El “Director’s cut” de un libro es como los pimientos de Padrón

Los pimientos están bien. No tengo nada en contra de ellos. Pero vamos al lío, que esta entrada es complicada y puede levantar alguna ceja.

Un editor puede proponer la modificación de una obra para mejorar las ventas, ¿verdad? ¿Lo que haga falta? ¿O existen límites? Las diferencias de opinión entre autores y editores a veces dan como resultado dos obras diferentes: la que ha escrito el autor y la que llega al público.

(Iba a decir “la que llega a las librerías”, pero eso suena algo irreal, bucólico e inocente, como de otra época. Hace tiempo que los libros se venden on line y en centros comerciales, junto a los juegos de cama y el menaje del hogar).

Vamos a hablar de las versiones originales y de los montajes del director, que es como llamamos* a las versiones de una obra tal y como han sido escritas por el autor, sin pasar por ningún filtro (editor, comité de lectura, lectores beta o madre abnegada). Y esto viene porque…

*Así es como lo llamo yo, vale, pero suena bien.

Éste es el gif más feo que verás hoy. Imagina que suena un redoble de tambores, que es la idea.

Porque hace poco he terminado La red de Caronte: Versión extendida, un libro de Gemma Herrero Virto que me llamó la atención por el título. ¿Versión extendida? ¿Qué significaba eso de “versión extendida”?
Como explica la autora, cuando una editorial se interesó por el libro le pidió que realizara una serie de modificaciones que, además de variar el punto de vista narrativo, terminaron por acortar la extensión de la obra de forma significativa. La autora quedó contenta con el resultado, pero siempre le quedó la cosilla (término científico) de no haber publicado la novela tal y como fue concebida. De ahí la “edición extendida” o lo que he llamado “montaje del director”, que queda como muy cool, fashion y, en definitiva, más mejor. Luego hablaré de este libro en particular.

La portada da muy mal rollo.

Esta práctica es habitual: el editor propone una serie de cambios al autor orientados a mejorar la obra y las ventas. A veces aciertan, y a veces no. Además, mejorar las ventas no implica mejorar la obra, que conste. Aquí van unos ejemplos escogidos al azar de cambios en las dos direcciones.

  • Apocalipsis, de Stephen King. Se publicó en 1978 en una versión abreviada porque su editor no quiso arriesgarse con el ladrillo largo, terrible e inflado que se re-publicó íntegro en 1990. Del maestro King podemos decir muchas cosas buenas y alguna que otra mala, y una de las últimas es que a muchos de sus libros le sobran palabras para dar, regalar y empapelar. Normal que el editor quisiera acortar la obra.
  • Un Planeta llamado Traición, el segundo libro de Orson Scott Card, se volvió a publicar renombrado como “Traición”, a secas, en una versión pulida por el autor, dicen unos, una novelización de un relato, dicen otros, “la obra tal y como yo la concebí”, dijo el autor en una ocasión… Pero para muchos, la nueva versión es un pastel moralizante lleno de pegotes, adaptado a las “novedosas ideas” del autor.
  • Con La Naranja Mecánica, el autor Anthony Burguess se agarró una rabieta monumental porque el editor decidió no incluir el último capítulo del libro, dedicado a la redención del protagonista, y con ello cambiaba el sentido de la obra de forma radical. Kubrick tampoco tuvo en cuenta ese último capítulo, por si te lo estás preguntando.
  • Por último, es famoso el caso de El Señor de los Anillos que, como a Tolkien se le fue la mano con el texto y el papel estaba caro, tal cual, su editor decidió publicarlo en tres volúmenes y así, con suerte, repartir gastos y no arriesgar mucho. Tolkien aprovechó el tiempo entre publicaciones (motivado por las ventas) para realizar algunos cambios y pulir la obra, así que se puede decir que la decisión del editor influyó en el resultado final del libro.

¿Qué significa todo esto? Pues que el editor se supone que, por su experiencia, sabe cómo mejorar una obra y los cambios que propone al autor son razonables y orientados en esa dirección. Pero los escritores no son muy dados a dejarse aconsejar, y por otro lado el ego de un escritor es inversamente proporcional a su valía. Es decir: cuanto más pasmarote, prepotente, patán y ceporro es uno con las palabras, más convencido está de haber escrito una obra maestra y cualquier sugerencia para modificarla hace que entre en cólera y se ofenda como una monja en una condonería.

(Nota: Yo también lo hago, lo admito, pero en general no conviene justificar las críticas. Queda muy mal y lo detesto. Cuando alguien responde a una crítica diciendo que “esto es así por esta razón” parece que piensa “no voy a hacerte caso porque no me has comprendido y además no tienes ni idea”).

Escritor leyendo la crítica de un libro suyo. Tal cual.

¿Que ocurre con la “versión extendida” de La Red de Caronte? Pues que, a mi juicio, le sobran palabras. Es una novela negra interesante, se lee con facilidad y atrapa al lector, pero llega un punto en el que uno quiere que la acción avance con más rapidez y las escenas cotidianas, por decirlo de algún modo, se hacen largas. Borges decía que hay que evitar “las escenas domésticas en las novelas policíacas y las escenas dramáticas en los diálogos filosóficos”. No siempre es verdad, pero ahí queda eso.

Lo curioso es que, aunque la autora me regaló la versión extendida por suscribirme a su página, me he comprado la “versión original” para leerla y comparar las dos versiones. Soy así de maniático.

Te preguntarás: ¿tan buena es la historia que quiero leerla dos veces? Pues… La trama no es para tanto, el estilo es un poco inocente a veces, algunos diálogos y actitudes de los protagonistas son de adolescente pazguato, pero… Tiene un no-sé-qué que me ha llamado mucho la atención. Las emociones y el carácter de los personajes secundarios (¡y de las víctimas!) está bien reflejado. La historia es sencilla y lineal, pero mantiene el interés y tiene sus momentos. Además, la autora ha escrito más libros con los mismos personajes y uno se queda con ganas de más, así que…

La conclusión es que, con La Red de Caronte, algunos dirán que la versión normal puede resultar corta o que le falte profundidad, pero aun así les habrá gustado. Sin embargo, la versión extendida, que a esos lectores les gustará más que la original, puede resultar aburrida para otros. Y ése es un riesgo que nunca deberíamos correr.

Esto nos aclara, por si existía alguna duda, que nunca llueve al gusto de todos. De una película puedes vender un “montaje del director” porque a sus fans no les importará verla otra vez bajo otro punto de vista o con escenas añadidas… Pero con los libros no sucede lo mismo, no existen las relecturas compulsivas (salvo excepciones) y es mejor presentar una única versión al lector bajo la premisa de “menos es más” guardando las ideas y las escenas extra para otro libro, antes de publicar una versión extendida.

Y eso es todo. ¿He sido muy pesado? ¿Sí?

Bah, tú que sabrás.

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