La ceguera del sexo

A veces vemos, pero no entendemos. En lo que se refiere al trato con nuestros iguales somos estúpido e ignorantes, como los niños pequeños con los que son más débiles, o diferentes a ellos. Peor aun, pues tenemos la educación y elegimos ignorarla.

Ah, ¿no?

Este vídeo habla del sexismo en los medios de comunicación:

Sí, lo sé, utilizar el sexo no significa sexismo. La imagen de una mujer hermosa vende mejor un determinado producto. Y si a mí me gusta (que es verdad), ¿dónde está el problema? El problema está en colocar la línea que separa la función de la persona.

Piensa en las mujeres que destacan en la política:  Se habla tanto (o más) de sus vestidos o de su figura que de sus actuaciones profesionales. Los deportistas destacan por sus logros, y las deportistas por lo sexi que resultan en mallas.

Ah, ¿no?

Escribe “tenista sexi” o “atleta sexi” en tu buscador, y cuenta los resultados de deportistas masculinos que aparecen. Ahora busca “tenista fuerte” o “atleta record”. Ten en cuenta que estamos usando expresiones neutras, y dime si el resultado es similar al de la primera búsqueda.

De la industria de la pornografía y del dinero que mueve no hace falta hablar, ¿verdad?

No hay nada malo en el porno. O no debería, si no fuera porque el consumo excesivo de pornografía hace que el consumidor precise escenas cada vez más violentas y extremas para excitarse, y pasa lo que pasa. Y por “gente”, me refiero a “hombres”.

La prostitución mueve mucho dinero. Nos referimos a hombres que pagan por acostarse con mujeres, porque las mujeres que pagan a cambio de sexo siguen siendo una minoría que, por otra parte, tiene gustos radicalmente diferentes a los de los hombres.

Por eso todos los días aparecen noticias de mujeres esclavizadas, de niñas vendidas a prostíbulos y del comercio del sexo. Lo preocupante no son los proxenetas, que en su profunda psicopatía al menos obtienen un beneficio económico. Lo realmente doloroso es que haya tantos hombres dispuestos a acostarse con mujeres sin preocuparse de su estado. ¿Qué pasa por la cabeza de un hombre cuando se acuesta con una mujer que está siendo retenida en contra de su voluntad?

Prefiero no saberlo.

He empezado hablando de la falta de representación de la mujer en los medios de comunicación, pero mira dónde hemos acabado. Quizá, en diferentes niveles, todo está conectado. Igual que una mujer debería abandonar sin mirar atrás a un hombre cuando le falta al respeto por primera vez (lo siguiente será levantarte la mano y créeme, a los maltratadores se los ve venir), todos, hombres y mujeres, deberíamos rechazar una actitud machista desde el primer momento.

Pero a los hombres en general el machismo nos sienta estupendamente bien, y algunas mujeres aprovechan determinadas facetas de ese machismo, sin darse cuenta de las consecuencias de lo que hacen: no se puede comprar una moneda de una sola cara, y si te gusta que te hagan sentir como a una princesita, antes o después te acabarán tratando como a una muñeca.

¿Por qué hablo de todo esto en un blog dedicado sobre todo a libros y literatura? Porque estoy escribiendo algunos relatos en los que el sexo y las diferencias entre los hombres y las mujeres forman parte de la trama, y al buscar información me pongo de mal humor. Y el mal humor, en este caso, es bueno compartirlo.

Aviso, porque el que avisa ya se sabe: si pronuncias la palabra feminazi delante de mí, te abriré la cabeza con una piedra y te sacaré toda la mierda que encuentre dentro. Busco la igualdad cuando no existe, y esa balanza se desequilibra hacia los dos lados.

Así que antes de hablar, pienso. No siempre lo consigo.

3 pensamientos en “La ceguera del sexo”

    1. Tampoco profundizo demasiado en ninguno de ellos porque no es el lugar adecuado, pero…

      Recuerdo una conversación con un chico que había pillado a su hermano de ocho años viendo porno duro. Simplemente estaba a su alcance y, con la curiosidad de un niño de su edad, acabó viendo vídeos más propios de una persona hastiada del sexo convencional que de alguien que no sabe ni lo que es. ¿Qué pensará ese niño? ¿Cómo creerá que debe portarse con una chica?

      ¿Qué será para él lo normal?

      También recuerdo hablar con un tipo que decía que en España no había tanto machismo como yo decía. “Vete a un pueblo pequeño de Castilla, Extremadura o Andalucía, un domingo antes de la hora de comer”, le dije. “Entra en un bar y dime cuantas mujeres ves.”

      El me decía que eso era mentira, pero yo sigo encontrándome bares en los que sólo hay hombres a los que si les pregunto por sus parejas me dirán que “la parienta está en casa haciendo la comida”. En las ciudades o pueblos grandes quizá no se nota. No ocurre en el pueblo en el que vivo (no TANTO), pero en pueblos más alejados se nota mucho más, creo yo.

      A veces creo que vivimos tan rodeados de mentiras que ya no les damos importancia.



      Creo que hoy no estoy de humor para escribir. Me iré a leer un rato. De pronto, la antigua Roma me parece muy interesante 🙂

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