La vagancia de los Elegidos

Estoy seguro de que has leído más de un libro, y más de dos, en el que uno de los protagonistas era El Elegido.

Sí, eso mismo: Existe una profecía que dice que tal pimpollo con una marca de nacimiento, o el séptimo hijo de una familia que no usa anticonceptivos, será el elegido por ¿el destino? ¿los dioses? para

a) derrocar al villano

b) salvar a la humanidad

c) todo lo anterior

y esa idea es muy, muy peligrosa, sobre todo para los niños. Sigue leyendo si te interesa saber por qué retorcido razonamiento he llegado a esa conclusión.

El elegido supremo: Salva el mundo y ni siquiera tiene que estudiar: le basta con conectarse a la AppStore

La figura de El Elegido se ve mucho en el cine… Desde Ascending Júpiter o Tomorrowland, por citar algunas películas recientes, hasta Matrix, Willow, y, ejem, El Elegido.

En la literatura también podemos encontrar este arquetipo, especialmente en la fantasía medieval y, por alguna extraña razón, en la ciencia ficción. No voy a  decir Dune porque sería spoiler pero, por lo general, la figura de El Elegido aparece en la ciencia ficción cuando hay magia de por medio. Ya hablé de eso en su día en una entrada muy antigua y una galaxia muy lejana.

¿Por qué es una idea peligrosa y nociva? Porque el concepto de El Elegido nos dice que podemos llegar a lo más alto, podemos salvar al mundo y ligarnos al buenorro (o buenorra) de turno simplemente por lo que somos, y no por lo que hacemos.

No nacemos especiales. Esa es una idea monárquica y destinada a que los débiles se conformen con ser débiles. ¡No es necesario hacer nada! ¿Eres un perdedor? ¿Tienes malas cartas? ¡Tranquilo, no es necesario que te molestes para intentar cambiarlas! Porque si el destino te ha marcado, entonces no tendrás que sudar la gota gorda ni esforzarte en hacer nada. Serás el héroe por tu cara bonita, por tus genes, porque tú lo vales.

Y eso no es cierto. Eso no sucede nunca. Las películas de Disney enseñan a los niños feos que la belleza está en el interior, aunque ellos se enamoren de la chica más guapa del pueblo, que la riqueza está en los amigos, aunque casarse con la princesa ayuda mucho a ser feliz, y que el valor es suficiente para acabar con el malo, siempre que tengas armas mágicas, amigos que se sacrifiquen por ti y una dosis indecente de buena suerte.

Abrid los ojos, niños del mundo: Los elegidos no existen. No sois especiales, no sois únicos, no hay nada escrito sobre vosotros. Trabajad duro, esforzaos, creced para convertiros en una persona honesta y quizá, sólo quizá, alcancéis la felicidad.

Porque los héroes de las grandes películas de aventuras no son los elegidos sino los que se dejan la piel para alcanzar sus objetivos. No es el descendiente de los antiguos reyes quien derrota a Saurón, no es la niña marcada quien acaba con Bavmorda. Es el secundario, el que se esfuerza, el que lucha y supera sus límites, quien realmente arregla el día.

El elegido sólo es el héroe en las películas para niños.

Piénsalo, ya verás qué rabia te da.

 

Usted sí que sabe, señor Ufgood, y no la niña esa mimada y llorona.

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