SOLA




En abril del 2022 —sí, ese año, no es un error—, un inesperado contratiempo me impidió adquirir este libro. Nada grave; como suele suceder, entre las agendas y las exigencias de la vida, nos vemos con el deseo de estar en dos lugares a la vez, de multiplicarnos o de sacar tiempo de donde parece no haberlo. 

En fin, como digo, el día antes de Sant Jordi del mencionado año, Carlota Gurt firmaba el libro Solay yo había quedado con una amiga para comprarlo y que nos lo dedicase. 

Dicha firma se realizaba en una de las librerías más bonitas de Barcelona, en Finestres.

Ninguno de los dos pudo asistir y adquirirlo. Exacto: la vida.


Recientemente, en otra quedada, ya en el 2023, de las que denominamos bromeando «mira-qué-recomendaciones-tengo-vamos-a-quedar-en-esta-librería», decidimos adquirirlo. Nunca es tarde si la dicha es buena, como se suele decir.


También estaba interesado en el libro de relatos de Carlota Gurt, Cabalcarem tota la nit (Premio Mercè Rodoreda 2019), sin embargo, al final, me decanté por la novela. 

Su primera novela. 


La versión de Sola que he leído es una traducción del catalán realizada por Palmira Feixas. Fue publicada, en el 2021, por la editorial Libros del Asteroide. La fotografía de la cubierta es de Alessandra Manzotti/Arcangel. El libro tiene una faja, integrada con la cubierta, con la frase «De la soledad nunca se sale indemne». Y reconozco que es una frase certera.


¿Por qué una reseña de este libro? 


No tenía planeado hacerla, todo sea dicho, pero después de leerlo, es un libro que recomendaría. Por ello, he decidido compartir mis impresiones. 

La reseña tiene su salvoconducto: ha pasado por la atenta mirada del amo y señor del blog, Eduardo. También pasó por la segunda —primera en ocasiones— al mando, Libertad. Aunque ambos insistan en lo contrario, siguen considerándome el becario de estos lares. Y para todo les tengo que pedir permiso.


Como mencioné, elegí Sola, en vez de su libro de relatos, porque me intrigaba cómo la autora manejaría la fusión de escribir una novela en la ficción —algo que la protagonista, Mei, está llevando a cabo— con la trama de la historia.

Además, el ejercicio de escritor es solitario y la protagonista busca activamente la soledad. ¿De qué forma gestionaría esta situación?

A pesar de que se titula Sola, el argumento se enriquece con la presencia de otros personajes que aportan diferentes puntos de vista , aunque sea por simple comparación con Mei, que dará buena cuenta de la opinión que le merece cada uno, de cómo va cambiando su valoración de todos ellos a medida que pasa el tiempo. Por supuesto, también de cómo cambia ella, su relación con todos y el vínculo con la novela que desea escribir.


Porque en la historia, en paralelo —casi parece ser el elemento troncal—, se exploran los procesos habituales de un escritor, desde su método de organización, como la escaleta, hasta la relación entre el escritor y las revisiones —los beteos— a las que somete sus borradores. Se comentan métodos de escritura; leer en voz alta los textos; escribir del tirón; e incluso se aborda, como quien no quiere la cosa, el síndrome del impostor. Más aún, en los mencionados beteos que le realizan, parece como si, hasta el punto en el que nos encontramos en la lectura, se estuviese beteando la propia novela, examinado aquello que acabamos de leer, obligándonos a cuestionar todo lo que llevamos leído hasta ese instante: ¿es buena lectura?, ¿lo está haciendo bien?, ¿lo ha hecho correctamente? 

¿Quién pregunta?: ¿Mei?, ¿Carlota?

No deja de mostrarnos todo el proceso de lo que está haciendo y logrando, o de lo que no hace y desea. 

¿Es en ese momento cuando la autora se planteó si su novela sería atractiva? 


«A veces me da la impresión de que no es que yo quiera escribir una novela, sino que hay una novela que quiere que yo la escriba».


¿La historia?


No podemos considerarla original en su concepto «absoluto»: el argumento parte de la idea del propio descubrimiento, del autoconocimiento, algo ya planteado en la novela Soledad, de Caterina Albert (que firmaba con el seudónimo de Víctor Català).


Nos encontramos con Mei, una mujer de más de cuarenta años cuyo mundo se tambalea de repente: su relación sentimental atraviesa dificultades; tampoco está muy avenida con su madre; lleva tiempo sin decidirse a escribir una novela, postergándola de continuo; y, para colmo, para reforzar este terremoto de sucesos, es despedida de su trabajo, lo cual actúa como chispa y catalizador de todos los eventos que seguirán. 

Decide largarse como respuesta a ese vaso de problemas a rebosar e insostenible. Aunque ya sabemos que puedes sentirte sola estando con personas, lo que ocurre es que en el campo, en la casa, estás sola en la naturaleza. Aquí puede explorar tus temores, analizarlos; la gente está lejos, ¿no?


