La historia de tu vida, de Ted Chiang.

Vamos con lo fácil: los datos.

La historia de tu vida es un relato de unas 40 páginas, escrito por Ted Chiang. Se ha adaptado al cine con la fantástica película La llegada, que te sonará más. Afortunadamente, no hay ediciones que hayan usado un fotograma de la película para ilustrar la cubierta, aunque sí una imagen que te recordará a ella.

¿Qué cuenta este relato?

Es la historia de una persona intentando comprender una lengua alienígena. Y aunque esto no promete ser muy apasionante, voy a explicar por qué deberías leer este relato y por qué puede cambiar tu vida.

(Con esto he exagerado un poco, pero ya me entiendes).

Aviso de spoiler: a partir de aquí puede que revele detalles sobre el relato. Esto no debería ser importante porque su belleza no está en el final, sino en la narración, pero hay gente muy preocupada por mantener “la sorpresa”, como si los libros fueran regalos de cumpleaños, y yo estoy obligado a advertirlo. Pues eso.

Vamos a empezar introduciendo un concepto fantástico que cambiará tu forma de ver el lenguaje: el relativismo lingüístico.

Según el Centro Virtual Cervantes, el relativismo lingüístico

alude a la relación entre lengua y pensamiento y al modo en que se influyen o condicionan entre sí. […] En sus versiones más duras (determinismo lingüístico), establece que la lengua determina el modo de pensamiento. Es decir, percibimos la realidad y la organizamos en conceptos y otorgamos a éstos significados según un acuerdo implícito de nuestra comunidad de lengua que lo ha codificado de ese modo. 

La “versión dura” de esta hipótesis está muy cuestionada porque no existen experimentos reproducibles que la confirmen, o al menos yo no los he encontrado. No sucede lo mismo con la “versión blanda”, que no habla de “determinismo” sino de “influencia”.

Se acepta, sin embargo, que la lengua, aunque no determina el modo de pensamiento, sí influye en el modo en el que percibimos la realidad y la recordamos, y afecta a la facilidad con la que actuamos mentalmente en cierto tipo de tareas; en concreto, recordamos más fácilmente aquellas cosas que se corresponden con palabras concretas.

¿Es posible esto? ¿Realmente hablar un idioma puede modificar tu forma de relacionarte con tu entorno? En este artículo de Javier Valenzuela se describe un estudio en el que se establece que los niños de habla inglesa y de habla china (mandarín) presentan diferencias notables a la hora de estudiar música: de los estudiantes que habían empezado a estudiar música entre los 8 y los 9 años de edad, habían desarrollado oído absoluto un 42% de los estudiantes chinos, frente a un 0% de los estadounidenses. Los porcentajes varían en función de la edad de los estudiantes, pero siempre muestran un número de estudiantes chinos muy superior.

Estas diferencias pueden explicarse si el oído absoluto (la capacidad para reconocer una nota musical sin tener más notas de referencia) es una facultad innata que se va perdiendo al crecer, pero los resulltados del estudio no dejan lugar a dudas: la lengua que aprenden los niños marca una diferencia notable en esta “pérdida de oído”.

En principio, esto parece un ejemplo evidente de cómo hablar una lengua u otra nos lleva a percibir el mundo (es decir, desarrollar una tarea cognitiva) de una manera determinada. 

¿Hay algún ejemplo más de “relativismo lingüístico” actual? Echa un ojo a este artículo en el que aparece un vídeo interesante sobre la percepción de los colores. Este estudio sugiere que la percepción del color entre los miembros de la tribu himba se debe a las palabras que utilizan para definir los colores: les cuesta distinguir un verde de un azul, ya que utilizan la misma palabra para definir a ambos, igual que dicen que el agua y la leche tienen el mismo color. Sin embargo, diferencian sin problemas un verde de otro en una plantilla de colores cuando disponen de una palabra para definir el tono concreto.

Esto tendrá una explicación sencilla en su origen. En muchas lenguas, los primeros colores que se definen son el blanco y el negro, y posteriormente el rojo, verde y amarillo… Homero, en la Iliada, define el mar “del color del vino”, ya que, se cree, entonces no se utilizaba ninguna palabra para designar el azul. ¿Significa eso que no “veían” el color azul? Obviamente sí lo veían, pero el lenguaje se cree que influía en la forma en la que lo hacían, o dicho de otro modo, en la tonalidad que eran capaces de describir…, y de ahí el experimento con los himba.

Esto se puede extrapolar a diferentes formas de comunicarnos, como sabrás si alguna vez has intentado explicarle a alguien una emoción extraña, como añorar un pasado que no has vivido o cómo se siente un lugar al que ya nunca va nadie.

La idea de pensar de forma lingüística pero no fonológica siempre me había intrigado. Tenía un amigo que era hijo de padres sordos; creció usando el Lenguaje de Signos Americano, y me decía que a veces pensaba en LSA en lugar de en inglés. Yo me preguntaba cómo sería que los pensamientos de uno estuvieran codificados manualmente, razonar usando unas manos interiores en lugar de una voz interior.

