Al infierno con todo: alpinismo y literatura

Hace poco, en un foro de literatura, un tipo comentaba que estaba pasando por una mala racha emocional, se encontraba sentimentalmente afectado y con los nervios a flor de piel.

Que le había dejado la novia, vaya.

Así que, para sobrellevar el mal rato, preguntaba por libros que trataran este tipo de emociones de forma especialmente sensible, es decir, que hablaran de amoríos, pero de forma adulta y madura.

Pero no era eso lo que necesitaba.

Lo primero que pensé es que debía leer El amor en los tiempos del cólera, de ya sabes quién, un libro que alguien definió en una ocasión como una historia de amor sin tonterías.

No confundir con la película, por favor. No la he visto, pero seguro que es peor que el libro. A ver si ahora vamos a fastidiar las estadísticas.

Luego pensé en los libros típicos, que no por ello menos apropiados: Donde el corazón te lleve, Como agua para chocolate, Ambiciones y reflexiones, etc. Y luego pensé que, en realidad, lo que tenía que hacer este chico era darse cuenta de que el dolor es relativo y buscar otras formas de comprender la vida.

Y pensé en los libros de historias de alpinismo.

Suelen ser libros con un estilo propio, formados, por lo general, por relatos más o menos relacionados entre sí, que cuentan diferentes expediciones o experiencias en montaña. Se pueden leer sin necesidad de conocer las técnicas de escalada o las montañas, es más, se pueden leer aunque no te guste practicar ninguno de esos deportes: son para todos los públicos. Los hay mejores y peores, serios, divertidos, espirituales o puramente deportivos, pero todos ellos tienen algo en común.

Son intensos.

libros-alpinismoEn Bájame una estrella, Miram García nos describe una vida a la sombra de las montañas. “¿Felicidad?“, nos dice, “yo lo que quiero es vivir“. En Besa o Mata, encontramos una colección de artículos de Mark Twight escritos con rabia, pasión y un espíritu inquebrantable. Tocando el vacío, de Joe Simpson,  nos cuenta una historia increíble en la que el protagonista escapa varias veces de la muerte a base de no rendirse nunca. Iñaki Ochoa, en Bajo los cielos de Asia, nos descubre un mundo diferente, mágico y terrible, extraño a los ojos de los currifichantes que madrugamos cada día para pelearnos con el papeleo y la burocracia.

He citado cuatro libros elegidos al azar entre los pocos que he leído, pero me dejaría tantos en el tintero…

¿Quieres desconectar de todo lo que te rodea? ¿Leer algo diferente que te hable de una forma de vivir que desconoces? Echa un vistazo a alguno de esos libros y, te lo aseguro, lo terminarás pensando que el mundo es muy, muy grande.

3 pensamientos en “Al infierno con todo: alpinismo y literatura”

  1. Edu, si le recomiendas que lea “El amor en los tiempos del cólera”, y él lo hace, lo hundes en la miseria (por cierto, yo sí he visto la película, y es…, cómo diría yo?…, una autentica pérdida de tiempo). De hecho, creo que cualquier buen libro sobre el amor te hundirá en una situación como en la que está tu colega. Tu recomendación sobre libros de alpinismo es muy acertada (en mi humilde opinión). Pero quizá un libro adecuado también, aunque no es una obra maestra y aunque sea cursi (quizá), es “Come, reza, ama”, en el que la protagonista al inicio está en plena crisis porque ha roto con su pareja, pero poco a poco se va reconstruyendo mediante un viaje por el mundo y, sobre todo, introspectivo. Además, es muy divertido. Te deja con una sonrisa.

    1. Tomo nota de tu recomendación. No lo he leído. Además, mi vena sincera me obliga a admitir que no sabía que la película estaba basada en un libro, ejem, ejem…

      No, tampoco he visto la película. Así de vago soy.

      Pero me gustan mucho los libros que se atreven a acercarse a los sentimientos desde el humor (no me refiero a que sean comedias, ya sabes) y se alejan un poco de la visión sentimental-tostonazo que a veces impregna ese tipo de libros…

      Así que lo dicho: me lo apunto y para la pila-de-libros-por-leer que, cualquier día, va a derribar mi mesita de noche.

      Es más, no sé para qué tengo mesita de noche.

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