Religión Vs. Ciencia (ficción)

Lo primero, un disclaimer: voy a generalizar.

Puedes y debes tomarte todo lo que voy a decir con pinzas…, pero no te vayas, que esto tiene su gracia.

¿SON COMPATIBLES LA RELIGIÓN Y LA CIENCIA FICCIÓN?

Pues no demasiado. Al fin y al cabo, la ciencia ficción, o literatura de anticipación, que es un nombre mucho más mejor, se define en este texto de la Biblioteca Universitaria de la ULPGC como

[…] un género narrativo que sitúa la acción en unas coordenadas espacio-temporales imaginarias y diferentes a las nuestras, y que especula sobre posibles avances científicos o sociales.

Como definición suena bastante bien. Vale, habría que cambiar la «y» por una «o» si no queremos dejar fuera a John Carter, por ejemplo, que la serie marciana de Edgar Rice Burroughs tiene poco de científico. Y de las obras de aventuras espaciales tipo Star Wars ni hablamos, porque ahí contamos con una magia prohibida: el factor iniciático.

(Eso lo comentamos aquí hace mucho, pero te lo resumo: en la ciencia ficción no puedes hablar de magia, brujería o hechicería. Si alguien posee poderes paranormales, tiene que explicarse científicamente… salvo que esos poderes vengan determinados por una profecía, o la persona afectada haya trascendido la humanidad para convertirse en algo superior. En esos casos, ya seas un Skywalker o un Atreides, las explicaciones son más o menos irrelevantes y puedes ignorar ciertas leyes de la ciencia y la física con alegría).

Colegimos entonces que la ciencia ficción no se lleva bien con la magia, porque la primera especula, básicamente, sobre avances científicos. Pero nos creemos esos avances científicos porque hacemos un ajuste como lectores, una suspensión de la incredulidad; aceptamos que «los viajes más rápido que la luz son posibles» y similares porque, si no, cualquier Space Opera se acaba convirtiendo en La Guerra Interminable. Por ejemplo.

Hay pocas obras de ciencia ficción en las que se hable abiertamente de religión, sobre todo cuando abandonamos a la especia humana. Sí, los Cylon de Galáctica tienen algo parecido, pero al igual que sucede en Dune, más que una religión como-dios-manda, con sus mitos creadores del Universo, su deidad omnipotente y su jerarquía eclesiástica (esto último es lo más importante), parecen religiones creadas a partir de parches sesgados de las religiones que conocemos. Hablan más de profecías, profetas, elegidos y un futuro cercano en el que la salvación llegará a través de su fe, que de un presente en el que la moral y la sociedad se rija por preceptos religiosos. No miran hacia un futuro en el que no haya grandes cambios, sino hacia un futuro disruptivo en el que la humanidad, o evoluciona hacia algo diferente, o se enfrenta a la destrucción. Resumiendo y generalizando: da la sensación de que son más sectas que religiones.

¿Por qué, entonces, no hacemos ese ejercicio con la religión?

Pero lo verdaderamente sorprendente es que los cylons, los cíborgs creados por los hombres, que se han autoperfeccionado tanto que ya son indistinguibles físicamente de los humanos… ¡creen en Dios! Y no en una serie entera de divinidades, como sus padres humanos, sino Un Solo Dios. Son monoteístas, y bastante beligerantes al respecto.

Hay algún ejemplo más, como los Krill en The Orville, una raza también monoteista y belicosa hasta decir basta. Son especies humanoides, por necesidades del guion y porque el formato televisivo es lo que requiere. Y si no salimos de la humanidad, en Hyperion tenemos una iglesia cristiana universal de lo más curiosa, porque solo la fe en Cristo permite viajar por el espacio (hay que leerlo para entenderlo).

¿Se te ocurren ejemplos de civilizaciones o especies no humanoides que tengan una religión?

Algunas hay; la ciencia ficción es un universo enorme (guiño, guiño). Después de consultar con Jesús y Libertad, que saben más que yo de esto, he arañado algunos ejemplos:

Herederos del Tiempo, de Adrian Tchaikovsky, donde las civilizaciones arácnida o cefalópoda tiene sus mitos y sus profetas… aunque no sé si sus hábitos, estructuras y creencias son tan ¿complejas? como para ser consideradas una religión.

