VERSOS Y FOTOGRAMAS

Qué grande es el infinito, quién lo iba a pensar.

Entrada escrita por Jesús Durán y Libertad García-Villada

Buenas, buenas. Venimos hoy con una entrada un poco especial. Vamos a hablar de algo de lo que pocas veces hablamos por aquí, si bien hay que destacar que recientemente hemos expandido los límites del blog hasta lugares insospechados. Nos hemos adentrado en el Pleistoceno en busca de las novelas de Pérez-Reverte; nos hemos atrevido a reseñar Ulises, nada más ni nada menos; hemos hablado de libros que tratan sobre lingüística forense; y hemos publicado incluso un relato inspirado en el mundo de Tolkien.

Hoy toca amar.

¿Vamos a hablar de romántica? No, pero caliente cliente, nos acercamos un poco.

¿Quién no ha sentido alguna vez esa intensa sensación de querer expresar una emoción y no saber cómo hacerlo? Unos dibujan, otros componen, otros cocinan y otros hacen… otras cosas, que hay gente para todo. Pero todos nos expresamos, intentamos de alguna manera embellecer ese sentimiento. Todas las opciones son válidas, por supuesto, sin embargo una de ellas tiene entidad suficiente por sí sola: si de algo hermoso está lleno el mundo, y es algo que tenemos que descubrir con todos nuestros sentidos, es de poesía. El uso trascendente de las palabras, en el caso que nos ocupa, en verso.  Todo el mundo ha intentado expresar de forma bella algo en algún momento: un sentimiento, una emoción, una necesidad… Utilizar las palabras adecuadas, que nos enciendan, que nos hagan recordar, sentir, aspirar y amar. Conseguir entender ese misterio:

«Todas las cosas tienen su misterio, y la poesía es el misterio que tienen todas las cosas».

Federico García Lorca.

Hablemos entonces de poesía. Pero ¿cuál? De esa que nos suena a todos, no porque la estudiáramos en el colegio o sea parte de la cultura popular, sino porque ha pasado a formar parte de la memoria colectiva a través del cine. Poemas de películas. Pero ojo, no cualquier poema ni de cualquier película: poemas que de una manera u otra dieron forma a películas que nos gustan. A casi todos al menos.

Si buscas en internet “poemas en películas” te encontrarás con varias listas de diferente extensión. Nosotros venimos aquí con la nuestra propia. Para componerla, Eduardo nos echó un cable, y los tres coincidimos en que esta es una buena lista. Contiene poemas con una enorme carga sentimental de películas de esas que no se olvidan. Pero si alguno no te gusta, no lo dudes, la culpa, por supuesto, es de Eduardo.

Tenemos que decir, al margen de todo, que lo hemos pasado muy bien preparando esta entrada. Para aquellos que no suelan adentrarse en el mundo de la poesía, decirles que es un ejercicio conveniente, al menos de vez en cuando. Los poemas que hemos seleccionado son preciosos. Se disfrutan. Y casi todos tienen una historia detrás que merece la pena conocer.

Nota importante: hay que tener en cuenta que el poeta expresa sentimientos y puede querer o no someter sus versos a una versificación, a una armonía, o a una musicalidad específicas. Todo ello siempre en la lengua en la que se expresa el autor. Es en estas circunstancias en las que descubrimos todo su poder y la capacidad de la palabra. Por este motivo se adjuntan el original y la traducción de cada poema.

Algunos comentarios contienen spoilers sobre las correspondientes películas. Así que si no has visto alguna de las que mencionamos, es mejor que no leas el correspondiente apartado hasta visionarla.

Bueno, al lío, que nos dispersamos.

El orden es irrelevante.


Do not go gentle into that good night, de Dylan Thomas

La película es, efectivamente, Interestelar (2014).

Y qué bien le queda este poema. No tiene exactamente el sentido que se le da en la película. Trata sobre adentrarse en lo desconocido, pero en el poema lo desconocido se sobreentiende que es la muerte, mientras que en la película es el Universo. Aunque es posible que tenga una doble interpretación, porque la aventura en la que se embarcan los protagonistas de la cinta durante su viaje interestelar es ciertamente suicida.

