El pájaro que vive dentro de nosotros

Corría el año 1973. Fue un buen año, en el que nacieron muchas personas interesantes. 

El 23 de octubre, en Estados Unidos, se estrenó una película inusual: Estaba protagonizada únicamente por gaviotas. ¿Y por qué la menciono aquí? Porque estaba basada en un libro del que merece la pena hablar. Pero ojo, que la crítica no siempre es buena.

Portada de la edición que leí varias veces cuando era pequeño. Creo que era esa, pero no lo sé seguro. Mataría por encontrarla.

Juan Salvador Gaviota es un libro que se vende a veces dentro de las categorías de “espirituales” o “religiosos”. ¿No lo has leído? En pocas palabras, cuenta la historia de una gaviota y su búsqueda de la velocidad perfecta, una búsqueda que la aísla de sus congéneres y, por decirlo de algún modo suave, la lleva hasta la iluminación. Todo muy espiritual y religioso, pero sin velas ni incienso, y con menos cruces y clavos de lo habitual.

Te suena, ¿verdad? El inconformista dentro de la manada, la búsqueda de algo superior, la convicción de que existimos en la tierra para algo más que para comer y reproducirnos… La prosa es sencilla y llana, como sucede con la mayoría de libros de este estilo. Está dirigido a un público general, y eso se nota. ¿Que si ha envejecido? Mucho. Pero hay que colocarlo en perspectiva…

1970. En Estados Unidos, Nixon es presidente, la Guerra del Vietnam no va nada bien, y el espíritu de Woodstock está presente en una sociedad cansada, agotada y consciente de que, después de las décadas del crecimiento económico de la postguerra, se avecinan tiempos complicados.

Richard Bach, un piloto apasionado del aire y de las palabras, da rienda suelta a su imaginación y escribe una historia de libertad, amor y crecimiento espiritual, muy visual, cercana y, todo hay que decirlo, a veces tan obvia y pastelera como un merengue relleno de chocolate.

Pero esa ingenuidad se perdona, porque hay que ver la obra en su contexto. Por aquel entonces, Carlos Castaneda era tan sólo un antropólogo excéntrico, los libros de autoayuda eran poco más que tratados pseudomédicos para deprimidos, y Paulo Coelho aún no había empezado a escribir sus libros de citas. Y en ese entorno gris, hostil y pidiendo a gritos una renovación, Richard Bach escribió su obra más conocida. Fue un libro, si me permites la expresión manida, adelantado a su tiempo.

Se rodó una película, como ya he dicho, formada por escenas de gaviotas, cielos y olas encrespadas. Neil Diamond compuso una banda sonora eterna e inmortal. Inspiró a una generación de paracaidistas y amantes del ala delta y, en definitiva, se convirtió en una adaptación perfecta de un libro muy complicado de llevar al cine. Visualmente es una obra de arte, para disfrutar con un buen equipo de sonido y la textura envejecida de las cintas de vídeo.

El libro es inocente, sí, de cuando nuestros pensamientos eran más puros, y nuestras emociones más sencillas. Quizá por eso resulta tan agradable leerlo de nuevo y comprobar que consigue de nuevo, a su manera, emocionarnos.

Yo era un niño cuando lo tuve por primera vez entre mis manos. Dedicaba los días a leer, cerrar los ojos y soñar. El mundo era grande y misterioso, y el futuro era maravilloso.

Ahora, cuando el tiempo se cobra su tributo y me pone en mi lugar, cuando al mirar atrás sólo veo sueños perdidos y decepciones, como cualquier persona que alguna vez tuvo fe en el futuro o creyó poder volar, busco un recuerdo o una canción que me lleve de nuevo a las nubes, al mar encrespado, al viaje iniciático de una gaviota que sólo quería volar más rápido.

Afortunadamente, al cielo le importa muy poco que nosotros estemos ahí.

2 pensamientos en “El pájaro que vive dentro de nosotros”

    1. ¡Es una banda sonora excelente!

      Como curiosidad… Recuerdo haber visto la película, hace muchos años, con la letra de las canciones en subtítulos. Ahora, por más que busco, encuentro la película en castellano, en inglés, en inglés con subtítulos… pero las canciones no aparecen subtituladas en ninguna de ellas.

      No es que sea imprescindible, ya lo sé, pero para alguien que ve la película por primera vez, es un detalle que se agradece.

      O quizá es mi componente nostálgico, que busca esa primera versión. Incluso prefiero ver la película con el grano y la definición deteriorada de un ripeo de VHS que las versiones más nítidas que he encontrado posteriormente… Pero eso ya son manías 🙂

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