La costa del Infinito, de David Brin, donde la religión es (de nuevo) el motivo de guerras entre especies. Desarrolla religiones raras y poco humanas, pero humanas en lo esencial: si no crees en mi dios, mi dios dice que, casi que mejor, te mato. Más o menos.

De la simetría interplanetaria, de Julio Cortázar. En este relato, una raza de seres nada humanoides se comportan como humanos fundamentalistas religiosos, que no dudan en hacerle un Copérnico a uno de los suyos.

El relojero, de R. L. Stevenson, en el que una colonia de microbios especula acerca de la existencia de un ser superior como si fueran humanos aislados en un planeta sin contacto con otras especies que… Bueno, ya me entiendes.

Rakhat, de Mary D. Russel, una vuelta de tuerca a la pérdida de la fe, pero en otro planeta.

Heliconia, de Brian W. Aldiss, donde un planeta te cuenta cosas de las especies que viven en él. No es así exactamente, pero el protagonista es el planeta en sí mismo, y sus habitantes no son ajenos a las religiones. Hay varias, y evolucionan de formas diferentes e interesantes.

No está mal… aunque la mayoría de los ejemplos son de religiones muy humanas, por decirlo de algún modo. Cuando leo sobre ellas, tengo la extraña sensación de que estoy viendo algo diferente… que en realidad es lo mismo de siempre, como cuando leo algo acerca de una civilización extraterrestre que tiene dos sexos, familias con un puñado de hijos, y los personajes femeninos tienen dos pechos. Para ser extraterrestres, siguen patrones tan humanos que nos da la sensación de que hemos cargado con alforjas muy grandes para no salir del vecindario.

No insinuarás que yo soy una alienígena humanizada, ¿verdad?

Tenemos ejemplos, está claro. Y podríamos decir que cuando un autor escribe ciencia ficción y no habla de religión, no lo hace porque no le guste mezclar esos dos conceptos, sino porque no le cuadra con la historia y ya está… Por la misma razón por la que un autor de fantasía épica no suele hablar de avances sociales, o sindicatos. Son conceptos sin desarrollo en la obra que no aportarían nada, así que se ignoran, y listo.
(Si eres fan de Abercrombie, estarás levantando una ceja y a punto de decirme que en La era de la locura hay algo parecido, y tendrás razón).

Por otro lado, también podríamos preguntarnos si la formación académica tiene algo que ver... En líneas generales (muy generales, lo sé), los escritores de ciencia ficción suelen tener una formación científica, por decirlo de algún modo, mientras que los escritores de fantasía suelen tener formación en humanidades, literatura, filología o, en fin, más de letras, para entendernos. Y el porcentaje de gente religiosa entre la comunidad científica es inferior que en el resto de la población.

El caso es que, después de hablar con más gente, puedo decir que no somos pocos los que tenemos esa sensación de que, en líneas generales,

no existe la religión en el futuro de las civilizaciones humanas


(y no humanas).

Veamos qué opina al respecto el gran (hagamos una reverencia) Arthur C. Clarke.

Aunque Clarke se declaraba ateo, no ocultaba su profunda admiración por el budismo. En su obra En las profundidades, dice algo así como:

«Nunca era prudente subestimar el poder de la religión, aunque se tratase de una religión tan pacífica y tolerante como el budismo. Era una situación que hubiese parecido inimaginable solo cien años atrás, pero los catastróficos cambios políticos y sociales del último siglo se habían combinado para hacerla inevitable. Con el fracaso o el debilitamiento de sus tres grandes rivales, el budismo era ahora la única religión que seguía poseyendo un poder real sobre las mentes de los hombres.»

Es decir, que para Clarke, las religiones tradicionales no tienen futuro cuando a la humanidad le pintan bastos. Veamos algunos ejemplos:

  • Cuando la humanidad puede ver el pasado en Luz de otros días, la religión colapsa.
  • El contacto con extraterrestres no cuadra con las religiones monoteístas, como vemos en la maravillosa El fin de la infancia o en El último teorema.
  • Cuando la humanidad se enfrenta a su destrucción, debe dejar de lado las distracciones y los límites al desarrollo que supone la religión, como en Cánticos de la lejana Tierra.

