DOS NOVELAS DE JAMES FREY

Pues sí, este es, efectivamente, James Frey.

Si fuera Eduardo Enjuto o Borja Alonso, lo más seguro es que esta entrada tratase sobre la serie de libros de James Frey de ciencia-ficción/fantasía Endgame o sobre la serie, también de ciencia-ficción, de la que James Frey es uno de los autores, Los Legados de Lorien. Pero como no soy ninguno de ellos, voy a hablar de dos de sus “novelas contemporáneas”: En mil pedazos (Editorial Taurus) y Una mañana radiante (Editorial Mondadori). Las leí hace tiempo, en inglés, antes de que fueran publicadas en España, y no las tengo a mano, así que esta entrada, en vez de tratarse de una reseña como Dios manda, no es más que un simple picoteo.

¿Cómo conocí a James Frey? Por casualidad: hace años, un buen día en que no tenía a mano nada que leer, o nada que me apeteciera en ese momento, pasé por una tienda de libros y me encontré cara a cara con En mil pedazos.

Sprinkles, sprinkles everywhere

En mil pedazos

Lo primero que llamó mi atención de esta novela que desconocía por completo (a ella y a su autor) fue, por supuesto, la portada, que se sale un poco de lo convencional. Pero más que nada me hizo preguntarme por qué alguien querría tener la mano cubierta de sprinkles (es que yo soy muy escrupulosa y estas cosas me perturban un poco). Así que me puse a leer de qué iba la trama. Resultó que la portada tenía todo que ver con el título y nada con la historia que cuenta la novela. No, no va de manos cubiertas con bolitas de azúcar de colores…

¿De qué va, entonces? Pues narra la experiencia de un joven de veintitrés años, alcohólico desde los trece y adicto al crack desde los veinte, en un centro de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos, en el que es internado para que supere sus adicciones. Como es un “niño de papá”, de una “familia bien” que se dice, se trata de un centro para gente con pasta, lo que no evita que se encuentre allí con lo mejor de cada casa. En este centro nuestro joven protagonista interaccionará con gente de lo más variopinta, se hará amigo de un importante capo mafioso y se enamorará de una joven iniciada en la drogadicción por su propia madre. Pero lo que cuenta, más que nada, es su lucha para superar sus adicciones o su caracter autodestructivo, que en este caso viene a ser lo mismo. La trama es heavy, la verdad.

A lo largo de la novela, cuya historia es un viaje iniciático de aquella manera, también van descubriéndose más y más detalles de este héroe de nuestro tiempo: que vendía drogas a sus compañeros de clase en la universidad, que ofrecía drogas a cambio de sexo a sus conocidas drogadictas, que se acostaba con prostitutas, que casi mató a un cura de una paliza porque le puso la mano en un muslo y otras obras ejemplares (las citadas son las que más o menos recuerdo). Se trata de un chico algo difícil.

Leí la novela sin saberlo, pero este joven de familia bien, este “angelito”, es el propio Frey, y lo que en ella cuenta está basado en hechos reales. Digo “basado” porque En mil pedazos no es enteramente autobiográfica, en el sentido de que Frey se tomó la libertad de exagerar o adornar algunas partes para hacerlas más interesantes o sorprendentes.

En su momento, la novela fue un gran éxito comercial seguido de un monumental escándalo, cuando se descubrió este pequeño detalle: que la historia, vendida como autobiográfica, no era del todo verídica. ¿Importa? Creo que esta cuestión plantea un debate interesante, tanto en relación con esta novela en particular como en general, sobre todo en estos tiempos que corren, en que se han puesto de moda las obras “autobiográficas” de escritores famosos y no tan famosos (temenos como ejemplo notable Mi lucha, de Knausgård). Desde mi punto de vista, no. A ver, que no estamos hablando de un personaje histórico ni de nadie que haya hecho una aportación crucial al desarrollo de la Humanidad. Estamos hablando de un individuo que vive de contar historias inventadas en mayor o menor medida, nada más…, ¿qué se puede esperar de él?

Leí En mil pedazos creyendo que era ficción y el hecho de que en gran medida no lo sea le aporta interés añadido, pero que sea en parte ficción no le quita ningún mérito. Frey nos cuenta una buena historia, interesante e intensa, y nos la cuenta muy bien: te engancha desde la primera página y no te da tregua; la novela se devora en un pis pas y le deja a uno con la sensación de que ha leído algo diferente. Merece mucho la pena. ¿A quién le importa que sea o no verdad o una verdad a medias? ¿A quién le importa la vida de Frey? A su familia y poco más. A los demás lo que nos debe importar es que haga bien su trabajo, que es escribir buenas historias.

La tercera cosa que me llamó mucho la atención de En mil pedazos fue el estilo de Frey. Es simple, llano, sin adornos, a veces obsesivo/repetitivo y, esto sí que sí, directo como un puñetazo en el estómago. Muy diferente al de cualquier otro escritor que yo haya leído. Muy especial. Pero esto tiene uno que verlo (y sentirlo) por sí mismo.

Una mañana radiante

La otra novela de Frey de la que quería hablar es Una mañana radiante. La leí justo a continuación de En mil pedazos, motivada por la impresión que esta última me había producido. Una mañana radiante sí que es una novela de ficción, si bien al leerla uno tiene la sensación de que sus protagonistas, y sus historias, son tan reales como la vida misma.

La acción transcurre en Los Ángeles, que, además de ser el lugar en el que conviven todos los personajes de la novela, es un personaje más. Frey nos cuenta curiosidades de esta monstruosa ciudad y nos muestra de una manera brutal detalles de todos los estratos sociales que contiene, desde las estrellas de cine hasta los mendigos de la calle.

La novela es coral, nos cuenta historias de diferentes personajes (hombres, mujeres, jóvenes, no tan jóvenes, blancos, no tan blancos…) que transcurren en paralelo y que en ningún momento se cruzan entre sí, el único nexo que las une es la ciudad en que tienen lugar. Pese a que algunas de sus historias son mejores, están más logradas, que otras (y ya sabes lo que hacemos los lectores cuando esto ocurre: leemos de carrerilla las que no nos gustan tanto para llegar cuanto antes otra vez a las que sí nos gustan) y a veces resulta algo predecible, la novela engancha, entretiene y no decepciona. Pero no es tan buena, desde mi punto de vista, como En mil pedazos; comparada con esta es una novela menor, un mero pasatiempo.


¿Por qué no he vuelto a leer nada de Frey? Lo cierto es que en su momento, tras leer las dos obras anteriores, me sentí tentada a leer My friend Leonard, novela en la que profundiza en su relación (casi paterno-filial) con el capo mafioso de En mil pedazos. Pero ese estilo tan peculiar que tiene Frey para escribir, igual que atrae, satura un poco, y decidí que necesitaba un respiro. Y luego, por una cosa o por otra, nunca he tenido tiempo para volver a él. Tampoco soy mujer de un autor solo (ni de unos pocos), con todos los que hay, sería una pérdida de tiempo, o esta es mi opinión. Pero, quién sabe, quizá lo retome un día de estos, porque My friend Leonard promete.

Sí, James Frey pasó por la cárcel, como era de esperar. Qué mala es la juventud para algunos.

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