Microrelatos: bocaditos de comida pija

Hace poco hablábamos en un foro de los microrelatos… Si, ya sabes, esos relatos extrañamente cortos de 100 ó 200 palabras como máximo.

Hay gente que opina que son una maravillosa expresión de la literatura, un hermoso y delicado bocadito de un manjar que se degusta en pequeñas dosis…

Cuando el relato es bueno, claro. Cuando es una birria, cosa que sucede a menudo, igual que con los textos más largos, el sabor de boca que deja es bastante asqueroso. Un relato largo que no te gusta lo puedes dejar a la mitad, pero un microrelato te lo comes enterito y, si es malo, te aguantas, porque ya lo has leído.

Por cierto, ¿sabes lo que es una birria? Es esto: un plato a base de carne de borrego.

 

En fin. Los límites de la literatura, como en el cine, no están nada claros. ¿Qué es la literatura? Es el “arte de la expresión escrita o hablada“. Así que, siendo puristas, un refrán, por ejemplo, es literatura.

¿Dónde ponemos el límite? Este tema me recuerda…

…un corto de cine que, según algunos miembros de un jurado, también es cine y no sólo eso; además es merecedor de loas y galardones:

 

 

Eso también es cine. Y es divertido. Y también educativo: nos enseña que no debes poner tus testículos en el camino de un balón lanzado con fuerza. ¡Lo tiene todo!

Es decir, si yo me presento a un concurso de microrelatos con un refrán, nadie podrá achacarme que eso no sea literatura, pero posiblemente a nadie le haga gracia. Además, ¿por qué debemos acotar lo que es y no es literatura? No debemos, y por eso la literatura crece y vive. Los microrelatos son literatura, y es divertido escribirlos, y por aquí he colgado alguno de ellos

Aprendimos la lección   –   Saturación   –   Amigos

 

Y todo esto, ¿qué tiene que ver con la comida?

Porque en el foro que comentaba, un tipo muy majo que escribe por ahí comentaba que


Los microrelatos siempre me han recordado a la alta gastronomía. Sí, ya sabes, vas a un restaurante de lujo, un restaurante de degustación, y te sientas hambriento a comer. Entonces te sirven 100g de algo que te venden como exquisito y delicioso; sin precedentes, definido en cada una de sus texturas y sabores y cuya complejidad sólo está al alcance de los mejores maestros culinarios. Luego de la maravillosa presentación pruebas, expectante, los 100g de lo que sea y alucinas… durante dos segundos. Luego te preguntas : “¿Qué más hay en el menú?” y lo que hay son otros 100g de otra cosa que olvidarás en dos segundos… y así sucesivamente durante 10 platos, hasta que termine toda la ceremonia.

Cuando terminas sales del restaurante hambriento y desplumado y te vas a un Mc’donalds a comer, que a fin de cuentas las expectativas y emociones no te alimentan. […] en el día a día quieres las croquetas de la abuela, los macarrones de tu madre, ese exquisito bocata de lomo con queso que buenamente te preparan en el bar…

El ejemplo resulta tendencioso, ya que la sensación de hambre se puede ver saciada con manjares exquisitos o con patatas crudas, igual que un hombre puede tener un orgasmo masturbándose pensando en Gallardón, o haciendo el amor con la belleza de sus sueños. El resultado es el mismo, la satisfacción sexual momentánea, pero el camino no es igual de satisfactorio y el resultado no nos deja la misma huella.

Un ejemplo más apropiado sería comparar las emociones que quedan en el consumidor después de ver el corto “pipas”, galardonado con algunos premios, con lo que siente al ver las últimas escenas de una serie de televisión con la que ha pasado horas y horas.

Es decir, esto està muy bien y es merecedor de premios, etc, etc:

 

 

Pero no puedo compararlo, emocionalmente, con una película que me toque la fibra sensible, con el final de una serie de televisión o, en general, con una obra de más duración. Hay excepciones, por supuesto, tanto en literatura como en cine. Y no estoy diciendo que “más es mejor”, ni mucho menos. Otro día hablamos de las páginas que sobran en tantas “obras maestras”.

Pero, en líneas generales, a un servidor le gustan las emociones bien hechas, maduras y hermosas, y para que eso ocurra, las emociones necesitan espacio y tiempo para desarrollarse.

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