Ausencia

Entrada escrita por un servidor y Libertad García-Villada.

Se termina noviembre.

Hoy puede ser un día cualquiera, o uno un poco especial. Y por esto mismo, puede ser un buen momento para disfrutar de dos poemas.

Cualquier día es bueno para leer poesía.

Ambos los he escrito a cuatro manos con mi compañera Libertad.

La escritura a cuatro manos es un largo proceso de versiones, notas, rectificaciones y cambios. En un relato, el «argumento» no suele cambiar una vez definidos nuestros objetivos, aun con todas las sugerencias propuestas.

En poesía es más complicado. Un solo verso puede cambiar todo el sentido de una estrofa e incluso determinar que haya que rehacer el poema, que acaba siendo otro distinto.

Como comento, es un camino arduo, pero también muy enriquecedor.
[…]

PROYECTO HAIL MARY

Buenas buenas. Vengo por fin con una reseña. Sé que lo estabais esperando como agua de mayo. Y sí, este año he escrito muy pocas. Vaya, he escrito tan solo dos sin contar esta. Es que he leído muy poco. De hecho creo que es el año en que menos he leído. Cosas que pasan.

¿QUÉ HARÍAS POR TU COMIDA FAVORITA?

Entrada escrita a cuatro manos entre Jesús Durán y Libertad García-Villada.

Hace unos meses, Jesús Durán y una servidora nos presentamos, por separado, a una convocatoria en la que las obras a competir (admitían relatos, poemas y obras gráficas) debían plantear una situación en la que nos encontramos a veces: que queremos comernos algo pero algún inconveniente se interpone en el camino de cumplir nuestro deseo. Por si hay que aclararlo: hablamos de comida.

Jesús escribió un poema, yo un relato. La convocatoria permitía hacer libre uso de la obra, tanto si no era seleccionada como si lo era. Así que aquí venimos a compartir las nuestras. Esperamos que te gusten.

Una historia de supervivencia: Novela de ajedrez, de Stefan Zweig

Una mañana, hace tiempo, cuando todo el mundo aún llevaba mascarilla en el metro —luego justificaré este comentario; parece que estoy relatando un cuento—, iba leyendo de pie en el vagón, con el vaivén del desplazamiento, un libro en formato papel, y me fijé en los otros pasajeros que también estaban en proceso de lectura… en sus móviles. 

No seré yo quien critique el uso de los smartphones cuando mi propio teléfono me informa del tiempo de uso de algunas aplicaciones —ejem, mucho mucho, ¡culpable!—; la cuestión es que, entre tanto dispositivo y personas pendientes de sus pantallas, allí, sentado, había también alguien leyendo un libro en papel. 

Destacaba

Sí, por supuesto que en el móvil puedes estar disfrutando de un texto clásico, o de la Canción de Kali, de Dan Simmons, por poner un ejemplo y por la interesante y reciente reseña de Eduardo sobre esta obra —aquí me marco unos puntos con el dueño y señor del blog, por si para Navidad hay regalos—; pero casualidad: dos libros en papel en todo un vagón con muchos pasajeros. 

Por aquellos designios del destino cruzamos la mirada, imagino que por lo curioso de la situación. Nos sonreímos con los ojos, algo que aprendimos en la pandemia. Ahora casi ni sonreímos: la vida. No dio tiempo para más: el otro lector de papel se bajó en la siguiente estación. Y así acabó esta momentánea historia. Sin embargo, me quedé con el título del libro que leía y su autor: Novela de ajedrezde Stefan Zweig, que pasó, en ese momento, a engrosar mi larga lista de libros pendientes de compra y posterior lectura. Lógicamente no añado a la lista todos los libros que veo, ni siquiera aunque sea en situaciones así. Dos causas lo provocaron: soy aficionado al ajedrez y —al indagar sobre el autor y su extensa obra—, resulta que también escribió poesía.

LA ÚLTIMA CERVEZA

Relato escrito a cuatro manos entre Libertad García-Villada y Jesús Durán.

En noviembre del año pasado participé en una convocatoria organizada por un bar cultural cuyo nombre omitiré. No era Mos Eisley.

Sí, tal cual. Una variación en la organización de mi antigua agenda de competiciones escritoriles. Pero ¿participar en una convocatoria promovida por un bar? Ciertamente resultó de interés; en las bases solicitaban relatos —con un máximo de caracteres— que tuviesen como elemento central de la historia un bar o/y alguna bebida, entre otros requisitos. Se permitían marcas.

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