No venimos aquí a dárnoslas de entendidos en Dylan Thomas. Según Wikipedia, ejem, algunos expertos relacionan este poema con la muerte agónica del padre del poeta, si bien hay cuatro años de diferencia entre que lo escribiera y falleciera su progenitor. Quizá Dylan sabía que antes o después este momento llegaría. O quizá sencillamente estaba inspirado un día y le salió esta maravilla.


O Captain! My Captain!, de Walt Whitman

Esto es ya cultura general. Pertenece, efectivamente, a El club de los poetas muertos (1989). La mejor interpretación de Robin Williams quizás. Una película de culto…, creemos que sí. Tampoco vamos a dárnoslas de expertos en Whitman. Pero algo hemos leído. Los poetas del romanticismo que exaltaron los sentimientos patrios, como Whitman, o como Blake, suenan ahora desfasados y, en fin, resultan aburridos. Las métricas entonces estaban muy sujetas a la naturaleza del tono silábico, muy enfocadas a la estructura del propio verso y, por lo tanto, hay que entenderlas desde un punto de vista teórico e histórico. Pero sus poemas, en un contexto actual, en el que encajen adecuadamente, pueden quedar muy resultones, la verdad. Como pasó con este en particular.

Whitman escribió “O Captain! My Captain!” como un poema dedicado a Abraham Lincoln tras su asesinato en 1835. Uno puede preguntarse si tiene sentido en la película. Y sí, lo tiene, pero solo al final, porque el profesor Keating es también un líder caído. Sentimos el spoiler.


Antigonish, de W. H. Mears

Bueno, sin duda, la película Identidad (2003) no es un gran título como El club de los poetas muertos o Interestelar. Posiblemente mucha gente no la haya visto o ni la conozca. No es un mal thriller. Original al menos. Entretenido seguro. Contiene un poema que la verdad es que leído en el contexto apropiado pone los pelos de punta. Un poema de terror, mira si es difícil esto. El autor es el educador y poeta norteamericano William Hughes Mearns. Para el poema le sirvieron de inspiración las noticias sobre el fantasma de un hombre que deambulaba las escaleras de una casa encantada en Antigonish, Nueva Escocia, Canadá. El poema fue originalmente parte de una obra teatral titulada El psico-ide, que Mears escribió para una clase de inglés de Harvard hacia 1899. Y, en fin, la historia completa es larga y compleja; si tienes interés, puedes leerla en esta entrada de Wikipedia.

Aquí va:


The man of double deed (anonymous)

Aparece en la serie The fall (2013), o como se la tituló en España, La caza. Se trata de un thriller británico de tres temporadas algo atípico, por los personajes y por cómo está planteada la historia. Si no la has visto, que sepas que merece la pena. Aunque solo sea por la estética. Es que el protagonista masculino, un psicópata asesino de mujeres, está interpretado por Jamie Dornan. ¿Que quién es Jamie Dornan? Ponemos foto y lo aclaramos todo.

La entrada acaba de mejorar notablemente.

La protagonista femenina es una detective superintendente encargada de investigar el caso. Está interpretada por Gillian Anderson, una actriz que recordarás de los Expedientes X y que ha ganado muchísimo con la edad. En La caza está extraordinaria. Están los dos, ella y él, muy bien, la verdad. La serie tiene un par de escenas por las que vale la pena tragarse las tres temporadas.

Gilliam Anderson pone mucho. Había que decirlo y…

Hacia el final, se menciona el poema:

Sobre cuál es su origen y de qué va el poema. El autor es anónimo. El significado no es claro. Pero en general se considera que hace referencia a los infortunios de la vida. A que si no haces las cosas bien, con cuidado, los resultados pueden ser inesperados y no deseados, y no hay vuelta atrás. Un error después de otro hasta la muerte. Representa muy bien al protagonista masculino de la serie, al psicópata, que es quien recita el poema, haciendo sin duda alusión a sí mismo: sabe que está enfermo, que es un monstruo, y que su vida no ha sido sino una serie de errores encadenados. Muy acertado el poema.


