SATURACIÓN

Hoy por la mañana, cuando me he mirado al espejo, he pensado que me gustaría ser otra persona.

No me refiero a las promesas de “quiero cambiar y ser más amable, paciente, generoso” o memeces por el estilo. Me refiero a ser alguien completamente diferente.

¿Cómo sería esa otra persona? ¿Me gustaría? Probablemente no. Lo más probable es que terminara aborreciéndola. Somos tan inconformistas que renegamos de nuestros mejores amigos.

 

Entonces recordé un microrelato que escribí en un curso. La inspiración surgió de una obra clásica de uno de mis autores favoritos que posiblemente reconocerás.

Espero que te guste y, sobre todo, que nunca te hayas sentido identificado con ninguno de los protagonistas.

bullying

SATURACIÓN

Te contaré cómo empezó todo. Henry volvía de darse un baño en el lago y caminaba hacia la cabaña. Tropezó con unos chicos del campamento. Se encararon con él. No sé la razón, ¿acaso importa?

Henry recibió un golpe, cayó de rodillas y le llovieron puñetazos y patadas. Apretaba los dientes y se protegía la cara. No lloraba, porque tenía un espíritu fuerte. Su cuerpo, sin embargo, era débil.

Le ofrecí mi ayuda. “No seas idiota”, dije. “Yo me puedo ocupar de ellos si tú quieres”. Pero negó con la cabeza.

Uno de los chicos sacó una navaja. “Vamos a ver lo que tienes debajo de la piel”, dijeron mientras le sujetaban. Le hicieron cuarenta cortes. Conté cada uno de ellos. Él siguió sin llorar.

Cogieron un palo. Le golpearon con él en los brazos, en las piernas, en los genitales y en la cara. Le partieron dos dientes. Estos de aquí, ¿ves? Están horribles. Entonces me pidió ayuda. “Edward, por favor”, me dijo, “no seas cruel”.

Pero lo fui. ¡Oh, vaya si lo fui! Tú lo sabes bien, porque dos de esos muchachos eran hijos tuyos y conoces los detalles. El mayor, el de quince años, estaba atado en esta misma silla, en la que estás tú ahora.

Puedes gritar. Ellos también lo hicieron.

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