SCIENCE ON THE ROPES

Recientemente he leído un libro, titulado Science on the ropes (La ciencia contra las cuerdas), que creo que merece aquí una reseña. El autor, Carlos Elías, químico y periodista, es español, pero si no me equivoco, este libro suyo se ha publicado solo en inglés. Se trata de un inglés que cualquier persona con un nivel medio de esta lengua será capaz de entender sin problema. Si no, no hablaría de él aquí.

Science on the ropes contiene un análisis bastante profundo de la situación de la Ciencia en el mundo actual en comparación con épocas previas, que le sirve al autor para exponer su teoría sobre cómo este campo ha llegado a la situación en la que se encuentra: pésima en Occidente.

Es un libro que me recomendaron y que leí con ganas porque pensé que podría contener material de interés para mí con vistas a documentarme para mi nueva novela, la que estoy escribiendo ahora, que aborda este mismo tema muy de refilón.

El libro, al final, no me ha sido muy útil en este sentido y no estoy segura de que me haya merecido la pena leerlo, la verdad; estos días, por motivos personales, mi tiempo de lectura es limitado y me gusta emplearlo satisfactoriamente. Y satisfacción, que es lo mínimo que se puede pedir que genere un libro, no ha sido lo que he sentido al terminar Science on the ropes. Quizá un poco de decepción y, más que nada, pesadumbre, por algunas de las verdades como puños que sobre el mundo de la Ciencia escribe el autor.

Por un lado, bien, Elías ha hecho un gran trabajo de documentación y su libro está repleto de información interesante; entretiene la mayor parte del tiempo. Pongo aquí algunos ejemplos de las joyas que contiene:

“Social media create echo chambers in which you receive only information that confirms your ideas, so that you become more radical…”

“On the basis of all this information, we conclude that scientists are the ‘ideal’ workers in the tournament system for unscrupulous employers: they are young, highly trained, intelligent, idealistic, competitive, settle for very low pay, work up to 12 h a day, including weekends, without complaining, and have no employment rights whatsoever.”

“And this would explain the decline of science: every day we have to work harder and earn less in order to obtain results that are not very scientifically relevant.”

También menciona Elías el Escándalo Sokal, en el que el científico Alan Sokal, para demostrar la falta de rigor que caracteriza los estudios, y las correspondientes publicaciones, en el campo de las ciencias sociales, se inventó un artículo desde la primera hasta la última letra y consiguió publicarlo en una revista de alto impacto en este campo.

Aviso a navegantes: el libro destila una cierta tirria hacia la gente de Humanidades. Luego no digáis que no lo sabíais.

Por otro, la organización me ha parecido un tanto caótica y el texto, en ocasiones, repetitivo. Pero lo peor, desde mi punto de vista, es la propia teoría del autor sobre la causa de la decadencia de la Ciencia. Elías ofrece y explica también otras posibles causas, razonables todas ellas. Pero la principal, la suya, no es fácil de tragar: a saber, que existe una especie de conspiración en la sombra orquestada desde las ciencias sociales y llevada a cabo a través de los medios de comunicación (televisión, cine, prensa) para desvirtuar la Ciencia. Aporta innumerables ejemplos que avalan su teoría, algunos quizá posibles, si bien exagerados en mi opinión. Pero cuando entra a denunciar cómo los científicos son tratados en la literatura y en la pequeña y la gran pantalla, que suelen mostrar estereotipos, uno no puede sino reír. En mi opinión esta parte sola le quita toda la seriedad al libro.

Según el autor, la imagen del científico por excelencia que se suele vender en estos medios es la de una persona asocial, sin vida sexual y centrada en su trabajo, a través del cual pretende lograr prestigio, poder y, en innumerables casos, dominar el mundo. Ahí es nada.

Se olvida el autor de que las historias que se nos cuentan a través de la Literatura, las series y las películas deben tratar sobre gente extraordinaria, diferente de la media, porque de lo contrario serían aburridas. Así que suelen mostrar caracteres extremos. Con metas extremas. Esto es básico.

El “científico loco” tiene hasta una página en Wikipedia.

Se queja Elías de cómo son mostrados los científicos, me pregunto qué tendrán que decir los abogados, los brókeres, los políticos, los taxistas, las enfermeras y, en fin, un largo etcétera, sobre cómo la gente de su gremio es o ha sido tratada en la Literatura o en la pantalla. No mucho mejor que los científicos.

Por el cine y la literatura sabemos que las enfermeras son lo peor, superan en maldad incluso a los científicos.

Lo siento, pero no compro su teoría. Tampoco soy la persona más indicada para leer y criticar libros como este, ensayos. Me suele poner muy nerviosa, y de mal humor, que el autor de turno plasme toda la posible información, a veces traída por los pelos o por completo fuera de lugar, que avala su teoría y ninguna que la contradiga. Esto no es ni investigación ni ciencia, es vender un producto.