Ted Chiang: La historia de tu vida

Más ejemplos: El estudio de japonés y otras lenguas cuya escritura se basa en ideogramas influye en la “configuración” de nuestra mente, ya que esos símbolos no se “aprenden”, sino que se “recuerdan”, por lo que se almacenan en un lugar diferente de nuestro cerebro y su estudio afecta a nuestra memoria espacial (o eso dicen).

La respuesta vino con el descubrimiento del primer paciente que presentaba los síntomas inversos: tras un accidente de coche perdió la capacidad para escribir y reconocer kanji, pero aún podía seguir usando sílabas. Tras analizar el área dañada comprobaron que no era un área relacionada directamente con la lectura sino que era el lóbulo temporal, una extensa área cerebral implicada en la memoria y el procesamiento espacial. Los kanji no se leen, se recuerdan.

¿Esto tiene relación con el lenguaje inclusivo?. Pues no… y sí. Se ha escrito mucho sobre el tema y, por resumir mi postura, si te digo que en una sala hay diez médicos y cinco enfermeras, pensarás en diez hombres y cinco mujeres, igual que sucede con la clasificación de pilotos y azafatas. Sin embargo, si hablamos de personal de vuelo o de un equipo de sanitarios, pensarás en un grupo mixto sin muchas distinciones Esto significa que las palabras, cuando no son inclusivas y pueden serlo (la puntualización es importante) afectan a la percepción que tenemos sobre la realidad, y, si bien no creo que influyan sobre las tareas que hacemos de forma consciente, sí puede hacerlo sobre algunas tareas que realizamos de forma inconsciente.

Este es otro tema que se enfoca desde otra perspectiva y me pareció importante mencionarlo, pero hemos llegado aquí buscando la comprensión de las personas a través del lenguaje, y no de los géneros o las desigualdades, cuyo origen no tiene ningún misterio.

Entonces, ¿leer puede cambiar mi vida?

Si tu relación con el lenguaje afecta a tu visión del mundo, una visión más amplia del lenguaje, una relación más íntima con la palabra escrita, ¿no afectará a tu relación con el mundo? Sea por las palabras o por las historias, leer es algo que nos cambia, y no solo porque algunas partes de nuestro cerebro se iluminen como un árbol de navidad cuando recrean una historia leída (o escuchada). También genera emociones nuevas en nosotros, algo difícil de conseguir por otros medios. Es decir, aunque yo pienso que leer está sobrevalorado, estoy convencido de que también es una actividad que provoca cambios en nosotros que no genera ninguna otra, lo que implica que leer amplía nuestra capacidad para ver los matices del mundo.

Démosle a este hecho el valor que tiene; no más, pero tampoco menos.

¿Y qué tiene que ver Ted Chiang en todo esto?

Porque La historia de tu vida es un relato que consigue algo que no había leído, visto ni soñado hasta ahora. Me ha mostrado que el futuro puede ser conocido e inevitable, y que ambos conceptos no son excluyentes. Que el tiempo puede no ser lineal, y que ese conocimiento puede no suponer ninguna diferencia en el presente.

En este relato, la narración parece lineal, pero se agrupa por conceptos, no por su orden temporal. La trama te lleva, de forma simultánea, por el tiempo lineal y por el “tiempo circular”, sin que te des cuenta, avanzando de forma suave y dejando caer auténticos golpes emocionales con naturalidad, como si fueran algo previsible e inevitable.

Habitualmente, el heptápodo B afecta sólo a mis recuerdos: mi consciencia avanza penosamente hacia delante como hacía antes, una franja brillante arrastrándose por el tiempo, pero la diferencia es que la ceniza de los recuerdos se extiende por delante además de por detrás: en realidad no hay combustión. Pero de vez en cuando tengo atisbos de consciencia regida por el heptápodo B, y experimento el pasado y el futuro al mismo tiempo; mi consciencia se convierte en una piedra de ámbar de medio siglo de longitud que arde fuera del tiempo. Percibo, durante esos atisbos, toda esa época como una simultaneidad. Es un periodo que cubre el resto de mi vida, y toda la tuya.

Ted Chiang: La historia de tu vida

Es un fantástico relato que recordarás, tiempo después de haberlo leído, con una sensación extraña e indefinible. Te gustará, pero al mismo tiempo será un recuerdo triste. Te parecerá sorprendente, y al mimo tiempo irrelevante.

Leer a Ted Chiang es una experiencia en sí misma, y quizá, solo quizá, después de hacerlo tu percepción del mundo sea un poco diferente.

En este momento tu padre y yo llevamos casados unos dos años y vivimos en la avenida Ellis; cuando nos mudemos serás demasiado pequeña para acordarte de la casa, pero te enseñaremos las fotos, te contaremos las historias. Me encantaría contarte la historia de esta noche, la noche en que fuiste concebida, pero el momento adecuado para hacerlo sería cuando estés preparada para tener tus propios hijos, y nunca tendremos esa oportunidad.

Ted Chiang: La historia de tu vida

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