Caperucita Roja y el spray de pimienta

En La Voz de Galicia han publicado un artículo sobre cuentos populares que te va a encantar. Ya sabes que las versiones de los cuentos que conocemos, por lo general, están adulteradas o, mejor dicho, infantilizadas para que puedan ser degustadas por los niños, a los que tratamos como si fueran frágiles y de mente débil.

Yo voy a pasar de largo por el sangriento final de Cenicienta, cuyas hermanastras se mutilaron los pies para que entraran en el dichoso zapato, y que finalmente fueron cegadas a base de picotazos de pájaros por portarse mal.

Olvidaré la violación de La Bella Durmiente (en la versión de Basile), donde quedó embarazada de un príncipe poco escrupuloso que, como ya nos tiene acostumbrados la realeza, no sabía tener la cremallera del pantalón cerrada y aprovechó que dormía para abusar de ella (la muchacha tiene dos bebés y uno, al mamar de su dedo, extrae el veneno y despierta a la madre… pero ahí no termina el cuento).

Ignoraré la crudeza del cuento de Hansel y Gretel que, no nos olvidemos, son abandonados por sus padres para que mueran de hambre en el bosque. Eso sí es maltrato infantil, señor Losantos. Pero este cuento no ha cambiado mucho y, al fin y al cabo, que los niños abandonen un hogar pobre lo llamamos “ser aventureros“…

Aquí puedes leer el artículo completo y aquí un par de comentarios sobre el mismo que tienen su miga.

Vamos con Caperucita, mi preferida. Hay muchas versiones del cuento, pero la de Perrault es de las más truculentas: Caperucita se quita la ropa y la quema en la chimenea, después de un breve episodio de canibalismo que el escritor omitió de la tradición oral (puedes imaginarte la escena), y se mete desnuda en la cama con el lobo que, como es de esperar, acaba con su vida. Se la come igual que a la abuela. Tal cual. Ni leñador, ni gaitas. Y esto lo contaba el autor en un libro para niños.

La moraleja está clara, ¿verdad? En una época más dura y simple, si eras una niña debías recordar, siempre, siempre, que debes hacer caso a sus padres y no fiarte de extraños, ni hablar con ellos, ni seguirles el juego. Porque lo que quieren los extraños es que te desnudes y te metas en la cama con ellos.

Hablamos de desconocidos, de niñas y de bosques. Esas cosas no terminan bien.

Ahora veamos las versiones más modernas y edulcoradas, es decir, versiones light de una historia terrible:

Hermanos Grimm: El leñador aparece, salva a la abuela (que estaba sin digerir dentro de la tripa del lobo), y a Caperucita. Luego mata al lobo por el extraño método de abrirlo en canal, rellenarlo de piedras y coserlo de nuevo para que se caiga a un pozo y muera ahogado. Hay que ser retorcido y un poco rarito para hacer eso, creo yo. Pero en fin, son cuentos. Jigsaw aprueba el método de los Grimm.

Disney: Los tres cerditos intervienen un par de veces, convirtiendo el cuento en un infame crossover con un único mensaje: Lobo Malo.Y es que lobo no hay más que uno. Primero indican el camino a la niña y, al final, cuando llega la hora de cenar, aparece uno de los cerdos vestido de fontanero y salva la situación. Confiemos en que, después de esto, esa buena familia se haya vuelto vegetariana.

Luego están las versiones en formato “cuento para niños”. ¿No has leído ninguno? En algunos de ellos terminan siendo amigos. Como te lo cuento. Ya sabes, el lobo en realidad no quería comerse o-lo-que-sea a Caperucita porque fuera narcisista, sino porque la sociedad le había hecho así. O algo. El mensaje de “no hagas daño a los animales” está muy bien, pero no sé si se respeta el espíritu del cuento, precisamente…

Hay muchas versiones de Caperucita “para adultos”, y no me refiero a las pornográficas, sino a versiones serias y siniestras, películas recientescómics y cuentos deliciosamente ilustrados. En todas ellas subyace una idea que no podemos perder de vista y que me parece importante subrayar cuando contemos esta historia a los niños. Yo lo diría de este modo:

Caperu, está muy bien que seas simpática y educada con todo el mundo, pero si un extraño te supone una amenaza y te ves en peligro, primero mantén la calma. Según abres la cestita para enseñarle las galletas, o lo que lleves dentro, saca un spray de pimienta y vacíalo en sus ojos. Luego le golpeas en sus partes más blandas y delicadas con todas tus fuerzas, y echas a correr como alma que lleva el diablo.

Luego ya nos preocuparemos de si el lobo no era tan malo o si en realidad sólo quería ser tu amigo. Primero ponte a salvo.

Y después de este consejo gratuito que yo regalaría a mis hijos junto con una navaja de abanico y unas clases de defensa personal, te voy a mencionar tres obras que debes conocer si te gustan este tipo de cuentos:

Todas las hadas del reino

 Laura Gallego, como nos tiene acostumbrados, recrea un mundo mucho más complejo de lo que parece a primera vista. Personajes cuadrimensionales (que no sólo son creíbles, sino que además evolucionan con el tiempo, vaya), maravillosos y llenos de vida, nos muestran cómo los cuentos de hadas se parecen peligrosamente a la vida real. Te lo pasarás genial con los cientos de referencias a cuentos y fábulas clásicos que aparecen mencionados, y te sorprenderán las emociones que pueden llegar a sentir (¡y despertar!) las hadas. Una lectura divertida y entretenida con diferentes niveles de complejidad, sólo apta para adolescentes con la cabeza lúcida y adultos que se preguntan lo que hay detrás de la puerta cerrada al final del pasillo.

Fabulas

 Este cómic, publicado a lo largo de varios años y que ha finalizado recientemente, te sorprenderá al principio por su planteamiento y, cuando la sorpresa se desvanece, te atrapará por sus personajes y la limpieza de sus argumentos y diálogos. En algunos aspectos es algo tonta, no lo voy a negar, porque los autores recurren al algún que otro deus ex machina, cosa que está muy feo, y algunas de las ideas de los personajes, trasladadas al lector como lecciones de moralidad, son simplonas y a veces ridículas. Pero en líneas generales es un cómic entretenido que se deja leer muy bien y que aborda el mundo de las fábulas con bastante acierto.

En compañía de lobos

 Si no conoces esta pequeña obra de arte de los 80, ya estás tardando en buscarla. La película se hizo famosa por sus efectos especiales, para la época bastante resultones, pero pasó a la historia por los detalles, a veces sutiles y a veces desgarradores, de una historia contada con mucho detalle y amor hacia los personajes.

2 pensamientos en “Caperucita Roja y el spray de pimienta”

  1. Para dar un poco de pimienta a la vida nos pondremos un traje de caperucita muy muy sexi y saldremos a la aventura a ver si algún lobo nos come por fin. Para celebrarlo nos echaremos a dormir con unas manzanas adulteradas con alguna sustancia toxica. No diremos nada sobre los enanitos que tenemos durmiendo en casa para no aumentar a nadie.
    Para volver echaremos miguitas de pan que nos devolverán a la vida rutinaria

    1. Jajaja, bueno, las versiones de Caperucita son incontables como las miguitas de pan que Hansel dejó la primera vez que fue abandonado en el bosque, para encontrar el camino de vuelta a casa.. La segunda vez que lo abandonaron no hubo miguitas que lo guiaran y por eso acabaron, su hermana y él, como acabaron…

      ¡Así que cuidado con lo que deseas!

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