Algunas personas extraordinarias

Sabrina González, veintipocos años, calificada como “la nueva Einstein” por una prensa que ya no diferencia el color amarillo del resto, no usa las redes sociales, no bebe, no fuma y tener pareja no es algo que le quite el sueño. Pobre, pobre Sabrina, qué vida tan triste lleva.

Nos encantan los mediocres. Nos gusta la normalidad, la tranquilidad de saber que nadie es mejor que nosotros, que estamos en la media, que somos del montón, quizá un poco más listos que los demás, pero no demasiado.

mediocre.

Del lat. mediocris.

1. adj. De calidad media.

2. adj. De poco mérito, tirando a malo.

Ya sabes, en la media.

Kilian Jornet es un deportista que, entre otras cosas, creció sin jugar al fútbol ni ver la televisión. Él prefería correr. En su libro “Correr o morir“, conocemos a una persona entregada a las carreras y a las montañas. No tuvo una infancia al uso, se pasó la adolescencia corriendo y no hace las cosas como Dios manda, así que casi seguro estará desaprovechando su vida. Pobre, pobre Kilian, la de cosas que se está perdiendo.

“Pues vaya vida lleva”. “Eso no puede ser sano”. “No sabe lo que se está perdiendo”

Cada vez que escucho una frase similar me da la risa. ¿Quienes ponen esos “peros”? ¿Quienes ven mal a aquellos que destacan? Tú lo has dicho: los que no pueden imitarlos, los que no destacan en nada. Los incapaces.

Aquellos que gobiernan el mundo con nuestros votos. La democracia es lo que tiene.

Laura Gallego ha publicado más de veinte libros y tiene menos de cuarenta años. Neil Gaiman escribe mientras viaja, para aprovechar el tiempo, y yo creo que también mientras duerme. Grandes autores que, como puedes imaginar, emplean la mayor parte de su tiempo en escribir. Me niego a utilizar la expresión “sacrifican su tiempo”. Y es que sólo hay un camino para destacar, para sobresalir, para hacer las cosas bien: la constancia, insistir en aquello que tan sólo es bueno hasta que sea excelente.

Hace unos días desayunamos con la noticia de la pérdida de Ueli Steck. Era, sin duda alguna, uno de los mejores alpinistas de la actualidad. Ha sido una gran pérdida, a nivel personal, por todo lo que Steck ha dejado de regalarnos, por toda la inspiración y las hazañas no realizadas. Nadie debería tener derecho a decir un sólo “pero” después de lamentar su muerte y, sin embargo, también se han alzado las voces de los mediocres: Es una lástima, pero claro….

Supongo que es inevitable: como especie, nos gusta la mediocridad y, cuando alguien destaca, buscamos razones para objetar.

 

Si pudieras volver a tu juventud, si pudieras hablar con el niño que fuiste, ¿qué le dirías?

Yo me diría: Busca. Aprende. Experimenta y disfruta, porque debes conocerlo todo, y entonces, sólo entonces…

Entonces trabaja en aquello que te hace sentir vivo, y trabaja duro, céntrate, no te distraigas, y sigue trabajando duro.

Porque no importa lo que digan las películas y los libros de autoayuda, porque no importa lo que digan tus profesores y tus amigos, porque ningún camino cómodo lleva hasta la cima: La felicidad no es un objetivo. No es un fin. El final del camino no debe ser la felicidad, sino la excelencia, y recorriendo ese camino, quizá, sólo quizá, seas feliz.

El resto son placebos.

 

Kilian Jornet: Manifiesto del Skyrunner
Kiss or kill.

[…]

Soy egoísta, ¿verdad?.
El deporte es egoísta, porque se debe ser egoísta para saber luchar y sufrir, para amar la soledad y el infierno. Detenerse, toser, padecer frío, no sentir las piernas, tener náuseas, vómitos, dolor de cabeza, golpes, sangre… ¿Existe algo mejor? El secreto no está en las piernas, sino en la fuerza de salir a correr cuando llueve, hace viento y nieva; cuando los relámpagos prenden los árboles al pasar por su lado; cuando las bolas de nieve o las piedras de hielo te golpean las piernas y el cuerpo desnudo contra la tormenta y te hacen llorar y, para proseguir, debes enjugarte las lágrimas para poder ver las piedras, los muros o el cielo….

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