Literatura de calidad

En el episodio 5 de la primera temporada de Mad Men, uno de los personajes publica un relato en una revista de tirada nacional y, cuando se lo cuenta a sus compañeros, tienen la siguiente conversación. Ojo, que tiene miga.

—Eres escritor. Escribes —dije uno de los personajes.
—Bueno, sí… —responde el escritor—. Lo curioso es que el relato de ficción no es mi fuerte. Tengo dos novelas.
—¿Dos novelas? ¿Sobre qué?
—Una es sobre un operario de una petrolera que se muda a Manhattan porque su suegra está enferma, y la otra es sobre una mujer viuda que se queda a cargo de la granja familiar y nadie la ayuda, excepto su hijo.
—No son temas absurdos —dice otro personaje con una risilla floja.
—Gracias.
—Quiero decir que… parecen buenas.
—¿Quieres leer una?
—Claro
Y se ponen a trabajar, que para eso les pagan.

Mad Men, 1×05 «5G», 4’15»

¿Te has dado cuenta? Las obras de Kenneth Cosgrove, el escritor, parecen buenas porque tratan de temas serios, de dramas humanos. No son temas absurdos, y eso significa que las novelas parecen buenas. Ahora imaginemos que la conversación hubiera sido de este tipo:

—¿Dos novelas? ¿Sobre qué?
—Una es sobre la expansión de la humanidad por la galaxia y la colonización de los primeros planetas, y la otra trata del viaje de un duende a través de un mundo imaginario para destruir un artefacto mágico que le da poder a un espíritu maligno.

Te imaginas la respuesta, ¿verdad? Eso no serían buenas novelas, porque tratan de «temas absurdos», tonterías propias de la novela barata, de la literatura pulp, nada que ver con las buenas historias, las reales. Las que pueden ser. Y aquí está la clave, en la diferencia entre las novelas «que no son» y las novelas «que no pueden ser».

Ilúvatar creó a los hombres, a los elfos y a los enanos, pero todos no cabían en la foto.

Carlos Canales dijo en un fantástico programa de La Escóbula de la Brújula que «toda la literatura es fantástica», ya que, como toda la literatura es ficción, por lo tanto es fantasía. Luego ya se matiza el tema con la pertenencia al género, etc, etc, porque este hombre es cualquier cosa menos simplista, pero cuando escuché esa frase pensé que la ficción y la fantasía no son lo mismo. ¿Y en qué se diferencian? Fácil: la ficción es algo que no ha ocurrido, y la fantasía es algo que no puede ocurrir. Toda literatura es ficción, pero no fantasía.

¿Y a qué viene esto? A que la literatura fantástica, igual que sus hermanas la ciencia ficción y la literatura de terror, están consideradas como «géneros menores» por la mayoría de la gente porque no son creíbles. Porque cuando crecemos dejamos de creer en cosas que no existen, ergo las cosas que no existen son cosas de niños. Simple y ridículo, pero real. ¿Cuantas personas conoces que no leen determinadas novelas porque no les gusta el género? ¿Y cómo saben que no les gusta? ¡Bingo! ¡Porque no se lo creen!

Esto significa que, dado que la mayor parte de la gente no lee de forma habitual, la literatura de género está menospreciada por gente que no la conoce en absoluto. Pero ése es otro tema porque, al fin y al cabo, hasta hace cuatro días esta literatura se encontraba en la sección «juveniles» de las librerías, quizá con la excepción del terror. Resultaba muy curioso encontrar a Heinlein o Asimov junto a las adaptaciones a cómic de Ulises 31, como llegué a ver en una ocasión en El Corte Inglés con estos ojitos que se van a comer los gusanos.

¡Escribiendo lo que escribe, este tipo nunca llegará vender sus libros como Dios manda!

Hay excepciones, claro, y estas excepciones son aquellas que entran en el género pero siguen siendo «creíbles», no distorsionan demasiado la realidad, son fantasía, pero poco, para entendernos, porque si el componente irreal no es demasiado pesado en la trama, se puede tolerar. Por eso la serie Juego de Tronos no se llama Canción de Hielo y Fuego, como la obra original: eso sonaba demasiado «a fantasía». Y por eso el único terror «válido» para la crítica es el de asesinos y el psicológico, pero no el de monstruos o seres sobrenaturales. Y antes de que me digas que Drácula es un pedazo de libro, mira lo que dice la Wiki:

Desde su publicación en 1897, la novela nunca ha dejado de estar en circulación, y se suceden nuevas ediciones. Sin embargo, hasta 1983 no abandonó el terreno marginal de la literatura sensacionalista para incorporarse a los clásicos de la Universidad de Oxford.

El realismo mágico no es fantasía. No me fastidies.

La tendencia va cambiando y algunos escritores se adentran en estos géneros sin complejos, como Rosa Montero o Libertad García-Villada, pero la impresión que tengo cuando hablo de este tema con desconocidos es siempre la misma: esas obras no tienen la misma calidad que una novela seria. Me miran de reojo cuando les hablo de Geralt de Rivia, por ejemplo, y me recomiendan con condescendencia libros finalistas del Premio Planeta. Y todavía puede ser peor si te acercas al humor, ya que si un libro te hace reír no puede «ser bueno», porque la gente suele pensar que algo divertido no puede ser tomado en serio, y se equivocan. No me cansaré de decirlo: lo contrario de algo divertido es algo aburrido, no algo serio.

Si me llegan a decir de pequeño que ya entrado el nuevo siglo íbamos a andar con las mismas tonterías, no me lo creo. Pero acabo de ver unos listados de finalistas de premios de literatura de calidad y me he deprimido, así que me voy a acariciar a mi gato. Eso siempre ayuda.

Y después de esta sarta de idioteces que no sé muy bien a qué vienen, te dejo con una canción horrible de Ciudad Jardín que si la escuchas hasta el final no te podrás quitar de la cabeza. Te advierto que es muy mala.

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