familiaridad, la cercanía, la tranquilidad de saber que vamos a hacer algo que nos gusta…, porque ya nos ha gustado en el pasado. Releer un libro tiene el encanto anticipatorio de sentarse delante de un plato de comida que sabes que te gusta. Comértelo es tan gratificante como saber que vas a comértelo.
Aquí ya decíamos, hace tiempo y con otras palabras, que los malos libros no soportan las relecturas, y que solo cuando la trama es sólida y el camino se disfruta tanto como el destino, se puede releer un libro. Si conocer el final del camino te arruina el trayecto, algo va mal.

Todo esto hizo que me saltaran algunas alarmas:
- ¿El mercado editorial se está volviendo tan bobo como parece?
- ¿Soy un mal lector si no me preocupo por leer novedades?
- ¿A partir de cuántos libros al año se me consideraría un lector comprometido y culto?
- ¿Tantos? ¿En serio?
- ¿A qué huele un libro digital con los cantos pintados?
- Si no voy a releer un libro, ¿por qué lo compro en vez de cogerlo en una biblioteca?
- ¿Siguen existiendo las bibliotecas?
Así que he preguntado a mi alrededor, para saber cómo estamos de agobiados por los libros pendientes por leer, si compramos libros por encima de nuestras posibilidades lectoras, y si somos más de cocer, enriquecer o releer. Aquí va el resultado. Ojo, que es denso.
CONCLUSIONES CURIOSÍSIMAS:
He obtenido más o menos unas ochenta respuestas. Casi todas provienen de grupos en los que hay un cierto interés por la literatura, pero también he recibido respuestas de gente que no se considera más lectora de la media (aunque lo sea). Es decir, no son datos extrapolables a la población general.
Los cómics y la poesía no cuentan como relecturas ni como lecturas pendientes. Lo he decidido así porque los resultados son tan diferentes del resto de literatura que falsearían el resultado.

El número de libros pendientes por leer en digital suele ser superior al de libros pendientes por leer en papel (para sorpresa de nadie, todo hay que decirlo). Esto no se debe solo a la piratería; varias personas han confesado comprar libros en digital y tenerlos muy abajo en sus prioridades lectoras.

La gente incrementa sus libros pendientes por leer más o menos hasta los 40-45 años, y entonces se estabiliza y empieza a bajar. A partir de esa edad, se ve que ya no nos importa tanto la novedad y compramos según vamos a consumir.

Igualmente, la gente no suele releer libros, salvo excepciones, hasta la mediana edad. Según nos hacemos mayores, tenemos más tendencia a releer.
Las obras más releídas son:
El Señor de los Anillos, con diferencia (o Tolkien en general)
y
Harry Potter.

Ahí queda eso. Lo de Tolkien también es algo que falsea los resultados. Otros libros muy releídos son Dune, El Principito, La Historia Interminable, mucho Stephen King, Gómez-Jurado, dos personas han dicho que han releído Camponegro (¡qué ilusión!), y de forma anónima, varias personas me han confesado que se han releído casi todo el Mundo Disco de Pratchett. No confirmo ni desmiento que estoy entre esas personas.

Empecé este artículo diciendo que no deberías preocuparte ni por las lecturas pendientes, ni por las ediciones especiales.
¿Por qué? La respuesta, estimado personaje, es que con la edad te importará cada vez menos. Releerás cada vez más, porque no te importará estar al día con las novedades, y retomarás la calma lectora que a veces perdemos cuando intentamos hacer más deprisa las cosas que, ahora más que nunca, necesitan su propio tiempo.


Mucho dinero en publicidad se gastó la editorial para “imponer” a Sanderson como un escritor decente y sabemos que no lo es, es casi igual de malo escribiendo que Suzanne Collins, a quien ni las películas la salvan.
Saludos,
J.
Discrepo, no creo que sea un mal escritor. Admito que su obra no termina de engancharme, ni tampoco la de S. Collins, cierto, pero no creo que sean malos escritores. Simplemente, ni tú ni yo somos su público objetivo…
Pero cualquier escritor que consiga generar emociones tan intensas y un fandom tan apasionado, tiene que estar haciendo algo bien.
Hablamos de escritores, que son los patitos feos de los “artistas famosos”: no tienen una red detrás tan fuerte como los músicos o los actores… Con excepciones, por suerte 🙂
Yo de Sanderson he pasado mucho (y seguiré pasando), pero la relectura anual o bianual de ESdLA no me la quita nadie. Como a veces los leo con algún club de lectura, en cada relectura aprendo algo.
También algún libro que me haya gustado mucho (los de John Connolly, cuando sale libro nuevo, para ponerme al día o yo qué sé).
Lo que sí es que lo del mercado editorial no lo llevo bien, porque marchan a lomos de Shadowfax y yo voy a ritmo de caracol reumático ;-).
Leer o releer un libro en un club de lectura es una experiencia completamente diferente, ¿verdad? Es como… No sé, como hacer social una actividad personal e íntima, y siempre salen cosas muy chulas de ese tipo de lecturas. Yo no participo apenas en ninguna porque soy muy tonto con el tiempo, pero cuando lo hago me gusta mucho.
Lo de seguir el ritmo del mercado editorial es ciencia ficción, ya ni lo intento 🙂