En este momento crucial —el despido, un fracaso profesional, que aunque obligado, se resiste a asumir— elije dejar Barcelona, donde reside, y aislarse —porque está convencida de que este aislamiento, retiro en realidad, le ayudará y le proporcionará claridad mental— en la antigua casa de sus padres, el hogar de su infancia. 

Sin embargo, las cosas no parecen irle del todo bien. Mei cree que puede reavivar lo que deja atrás por el simple hecho de crear una distancia física, incluso terminar todo aquello que se propuso y no llevó a cabo, de superar todas y cada una de sus inseguridades, de lograr cerrar todas las cajas abiertas que le atemorizan y que están llenas de sus debilidades y, entre otras cosas, la novela, que arrastra consigo y a la que nunca parece llegar por mucho que se lo proponga.


«[…] en lugar de notar el calor acogedor de cuando fuera se acaba el mundo y tú estás a salvo, he encontrado una humedad desagradable. Es una casa muerta, tendré que resucitarla».


¿Por qué aislarse? ¿Qué beneficios tiene alejarse de todo?


Como he comentado, a veces buscamos distancia para poder contemplar el tinglado de la vida, nuestras acciones y decisiones. Mei cree que la naturaleza y escribir en ese entorno, así como el aislamiento, actuarán como un bálsamo. Pero no es así. Los escritores se nutren de su propia vida al escribir, y Mei no puede escapar de su pasado, el mismo pasado que se va acortando a medida que la cuenta atrás avanza, a medida que llegamos a su futuro, a medida que su acciones se acumulan. A pesar de que en algunos momentos anhela una absoluta soledad, no logra encontrarla.


¿Por qué una cuenta atrás?


Narrarlo en primera persona resulta muy atractivo porque nos permite acompañar a Mei en este viaje, en esta travesía incierta. Un viaje que se va complicando. Su vida se va complicando.

Los capítulos se presentan a modo de diario, pero con una peculiaridad: una cuenta atrás que indica los días que faltan. Esta cuenta atrás comienza con un 185 días antes y en un mes de abril, y este es el periodo de tiempo en el que se desarrolla toda la historia. La sucesión de días restantes crea una sensación de anticipación y deseo de saber qué va a ocurrir.

Algo ocurrirá, cierto, es una cuenta atrás, pero dado que la novela empieza con un tono, digamos, jocoso, nos sorprende que se vaya oscureciendo por momentos. ¿Qué sucede al final de esta cuenta atrás? No lo voy a revelarlo, por supuesto. La novela, con este contador decreciente, va intensificándose a medida que avanzamos.


Sobre los personajes que aparecen, comentar que siempre están definidos bajo el prisma de Mei; que nos transmite sus pensamientos, lo que cree entender y creer; lo que opina de cada uno de ellos. Hay que destacar a Flavio, quien le muestra y justifica la vida que ha elegido y que tendrá mucho peso en desarrollo de la novela.


Los diálogos son ágiles. Carlota Gurt utiliza un lenguaje visceral, mordaz, obsceno, directo, descarado, y con un humor negro tirando a mala baba. Frases de sexo explícito; de rebeldía ante los convencionalismos del pueblo cercano a la casa, por mostrarse y desinhibirse, junto con un punto de angustia sobre el qué dirán; de rabia absoluta, agridulce por momentos; de odio y violencia; de necesidad y de pena; de no pertenecer al mundo en el que vivimos; y con un buen ritmo, que en algunos momentos nos hace sonreír por su descarada crudeza. La prosa es contundente, espontánea, y recuerda en algunos momentos el realismo sucio.


«Trazaste mis facciones al carboncillo cuando éramos criaturas que vivían un amor de ciencia ficción y, también, de terror, sí, el terror de que pudieras cansarte de mí y rehuirme, cuando el amor daba más miedo que la muerte».


Sola es una novela que permanece después de ser leída. No es una obra maestra, algo que la propia Mei no deja de repetir:

«Es una mierda de cuento, me decía a mí misma, no está suficientemente maduro, no vale nada, nada, la has cagado, Mei, tendrías que haberlo revisado más».


Sin embargo resulta atractiva la manera de abordar los sentimientos, la forma en la que la protagonista solventa los obstáculos, no porque tenga que estar el lector de acuerdo con ellos, sino porque están correctamente planteados y definidos. 

Es un libro bien escrito y que se disfruta.


Mei piensa que será como el Ave Fénix, que resurgirá de los problemas. Quizás, en realidad, la cuenta atrás es el paso de una persona a otra.

Una crónica de algo que desaparece y algo que comienza.


«Si te hubieras quedado flotando en el asfalto, quién sabe.

Pero tú querías musgo.

Hasta que lo encontraste ».


Al fin y al cabo, la soledad que se inicia como voluntaria parece que termina siendo una situación obligada por los acontecimientos. O por una mala elección que nos puede llevar a un lugar equivocado.


«Abro los ojos y veo la trescientas setenta y dos páginas encima de la butaca. Me llaman. Me visto, cojo las hojas y el boli rojo. Soy imparable. Por fin».




1 comment on SOLA

  1. Reseña muy interesante, me han venido ganas de leerla, tanto por el estilo como por el entramado psicológico que debe haber en la historia.

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