Y aquí está la clave… Creo.

Algunos autores de la edad de oro de la ciencia ficción pensaban que la religión no sobreviviría a un avance tecnológico de la civilización humana, como si la religión fuera algo propio de civilizaciones poco desarrolladas. Como dice A.C. Clarke en El Fin de la infancia:

«La humanidad había perdido sus antiguos dioses: ahora era lo bastante adulta como para no necesitar otros nuevos.»

H.G.Wells, en Shape of Things to Come, dice (más o menos, perdón por citar la wikipedia), que:

“Se establece una dictadura benevolente que allana el camino hacia la paz mundial al abolir las divisiones nacionales, imponer el idioma inglés, promover el aprendizaje científico y prohibir la religión. Los ciudadanos ilustrados del mundo logran derrocar pacíficamente a los dictadores y dan origen a una nueva raza de superdotados, capaces de mantener una utopía permanente.

Hay casos más extremos. Mi favorito lo desarrolla Isaac Asimov en Fundación, donde (vamos a llamarlo así) la Élite Científica crea una religión artificial para mantener controlado el conocimiento y evitar que su desarrollo científico caiga en malas manos, por decirlo con suavidad y de forma simple. Es decir, utilizan la religión como método para controlar a pueblos menos desarrollados. Al fin y al cabo, una civilización extraterrestre no tiene por qué ser más inteligente.

Mi conclusión es la siguiente:

Gracias a estos ejemplos, y a otros que no cito para no alargarme demasiado, creo que la ciencia ficción y la religión no se llevan bien. Con excepciones, desde luego, y quizá yo estoy reduciendo mucho las obras del género al centrarme en los autores consagrados del siglo pasado.

Pero toda obra que tiene como base el avance científico suele dejar la religión a un lado, no porque no sea relevante en la trama, sino porque hay una convención no escrita, una presunción entre autor y lector, que dice que una creencia (o un sistema de valores) que no está sustentado en pruebas empíricas y demostrables, no sobrevive al paso del tiempo en una sociedad cuyo nivel tecnológico sigue creciendo.

Del mismo modo que, en líneas generales, no nos cuestionamos las monarquías en las obras de fantasía épica, o que aceptamos sin pestañear los elementos sobrenaturales en las obras de terror, la religión no nos hace gracia cuando hablamos de naves espaciales y futuros muy lejanos. Es como si no nos cuadrara, como si fuera un elemento discordante. Podemos creer en muchas cosas cuando leemos ciencia ficción, pero no en una religión que nació junto con la superstición y el miedo a lo desconocido.

No nos lo creemos, y por eso nos parece natural que no se mencionen las religiones. De algún modo, incluso aquellos que no tenemos una formación científica, sabemos que el dios de los vacíos está condenado a desaparecer.

Aunque, desde una perspectiva más amplia ¿podríamos vivir en un mundo sin religión? ¿Habríamos sobrevivido hasta este momento? Tenemos ejemplos en la historia reciente como para estar de acuerdo: la humanidad estaría mucho mejor sin religión.

Pero ¿y los individuos? ¿Cómo soportaríamos las penalidades de la vida sin la promesa de una vida eterna mejor, sin la confianza en que nuestro sufrimiento obedece a un plan divino?

En fin, ese es otro tema y otro melón, que dejaremos para otra ocasión…

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“God is Change,
And in the end, God prevails.
But meanwhile…
Kindness eases Change.
Love quiets fear.”

«Dios es Cambio,
y al final, Dios prevalece.
Pero mientras tanto…
la bondad suaviza el Cambio.
El amor aquieta el miedo.»

Octavia E. Butler — Parable of the Talents (1998)

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Ah, ya.
Pero entonces ¿el amor compasivo es compatible con la ciencia? ¿Es imprescindible para no desaparecer como especie? ¿Qué es lo que somos, sino seres capaces de sentir empatía por los demás?

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