El principio de la Historia

Compuse los dos microrrelatos que presento en esta entrada hace tiempo, para dos competiciones diferentes. En una, el tema era libre y decidí escribir un relato histórico, por definirlo de alguna manera; en la otra, el microrrelato tenía que ser de ciencia-ficción. Así que, en principio, los dos microrrelatos son muy diferentes entre sí, sin embargo ambos nos cuentan una historia del principio de la Historia. Una en el pasado y otra en el futuro.

Es claro que si destripo aquí, en esta introducción, ambos microrrelatos, perderá toda la gracia leerlos, porque una de las características del microrrelato como género es que debe sorprender al lector. Así que te animo a que los leas ahora, antes de continuar. Aquí están:


SIN LIMITACIONES

Escudriñó el cielo nocturno en busca de algún indicio de lluvia inminente. Al no encontrarlo, bajó la vista al suelo y trató de pensar. No pertenecía a ninguna nación ni practicaba religión alguna, no tenía absurdas fobias ni absurdos prejuicios. Lo que sí tenía era la certeza absoluta de que si no comenzaba a llover pronto, su gente no tardaría en morir de hambre. Con asombro y con miedo tomó una decisión sin precedentes: al amanecer empezarían a migrar hacia un lugar menos cálido. Por vez primera abandonarían el único hogar que conocían.

Y el resto… es Historia.


ADÁN Y EVA

Cuando alcanzó su tiempo de destino, le bastó un vistazo para percatarse de que la humanidad se había extinguido tiempo atrás. Y de que estaba atrapado: no es posible viajar al pasado y para él no había futuro al que emigrar. Derrotado, rompió a llorar. Era el último hombre, una reliquia. Inesperadamente, dos horas más tarde llegó otra, con forma de mujer. Había sido enviada diez años después del primer viaje temporal, justo antes del inicio de La Guerra. Y la Historia empezó nuevamente en un mundo ya inalcanzable para el ayer, en un futuro sin lastre.


El primer microrrelato, titulado “Sin limitaciones”, nos habla de ese momento de la historia del Hombre en el que nuestros antepasados empezaron a migrar hacia fuera de África movidos por las graves sequías que asolaban el continente. En el microrrelato, la valiente decisión de abandonar el mundo conocido para adentrarse en lo ignoto la toma quien se supone que es el jefe de la tribu. Y la toma con sorpresa, como si la idea, en vez de ser propia, hubiera sido implantada en su mente, como si fuera un elemento extraño.

Si la idea de hecho hubiera sido implantada o inducida de alguna manera, se trataría de una historia que recordaría a 2001: una odisea espacial (1968), de Arthur C. Clarke, obra de la que ya hablé unas entradas atrás. Pero no, es una idea que le viene a la mente de manera natural a nuestro protagonista, que es un hombre de los albores de nuestra existencia, cuando sin duda pensar era un proceso diferente a como lo entendemos ahora. Así lo expone magníficamente William Golding, premio Nobel de literatura, en su novela Los herederos (1955).

Una historia sobre el hombre de Cromañón contada desde el punto de vista de los neandertales

Golding es conocido en el mundo literario más que nada por su novela El señor de las moscas (1954), de la que no creo que haga falta que diga nada porque es un clásico universal. Sin embargo, esta no fue la única obra que escribió. En realidad fue un autor muy prolífico que publicó poesía, teatro, novelas y ensayos. La historia de Los herederos se remonta al nacimiento del hombre moderno, el hombre de Cromañón, en un mundo habitado por neandertales. Pero los verdaderos protagonistas de la novela son estos últimos.

Podría estar horas hablando de Los herederos. Una pequeña obra maestra que recomiendo leer sí o sí. Es original, muy intensa, está escrita de manera magistral y deja ese regusto melancólico que también deja El señor de las moscas y que quizá sea una de las características de las obras de Golding. Solo mencionar que el propio Golding tenía esta novela como una de sus favoritas.

Si has leído mi relato, te habrás dado cuenta de que además toca un tema muy actual, el de las migraciones. No me voy a meter aquí en faena, porque se trata de un tema complejo y delicado y yo no me dedico a hacer política y mi opinión personal al respecto no debería importarle a nadie. Pero creo que migrar cuando tu ambiente natural te es hostil es natural, responde a un instinto de supervivencia del que no podemos deshacernos y que nos ha llevado a ser lo que somos hoy en día. ¿Qué hubiera ocurrido si en los albores de nuestra historia una frontera nos hubiera impedido migrar? Una cosa es segura: yo no estaría escribiendo esta entrada.

El segundo microrrelato, «Adán y Eva», trata sobre viajes en el tiempo y el final de los tiempos. ¿Qué pasaría si se enviara a alguien a un futuro en el que el ser humano ya no existe, sino que se ha extinguido hace tiempo? Me pongo en semejante situación y creo que la soledad y la tristeza serían insoportables.

Algo parecido siente el protagonista de la novela The dechronization of Sam Magruder (1997) o Entre dinosaurios, como se tradujo al castellano (editorial Mondadori), una corta novela de ciencia-ficción escrita por George Gaylord Simpson, uno de los paleontólogos más importantes del siglo veinte, que nos cuenta la historia de un científico que por accidente viaja, no al futuro, sino al pasado, a un tiempo en el que el Hombre aún no había hecho acto de aparición, cuando los dinosaurios dominaban la Tierra, y nos describe su lucha por sobrevivir en un mundo que le es por completo ajeno.

Esta novela es otra pequeña obra maestra poco conocida, pero considerada como la mejor historia sobre viajes temporales jamás escrita desde La máquina del tiempo. Destaca la descripción que Simpson hizo de los dinosaurios, un tema en el que era un experto.

En «Adán y Eva» menciono que los viajes al pasado no son posibles. Hay una extensa literatura al respecto, fácil de encontrar en internet, que explica este hecho mucho mejor que yo, que de Física tengo bastante poca idea. Pero, en resumen, los viajes en el tiempo al pasado no son posibles porque van en contra del segundo principio de la termodinámica, y hasta aquí puedo leer.

Afortunadamente para nosotros, este pequeño detalle lo desconocían Marty McFly y el Dr. Brown, gracias a lo cual pudimos disfrutar (y aún lo hacemos) de ese gran clásico que es «Regreso al futuro». Te lo creas o no, hace ya casi treinta y cinco años (sí, sí, treinta y cinco, has entendido bien) que se estrenó. No sé vosotros, pero yo a veces tengo la sensación de que viajo en el tiempo, hacia el futuro, demasiado rápido.

Ya lo dicen los anglosajones: «Ignorance is bliss».

3 comments on El principio de la Historia

  1. Hablas tan bien de Los Herederos de Golding que estoy mirando a ver cómo hago un hueco en mis lecturas pendientes para ponerme ya con él…

    Lo que significa que como reseña es excelente 🙂

    Además quiero reconciliarme con ese autor, porque después de leer Wilt ya no veo El Señor de las Moscas con los mismos ojos, y esto no puede ser.

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