Water falls, de Jim Jarmusch

La película es Paterson (2016). El protagonista es un poeta aficionado que en los ratos libres de su día a día va escribiendo poemas en un cuaderno que lleva encima.

Este poema en particular resalta en la película, entre otras cosas porque no está escrito por un poeta conocido, sino por el propio director de la cinta, Jim Jarmusch. Es un poema exquisito en su sencillez y en todo lo que al mismo tiempo transmite, que no lo describimos para no hacer un spoiler; te lo dejamos aquí para que lo experimentes por ti mismo.


Somewhere I have never travelled, de E. E. Cummings.

La película es Hanna y sus hermanas (1986). Si no la has visto recientemente, te das cuenta de que no es tan fácil precisar nada de ella, se puede confundir con cualquier otra de Woody Allen, porque, a ver, es que son todas muy parecidas, como las canciones de los Rolling Stones: salvando algunas excepciones, son todas versiones de un mismo tema. Revisando el argumento en internet para escribir esta entrada, nos hemos encontrado con algo que nos ha gustado y por lo que tan solo quizá la película merezca la pena: el personaje interpretado por Allen, en un momento de la historia, tiene una crisis existencial y piensa en suicidarse (no digas que esto mismo no pasa en otras de sus cintas). Estando en estas, ve la película Sopa de ganso, de los hermanos Marx, y tiene entonces una epifanía: entiende que la vida no está para encontrarle sentido, tan solo para disfrutarla. Esto le salva.

Pero, a lo que íbamos: el poema de Cummings. Se trata de un poema de amor que el poeta le escribió dedicado a su segunda mujer, en el que explica el poder que ella tiene sobre él y su habilidad para que se abra emocionalmente, pese a que él construyó muros en el pasado. El poder del amor verdadero, al fin y al cabo.


The lay of the last minstrel, de Walter Scott

Qué pesadas son algunas personas.

La película es Atrapado en el tiempo (1993). Podría escribir aquí algo sobre ella, pero investigando encontramos esta crítica sobre la cinta que merece mucho la pena leer y que jamás en nuestra vida seremos capaces de superar. Si no has visto este film, esta joya indiscutible, que sepas que existe un infierno especial para ti.

“The lay of the last minstrel” se trata de un poema en seis cantos, escrito por Walter Scott y publicado en 1805, que constituye la primera obra original importante de Scott. Se basa en una antigua leyenda (del goblin Gilpin Horner) y la acción transcurre a mediados del siglo XVI. Es una historia de amor entre los miembros de dos familias enemigas, Lord Cranstoun y Margaret de Buccleuch, que acaba felizmente, gracias a un servicio prestado por el enamorado a la casa de Buccleuch.

¿Tiene algo que ver con la película? El poema en sí, no, pero el fragmento en particular que es recitado, mucho. Describe perfectamente al protagonista de la historia al principio de esta.

Aquí va:


Self pity, de D. H. Lawrence

La teniente O’Neil (1997). Hay una historia muy buena sobre cómo este poema apareció en la película. Se lo debemos de hecho a Viggo Mortensen, uno de los actores protagonistas, que tuvo la idea de incluirlo. Hay gente que opina que verlo a él recitarlo es lo mejor de la cinta. Ni lo ratificamos ni lo desmentimos.

Hay miradas y miradas.

Poco hay que decir sobre este poema: encierra una verdad absoluta, es melancólico y bello. Pura naturaleza muerta.


Funeral blues, de W.H. Auden

De Cuatro bodas y un funeral (1994).

Eduardo ya nos habló de esta película y de este poema en una entrada anterior en la que también nos contó de Interestelar, por cierto, y del poema mencionado al principio de esta entrada. De cuatro bodas y un funeral hay poco que decir, es ya un clásico, y si no la has visto…, bueno, que sepas que hay un infierno especial destinado a gente como tú, está justo encima del destinado a los que no han visto Atrapado en el tiempo.

Una comedia agradable y entrañable como ninguna. Y británica. Muy británica.

