Kolo (Historias sobre el Cambio Climático)

Algunos de los autores de este blog estamos participando en el concurso de relatos sobre el cambio climático que organiza Zenda Libros. Aquí va mi primera participación, a la que voy a bautizar como Kolo. ¡Espero que le vaya mejor que el último relato que presenté para Zenda!

Borja Alonso Alonso (Twitter)

Ni se te ocurra descalificarme. ¡Soy adorable!

Kolo

«Te espero en el Suelo Negro al anochecer. Eres perro muerto, Kolo»

Fauces, al igual que la mayoría de miembros de la jauría, era demasiado joven para recordar el desastre que había arrasado el hogar de los Pataslargas. Kolo, por el contrario, aún recordaba el miedo que sintió cuando llegó El-Mar-Que-No-Cesa.

La pelea contra Fauces, un braco alemán negro como un demonio, fue encarnizada. El suelo se manchó con la sangre de los dos sabuesos, y contra todo pronóstico, el viejo dogo se alzó vencedor sobre el aspirante a Alfa. Lo consiguió por perro viejo, y por la mínima.

Al día siguiente, Kolo hizo tiempo bajo el laberinto de Carros de Hierro procurando disimular su cojera. De cachorro, Amo le sacaba a pasear nada más nacer el día, pero ahora, si uno asomaba el rabo antes de que el Orbe Amarillo desapareciera, era perro asado. Kolo bebió agua limpia de un canal de hierro y fue en busca de Masquemanchas.

El podenco era elegante, joven y listo. Aquella noche le enseñaría un par de  rincones de Ciudad Gris donde encontrar comida. Llevaba haciéndolo durante varios días. Masquemanchas meneó la cola y obedeció.

La pareja dejó el laberinto de Carros de Hierro y descendió hacia Ciudad Gris. Kolo aún recordaba aquellos edificios antes de ser cubiertos por las enredaderas, así como el ruido insoportable y los olores asquerosos. Desde que El-Mar-Que-No-Cesa había arrasado las guaridas de los Pataslargas, los hedores habían desaparecido y las plantas habían reclamado lo que antes era suyo. Los árboles crecían salvajes, reventando el suelo gris.

A Kolo le parecía un cambio a mejor.

El viejo dogo se coló junto a Masquemanchas en un edificio lleno de sacos de comida seca. Era asquerosa, pero no venía mal si la caza flojeaba. A continuación, como otras veces, Kolo le enseño al podenco qué olores debía evitar —como el tufo de las Mordisqueadoras y los Zarpas— y le mostró como debía moverse por las zonas inundadas de Ciudad Gris.

«¿A dónde me llevas, Kolo? Este sitio huele a miedo»

Se habían colado en un edificio vallado a través de un agujero en el enrejado. Dentro encontraron innumerables jaulas oxidadas aún impregnadas del hedor del sufrimiento y la desesperación. Masquemanchas ladró, asustado.

«Los Pataslargas llamaban a este sitio Perreras. Nos encerraban en esas jaulas, solo el Orbe Amarillo sabe por qué motivo». Kolo se giró hacia el podenco. «Puede que llevemos muchos inviernos sin ver ninguno, pero los Pataslargas son muy reales, créeme»

«¿Qué pasó con ellos? ¿A dónde fueron?». Masquemanchas levantó las orejas.

El viejo dogo no lo sabía, pero deducía que algo le habían hecho a Madre-de-Todos. Desde que tenía memoria, las tormentas se habían ido haciendo cada vez más violentas y los veranos más duros. Los primeros en alejarse de las costas fueron los Emplumados Impertinentes. Entonces llegó El-Mar-Que-No-Cesa y arrasó Ciudad Gris. Tras el desastre, los Pataslargas empezaron a matarse entre ellos, y poco a poco, fueron desapareciendo.

«Te cuento esto porque si llega el día en el que los Pataslargas regresan, no debéis permitir que os esclavicen de nuevo» Kolo estiró el pescuezo y le mostró su collar desgastado. «Y también te lo cuento porque la próxima vez que Fauces me desafíe, vencerá. Estoy viejo, Masquemanchas, y alguien mejor que ese asesino debería ser mi sucesor…»

Masquemanchas meneó la cola y torció el hocico.

«¡No pienso desafiarte, Kolo!» Ladró el podenco.

«Eres un Primera Camada, Masquemanchas, y un perro muy listo. Te he enseñado todos los secretos que conozco. Estoy convencido de que, por honor, jamás te atreverás a ladrarme, pero tranquilo, no será necesario que tus colmillos conozcan el sabor de mi sangre…»

↝↝↝

Antes de que la hora más fría obligara a la jauría a apretujarse en busca de calor, Masquemanchas regresó. En sus mandíbulas sostenía el collar de Kolo, mordisqueado y destrozado. Al verlo, Fauces ladró y montó en cólera, pero no se atrevió a desafiar al podenco. Tras aquello, ningún perro dudó sobre quién debía ser el nuevo alfa de la jauría.

↝↝↝

Kolo se avergonzaba un poco de haber mentido al joven podenco. No todos los Pataslargas eran malos. Estaba el Amo. De hecho, le debía la vida. 

«Pero la jauría no necesita saberlo»

Amo le había adoptado cuando era un cachorro y fue el que le llevó a la perrera antes de El-Mar-Que-No-Cesa arrasara con todo. Tras abrir las jaulas, lo abrazó y dejó que escapara con los suyos. El viejo dogo no se enfadó con él por marcharse. Entendió que los dos tenían una familia a la que cuidar. Aquel día, Kolo se conviritió en el alfa de la jauría.

Cojeando, el viejo dogo salió de la perrera y bordeó al apestoso nido de las Mordisqueadoras. Luego cruzó un puente y se dirigió al campo de las Piedras Planas.

El viejo dogo solo se había cruzado con un Pataslargas en los últimos inviernos, y reconoció su olor de inmediato: era una de las crías de Amo. La hembra le dio una golosina y le llevó hasta un campo de piedras planas más allá de Ciudad Gris. Una vez allí, le dijo algo sobre una promesa, le rascó bajo el cuello —como echaba de menos aquello— y se marchó.

Kolo mantuvo el encuentro en secreto. 

El viejo dogo sabía perfectamente quién estaba enterrado bajo aquella losa de piedra. Ya en su ocaso, Kolo decidió morir junto a su Amo. Más allá del cementerio, la Madre-de-Todos seguiría, a su ritmo, recuperándose de sus heridas. La jauría crecería fuerte sin los Pataslargas, al igual que las Mordisqueadoras, los Emplumados, los Zarpas…  Kolo tenía muy claro que el Amo y los suyos ya habían tenido su oportunidad, y que la habían desaprovechado. La duda era si estos habían dejado lo suficiente para que Madre-de-Todos y el resto prosperaran sin ellos.

#COP25.

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Mi anterior participación para Zenda (Máximo Hiato y la Gran Calamidad)

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