Creo que el autor debería haber hecho más hincapié en otras razones de la decadencia científica que trata más de pasada. Desde mi punto de vista, y mi experiencia como científico, la más importante es la miserable vida del investigador medio. A saber: después de terminar una carrera superior, por lo general difícil -como Química, Física, Matemáticas o Medicina-, uno ha de lograr doctorarse, para lo que tiene que desarrollar una tesis. Este proceso suele llevar de cuatro a siete años -el tiempo final depende de muchos factores-, durante los cuales uno trabaja a destajo, de lunes a domingo muchas veces, por un salario de m#@%^!, que hasta hace unos años, al menos en España, ni siquiera cotizaba.

Una vez obtenido el título de doctor, uno tiene que tratar de conseguir un puesto de postdoctoral en un grupo de investigación, que no siempre es fácil, o al menos no suele serlo en el grupo que uno quiere.

El periodo postdoctoral, de una extensión de tres a un número indeterminado de años (he conocido gente de más de cincuenta aún trabajando bajo este título, porque la vida, y algunos jefes de laboratorio, son así de majos), se considera un periodo de formación, así que el correspondiente salario, para una persona con una carrera superior de cinco o seis años y una especialización, el doctorado, que ha durado de cuatro a siete años, es de nuevo de miseria. También aquí uno trabaja a destajo con horarios de infarto, porque aún tiene que lograr una posición de profesional y le va el currículo en ello. Los contratos son escasos, la competencia, brutal. Y como uno no trabaja en una compañía ni para el estado, sino bajo la órdenes de un investigador ya afincado, el éxito que uno pueda o no tener depende mucho, no solo de su propio trabajo, sino de la idiosincrasia de su jefe y del proyecto que le haya tocado en turno desarrollar. Y de que otro grupo no le pise las publicaciones. Un infierno.

Como menciona Elías en su libro, en un país como Estados Unidos, fácilmente un investigador puede no cotizar para la jubilación hasta los treinta y cinco años, edad media a la que se consigue el primer contrato, con suerte. Digo con suerte porque conseguir un contrato de investigador es casi tan difícil como que te toque la lotería. La mayoría de la gente, después de pasar por todo este calvario que he relatado, se tiene que conformar con un puesto en una compañía, renunciando así a hacer investigación básica, que fue lo que en la mayoría de los casos le movió a uno a recorrer este camino (otros, con aún menos suerte, acaban trabajando de técnicos de laboratorio o dando clases de zumba; conozco algún caso).

Este camino, obviamente, visto así, como es, resulta muy poco atractivo. Especialmente en una sociedad capitalista como la nuestra, altamente competitiva y sin ideales, en la que a la gente ni tiene curiosidad ni interés por saber ni por crear, solo por sobrevivir o por vivir bien, según las posibilidades de cada uno. La Ciencia es muy sacrificada. Así, para la gente que no tiene vocación por ella, ni pasión, como es mi caso, difícilmente puede ser una opción a considerar, porque ni gustándote es lo que se dice un camino de rosas.

Y es difícil que guste de buenas a primeras, porque la Ciencia no es fácil. No es fácil de estudiar porque, en contraste con otras materias más de Letras, es difícil de entender. Hacen falta buenos profesores que la inculquen, que sepan explicarla, y estos no abundan. Y no abundan porque… En fin, como se deduce fácilmente, es la pescadilla que se muerde la cola.

Como digo, para mí esta es la principal razón del actual fracaso de la Ciencia. Pero esta razón es muy obvia y no vende, por eso Elías se descuelga con otra: una teoría conspiranoica que quizá pensó podría vender algo más en estos tiempos conspiranoicos en que vivimos.

Otro gran error que le veo al libro es la defensa que hace el autor del sistema de revisión de manuscritos antes de que estos sean (o no) aceptados para su publicación. Según Elías, es muy difícil publicar datos falsos en Ciencia (en contraste con las ciencias sociales). Aporta algunos conocidos ejemplos de publicaciones con datos falsos que, antes o después, fueron descubiertas. Fueron estos artículos muy notables, publicados en revistas de alto impacto y, por lo tanto, sometidas a un escrutinio que no pasó de largo las falsedades. Excepciones.

La mayoría de los artículos científicos se publican en revistas de medio o bajo impacto, donde el escrutinio es limitado. Incluir datos falsos en este tipo de artículos es muy fácil. Las consecuencias serán nulas, porque estos artículos no suelen contener resultados relevantes. Pero hacen un daño inestimable a la Ciencia, a la base del conocimiento que permite a la humanidad avanzar. Falsear este conocimiento no solo es un ataque a los cimientos sobre los que se asienta y que determinan su veracidad y credibilidad, sino también un impedimento para que el ser humano evolucione. Y si la Ciencia pierde credibilidad porque alguien vulnera el método científico, porque lo usa a su antojo por beneficio propio, entonces corremos el riesgo de volver a la época más oscura de nuestra historia, o de volver atrás en cualquier caso. Retroceder, involucionar.

Quizá Elias no ha estado tanto tiempo a pie de trinchera en Ciencia como para saber que científicos que viven de la Ciencia, y no por la Ciencia, abundan y son una terrible lacra. O quizá en este sentido el autor, de nuevo, haya barrido para dentro.

Te dejo aquí el enlace de una entrevista en la que el autor habla de su libro (en español). Juzga por ti mismo.

El declive de la cultura científica en la era de las noticias falsas

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