El poema de Auden tiene detrás una historia algo enrevesada, que no vamos a plasmar aquí. Si alguno tiene interés, que la busque. El poema es bonito y punto. Una despedida como Dios manda.


Wake the serpent not, de Percy B. Shelley

De nuevo, Eduardo introdujo ya este poema en la mencionada entrada. La película es, efectivamente, Remando al viento (1988). El poema es de Percy Bysshe Shelley y hemos de indicar que merece la pena perder cinco minutos leyendo su biografía. Vidas ejemplares, desde luego, la de él y la de su segunda mujer, Mary Shelley, conocida por todos por su obra Frankenstein. Mencionar que Shelley, uno de los más, si no el más, importante poeta del romanticismo inglés, escribió también Ozymandias, que le sonará a cualquiera que tenga una mínima cultura sobre novelas gráficas.

… ¿Lo has adivinado? ¿No? Bueno, una pista, aprovechando que también en la película basada en la novela gráfica a la que hacemos referencia aparece un chiste inspirado en un poema. Es el personaje Rorschach quien lo narra. Alan Moore se basó en el poema “Reír llorando” del poeta  Juan de Dios Peza. ¿Lo contamos? Vamos allá:

«Un hombre va al médico. Le cuenta que está deprimido. Le dice que la vida le parece dura y cruel. Dice que se siente muy solo en este mundo lleno de amenazas donde lo que nos espera es vago e incierto. El doctor le responde: ‘El tratamiento es sencillo, el gran payaso Pagliacci se encuentra esta noche en la ciudad, vaya a verlo, eso lo animará’. El hombre se echa a llorar y dice ‘Pero, doctor… yo soy Pagliacci’».

¿Ahora ya tienes el título?

Sigamos.

En la película Remando al viento, los personajes protagonistas, Lord Byron, Mary Shelley y Percy Bysshe Shelley, hablan de la creación, y en un determinado momento Byron comenta que el mejor poema sería aquel que diera vida a la materia por la sola fuerza de la imaginación. El poema trata sobre el tránsito de la vida a la muerte, presente en toda la película. La serpiente busca su sueño y no se la debe despertar.


El verano ha terminado, de Arseni Tarkovski

La película es Stalker (1979).

Es rusa. Porque en este blog nos atrevemos con todo. Y porque es una de las mejores películas que se han realizado jamás. O esto dicen los entendidos. Seguramente la mejor de Andréi Tarkovski. Ya hablamos de ella en otra entrada. Te la recordamos aquí.

El padre de Tarkovsky, Arseni Tarkovski, era un poeta reconocido. Y bueno, no es difícil comprender que Andréi quisiera incluir uno de sus poemas en su obra maestra. Un bonito homenaje. Desconocemos si el poema fue escrito para la película o si sencillamente se incluyó en esta en una escena apropiada. Posiblemente lo primero.

No es posible hablar del sentido del poema en la historia sin destripar la historia, así que solo diremos que el poema es apropiado. Y muy bello. Y la película una maravilla.

Aquí ni una broma, que el fotograma es de una película rusa.

Por ultimo mencionar, a modo de nota, que no somos responsables de la calidad de las traducciones de los poemas. Así que si no te parecen buenas, pues ya sabes: la culpa es de Eduardo, que para algo es el editor del blog.

4 comments on VERSOS Y FOTOGRAMAS

  1. Encontrar artículos como este donde se une cine y literatura me hace muy feliz. Emplear trozos de lecturas en los diálogos cinematográficos es una realidad, y ayudan a descifrar muchas escenas que, quizás, las pasamos por alto.

    La poesía ha sido un recurso muy recurrido por los grandes directores, como la manera de despuntar entre el resto o de recalcar una escena.

    Enhorabuena por este trabajazo de analizar y estudiar esta literatura sumergida en las películas para ayudarnos a entender que poesía y cine van de la mano.

    1. Acertada reflexión.
      Muchas gracias por leer la entrada y por tus palabras, Raquel.

      Esperamos que nos sigas leyendo.

      Un cordial saludo 🙂

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.