La calle de las mentiras: nazis, humor negro y supervivencia

Una de las portadas más descriptivas sin spoilers que he visto nunca

¿Cuándo fue la última vez que te sorprendió un libro? Empecé esta lectura pensando “bueno, a ver qué me encuentro”, porque no las tenía todas conmigo. Conocía al autor por su faceta de youtuber a través de sus vídeos de rock, metal e historia, pro no tenía ni idea de cómo se podía desenvolver como escritor… Pero en fin, en sus vídeos, que están muy bien, a veces menciona este libro y le di una oportunidad.

¡Y es lo más mejor que he leído en mucho tiempo! ¡O al menos, lo más sorprendente y divertido!

¿Y qué es lo que cuenta? Pues en palabras del autor:

Todos los vecinos de la calle Adler ocultan en sus casas un secreto inconfesable que les puede llevar a una muerte segura. Y todos y cada uno de ellos odian a los nazis, pero viven en una Alemania donde el auge del nacionalsocialismo es imparable. Para no ser descubiertos, tratan de hacer ver a los demás que son fervientes seguidores de la causa, promoviendo actos en favor del Tercer Reich como quemas de libros y discursos públicos, provocando de forma inconsciente una hilarante competición entre ellos por demostrar quién es más nacionalsocialista. Poco a poco, los misterios y engaños se van acumulando en una espiral de mentiras imposible de esconder a las autoridades. ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar para no ser desenmascarados? ¿Cuántos interrogantes podrán amontonarse antes de que todo se descubra?

(No dejes de ver el último vídeo que enlazo, en el que se habla de la quema de libros y con el que vas a levantar una ceja, o las dos).

Este libro tiene bastantes reseñas en Amazon, donde puedes comprarlo. Pero si quieres saber mi opinión, ahí van los puntos positivos:

  • La mezcla de humor y nazis funciona bien. No es una comedia con chistes y gags, pero hay muchos momentos que te sacarán una sonrisa.
  • Sus dos puntos fuertes son los personajes, bien caracterizados, creíbles y desarrollados con detalle, y la historia, que avanza y se complica lo suficiente como para resultar interesante.
  • Los detalles están muy cuidados, desde las localizaciones hasta las pequeñas pistas que se dejan caer a lo largo de la lectura. Porque tiene sus interrogantes, aunque tampoco sea una novela de intriga y misterio.
  • Tiene una considerable dosis de mala leche y humor negro que resulta sorprendente y, en fin, también reconfortante. Muere bastante gente, te lo advierto.
  • Es un libro tirando a largo. Vamos, que no es la típica idea desarrollada en un puñado de páginas, sino que está trabajado y eso se nota.

Y ahora, vamos con lo que no me ha gustado:

  • A veces resulta un poco repetitivo. Hay una especie de escena recurrente, cuando algunos de los protagonistas se reúnen en una taberna, que puede hacerse un poco pesada.
  • Algunas escenas y situaciones parecen exageradas, como si la balanza se desequilibrara hacia el lado que le interesa al autor. Puede que en algún momento pienses “vale, con esto se ha pasado”.
  • Hay unas cuantas erratas por ahí sueltas. Ya sé que esto pasa en muchos libros y que es inevitable, pero en fin, hay que decirlo todo.

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Llevaba un tiempo leyendo libros con ideas muy buenas pero mal ejecutadas, y pensé que me iba a ocurrir lo mismo, que notaría la inexperiencia del autor, como sucede con muchas “primeras obras”.

Pero no ha sido así. No parece el libro de “un tipo que se ha apuntado al carro de escribir” sino de un escritor profesional.

Esta frase suena muy fea y parece que estoy denigrando a los autores no profesionales, o que sugiero que el autor a priori “no parece profesional” y por eso me ha sorprendido. Pero no van por ahí los tiros.

Me explico: Hay autores con un estilo simple (que no sencillo), pobre y poco trabajado, que da la sensación de que no saben trasladar sus ideas al papel. Las escenas de acción, las escenas de sexo y los diálogos en los que se cuentan intimidades, por ejemplo, son un buen indicador de cuando un autor se ha molestado en “aprender” a escribir en todo tipo de situaciones y no solo en los terrenos en los que se siente cómodo.

Me pasa con muchos autores noveles, pero también con autores consagrados, como Javier Marías, que parece que siempre escribe con el mismo tono y que me resulta monótono. O la carencia emocional de Rothfuss, que no me transmite nada (aunque las historias son buenas, las emociones no se las compro), o las inconsistencias de Sapkowski, que a veces da la sensación de que no se molestó en trabajar algunas escenas confusas que en su cabeza funcionaban muy bien, pero que sobre el papel hacen aguas.

Con Miguel de Lys no me ha ocurrido esto. Hay algún diálogo un poco flojo, referencias forzadas o escenas exageradas… pero está todo muy bien hilado y no te saca de la historia. Puedes creértela o no creértela, puede gustarte más o menos, pero es una historia con entidad propia, coherente, con atención a los detalles…, consistente, vaya, y eso es lo que marca la diferencia.

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Total, que La calle de las mentiras ha sido un soplo de aire fresco, y un libro que, después de haberlo comprado en digital, me planteo comprarlo en papel para poder prestarlo a algunos amigos y familiares que sé que van a disfrutarlo. Con eso creo que ya lo digo todo.

Quemar libros no es buena idea en ningún caso. Aunque sean biografías de famosos.

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