Matar a un rey no es tan malo

Según la RAE, un regicidio es

1. m. Muerte violenta dada al rey o a la reina.

“Regicidio” está formado por la palabra rex, regis, que significa “rey”, y “cidio”, que significa “se va a armar un cidio como se nos muera el Rey”, hablando mal y pronto, porque ya se sabe que, si no hay rey, se acaba el mundo.

O eso sucedía en la antigüedad, cuando los reyes eran personajes importantes, que pintaban algo en la sociedad y cuyas acciones podían llevar rápidamente al reino al caos o, por el contrario, llevarlo al caos pero poco a poco.

Eran los tiempos del Rey Arturo, cuando la nobleza de un rey curaba enfermedades, hacía que brotaran las cosechas y que el ganado engordara. Arturo era un celta romanizado, que tanto se marcaba un milagro como se dejaba llevar por las pasiones más tontas. La salud del reino dependía de que su rey llevara una armadura bien ceñida cuando salía del castillo para que no fuera por ahí engendrando más herederos de los habituales, como hizo su señor padre, que por retozar con una moza era capaz de vender a su madre. Recordemos que por aquel entonces no había Internet ni, por lo tanto, acceso al porno, y los hombres eran igual que ahora, pero con menos leyes que limitaran sus escrúpulos. Eso significaba que había muchas posibilidades de que alguien reclamara el trono porque algún rey se había dado una alegría con alguna antepasada suya, porque nada de lo que hiciera el rey se podía considerar delito, igual que ahora. Los bastardos reales eran, para entendernos, como los partidos políticos independentistas: los grandes partidos los quieren para alcanzar el poder pero, una vez que lo han hecho, no les sirven para nada y los dejan a un lado.

Por aquel entonces, el Rey era la Tierra y la Tierra era el Rey, así que atentar contra su persona era algo inimaginable. ¡Qué sencillo era todo!

Tumba del Rey Arturo en la Abadía de Glastonbury, un ejemplo de cristianización de un símbolo pagano, como la Navidad o el Día de los Difuntos. 

Esta escena, si crees que representa a Hamlet con el cráneo de su bufón en la mano mientras recita “ser o no ser…”, estás equivocado.  

En el siglo XIX, Alejandro Dumas, padre, escribió tres libros que relatan, a lo largo de 30 años, las peripecias de una serie de personajes en la Francia del siglo XVII. Hamlet se desarrollaba en el siglo XV, más o menos, así que aquí avanzamos un poco y encontramos tramas mucho más… ¿Cómo describirlas? Digamos que las relaciones y amoríos de la nobleza de la época harían sonrojarse al reparto de Anatomía de Gray. El rey era el escalón superior de una pirámide social que existía por pura costumbre, y que se tambaleaba en cuanto alguien le daba por pensar que, bien mirado, cien personas armadas con palos, cadenas y guadañas pueden hacer temblar a un par de soldados. La realeza existía, pero era humana, frágil y temporal.

Los tres libros a los que me refiero son Los tres mosqueterosVeinte años después y El vizconde de Bragelonne. Lo de las segundas y terceras partes no es de ahora.

Pero llegamos al presente y, ¿qué nos encontramos? Pues vemos que tener un rey no es necesariamente algo positivo, que un rey primero debe ser buena persona y luego ser rey, y que un mal rey no se merece un reino. Llegado el caso, un mal rey es prescindible y, además, matarlo no está tan mal visto.

Veamos unos ejemplos…

En El Señor de los Anillos tenemos un rey bueno, Aragorn, cuyas manos curan porque es rey y ese tipo de cosas, muy florido y muy celta todo. Es el rey porque es el heredero y ya está, no necesita más… Pero es bueno y eso lo legitima para el puesto. Porque los Nazgûl también están comandados por un tipo con sangre real, el Rey Brujo, pero como es un monstruo, nadie se plantea que matarlo pueda dejar a las buenas gentes de Angmar sumidas en la desesperación y la tristeza por no tener un gobernante. Humano bueno, monstruo malo.

En Canción de Hielo y Fuego, a Jaime Lannister se le conoce como el matareyes. Eso es un insulto porque él debía proteger al rey y no lo hizo, no porque matarlo haya sido un acto deplorable. La historia la escriben aquellos que saben escribir y que se alían con la facción política vencedora. Los vencedores como tal, dicho mal y pronto, por lo general no saben escribir.

En esa saga mueren muchos reyes o posibles reyes. Eso sucede también en la actualidad. Recuerdo el caso de Alfonso, el hermano de Juancar, que… Pero ese es otro tema.

Otro ejemplo: En la saga del Mundodisco de Terry Pratchett, Vimes, un miembro de la guardia, vive con la vergüenza de ser el nieto de un asesino de reyes, que hizo lo que tenía que hacer para salvar al reino de la locura del tipo que llevaba la corona. Al igual que sucede con Jaime, el lector no puede evitar sentir cierta empatía hacia ese hecho concreto y Carapiedra Vimes, el regicida, en realidad te cae bien.

Cuidado: tengo un dragón y está cargado.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? ¿Estoy sugiriendo que la figura del rey ha cambiado en la literatura con el paso de los siglos? En fin, eso es obvio, porque también ha cambiado lo que la mayoría de los mortales piensan de los reyes, pero no lo suficiente. Seguimos leyendo muchos libros recientes en los que la figura del rey se ensalza, se protege, se estima por encima de todas las cosas, como si la supervivencia del reino dependiera de verdad de su figura. Los matareyes simpáticos siguen siendo la excepción.

En el mundo actual, los reyes no nos sirven para nada. En la literatura tampoco, pero seguimos leyendo y escribiendo como si un hombre tuviera derecho divino a gobernar y poderes mágicos que se pasaran de una generación a otra a través de su esperma.

Lucha contra esa idea. Ignórala. Si eres escritor, innova. Si eres lector, escribe al autor para quejarte cuando recurra a los tópicos de siempre.

Pero recuerda: Si tienes un rey y lleva a tu reino al caos, matarlo no es la solución. Puede ayudar, desde luego, y te hará sentir mejor, pero no debes matarlo…

Es mejor convencer a otro para que lo haga.

Un pensamiento en “Matar a un rey no es tan malo”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.