La Princesa Prometida: el libro, la película y una anécdota que no conoces.

La película es una Obra de Arte, así, con mayúsculas y en negrita, y si opinas lo contrario elije un arma y nos batiremos en duelo. La maravillosa banda sonora de Mark Knopfler, todos los actores, el ritmo, la magia, la simpatía… Todo. Es maravillosa. Y, ¿sabes algo que también es maravilloso? El libro.

William Goldman lo escribió en 1973. Este tipo era la caña. Firmó algunos guiones para el cine realmente buenos, como puedes ver en la Wikipedia (esto me lo contó Libertad Garcia-Villada, yo no tenía ni idea). Pero, con La Princesa Prometida, el autor quiso escribir un cuento a sus hijas y quizá por eso destila una magia que no veo en el resto de su obra. La magia se pierde muy fácilmente. Es una pena.

Ésta es la edición que tengo yo. Obra traducida por Celia Filipetto. No me digas que no es bonita.

No voy a decir nada del libro. Lo leí en 1993 gracias a mi hermana Nuria, que era una compradora de libros compulsiva. Es una tradición familiar que yo continuo, a pesar de que tengo dos ereaders en casa. En fin. El libro cuenta más o menos lo mismo que la película, pero cambiando algunas cosas y algunos finales. Ojo, que no es una comedia. Es un libro emocionante que hay que leer con la intención de disfrutarlo, con la mente abierta y, si es posible, tumbado en la cama, tapado con una manta y con un gato ronroneando encima de ti. Eso es la felicidad verdadera, sólo comparable a un bocadillo de cordero, lechuga y tomate, como diría el Milagroso Max, cuando el tomate está maduro y en vez de cordero le pones otra cosa. Pero ése es otro tema y otro bocadillo.

Vamos con la anécdota. Goldman juega a que la historia no es suya, que la leyó en un libro cuando era pequeño, y que él se está limitando a reescribirla, a hacer una transcripción del libro original. En la película sucede algo parecido: recuerda que es una historia que un hombre le cuenta a su nieto. Bueno, el caso es que en un momento dado te encuentras con una escena que, dice el autor, fue eliminada de la “obra original” y que él reescribió tal y como debía haber sido, aunque se ha eliminado de la edición que estás leyendo. Vamos, que Goldman dice que a tu libro le faltan algunas. Y entonces dice esto:

Al final hicimos un pacto […]: Aunque logré que Hiram me prometiese que Harcourt imprimiría mi escena, que ocupa tres páginas y es algo genial, y que si algún lector deseaba ver cómo había quedado, podía mandar una carta o una postal a Urban del Rey, de Ballantine Books, 201 East 50th Street, Nueva York, diciendo sencillamente que desea leer la escena del reencuentro

Total, que mi hermana Nuria, propietaria del libro, decidió escribir una carta a la dirección indicada para pedir esa escena que, según nos indicaban, no se había incluido en la edición final.

Al cabo de unos días recibimos una respuesta. Es una carta brillante, en la que nos informan que, lamentablemente, no disponen de esa escena porque, bueno, es toda una historia de abogados, derechos de autor y problemas internacionales en los que se ve implicada, y no es broma, hasta la NASA.

¡Y así durante cuatro páginas!

Recuerda: era el año 1993 y la mayor parte del mundo no sabía lo que era un correo electrónico. La editorial nos envió una copia de una carta escrita con máquina de escribir y con la dirección escrita a mano en el sobre. Ese tipo de detalles hacen grande a un editor. Me encanta. Básicamente, lo que hace este documento es ampliar el universo del libro, aludir a la complicidad del lector haciéndole saber que todos, autor y lector, y de paso también el editor, están jugando al mismo juego. Lo que se dice en el libro es mentira, la carta también y el lector lo sabe… pero al escribir a la editorial actúa como si todo fuera cierto. Es un gran ejemplo de la magia de la literatura, de por qué nos fascinan los libros. Porque al leer un libro lo convertimos en real y su historia, gracias a nosotros, tiene la misma forma y sustancia que cualquier otra. Porque gracias a Dios, la existencia y la realidad no son lo mismo.

No he encontrado ese documento en castellano en ningún sitio. No sé si se incluirá en las nuevas ediciones de este libro que han surgido como setas tras la muerte del autor (la muerte de un escritor traduce en nuevas ediciones de sus libros, y eso es algo hermoso y macabro al mismo tiempo). Pero no he visto ninguna referencia a “la escena del reencuentro” en ningún sitio. Mi nivel de inglés no me permite traducir la carta con garantías pero, si quieres leerla, escribe un comentario o déjame un email y te la enviaré gustosamente en versión original.

Escaneada, no por correo postal. Yo sería un editor bastante malo.

¿Soy yo, o esta portada de la nueva edición está a medio camino entre horrible y horrenda?

2 comments on La Princesa Prometida: el libro, la película y una anécdota que no conoces.

  1. Me acuerdo como si fuera ayer de esto que cuentas hermano, es un recuerdo de esos que no tienen precio, la carta no puede estar en mejores manos. En mi vida he escrito dos veces a una editorial pidiendo más datos porque me puede la curiosidad, la segunda fue después de leer “La tía Julia y el escribidor” de Mario Vargas LLosa, porque la tía Julia contestó escribiendo “Lo que Varguitas no dijo”, y yo lo quería, que ahora está al alcance de cualquiera pero entonces no. Pero esto es otra historia…. Gracias Edu por este buen rato!

    1. ¡Muchas gracias!

      En el libro, además, está escrito el día que se envió la carta: 16 de agosto de 1993. El matasellos de New York tiene fecha 26 de agosto, ¡así que fueron rápidos respondiendo!

      No sé durante cuántos años ha estado la editorial enviando cartas, pero seguro que han sido muchos.

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