ORBITAL – KLARA Y EL SOL – ¿Bibliotecas? Sí, gracias

¿Os habéis planteado qué destino tendrá vuestra preciada biblioteca cuando ya no estéis por aquí? ¿Están preparados los domicilios para los implacables lectores que priman el formato físico de casi todas sus lecturas? ¿Tienes, o has tenido, obras, reformas variadas en casa, o una interminable mudanza, que implique empacar, transportar y montar de nuevo tu dilatada biblioteca? ¿Posees libros que no regalarías ni a tu enemigo?

Sirvan estas variopintas preguntas como entradilla para comentar unos libros leídos hace poco en papel y que ya no están conmigo; no forman parte de mi biblioteca. Esta situación es, digamos, peculiar. Y no estoy haciendo como plantea el amo y señor del blog, Eduardo Enjuto, en esta entrada. ¿Algún día lo haré? Es posible. 

Suelo leer en formato físico casi todos los libros. Las excepciones se reducen a aquellas publicaciones cuyo único formato disponible es el digital. Con este proceder, tras años de lectura, he acumulado una cantidad considerable de libros y cómics. Por suerte, aún no representa un problema. El asunto es: tengo que guardarlos —en breve— en cajas durante un largo periodo de tiempo. La causa son obras en casa. Horror y más horror. 

¿Por qué no usar la biblioteca pública durante ese tiempo? Es una buena forma de gestionar el espacio ante lo que se me viene encima. Porque uno de los beneficios de la bibliotecas es que puedes leer sin acumular, sin guardar. Incluso ahorrarte unos euros. Conozco a bastantes personas que lo hacen. Por otro lado, las bibliotecas poseen interesantes clubs de lectura, y esta actividad la trataré en alguna otra ocasión.

Bien, me dispongo a comentar dos ejemplares prestados, porque no es este un lugar para hablar de bricolaje y mudanzas. 

Hacía muchos años que no solicitaba un libro en préstamo. ¿Qué puedo decir de la biblioteca? Pues muchos puntos a favor y alguna carencia. Eh, todo desde mi punto de vista. 

Las bibliotecas municipales facilitan a cualquiera la lectura de —casi casi— todo lo que quieras o, al menos, de un amplio y variado catálogo. ¿No tienen un libro? Ningún problema. Comprueban la disponiblidad, en qué biblioteca se encuentra. Cierto, has de ser paciente, ya que los ejemplares pueden tardar en llegar si no están disponibles donde los solicites. En algunos casos, semanas.

Los ejemplares, que pertenecen a un fondo bibliográfico, un catálogo colectivo —al menos en la comunidad autónoma en la que vivo—, se «pasean» de una biblioteca a otra mediante un listado de reservas. En conversación con el personal de la biblioteca me comentaron que antes se pagaba por este servicio de reserva. Dicho pago servía, al parecer, para sufragar los gastos de transporte. Ahora, desde hace un tiempo, se ha eliminado el pago, y la gratuidad genera un número de reservas que no son retiradas por los solicitantes. La bibliotecaria me decía que no eran unos pocos ejemplares: era un porcentaje muy alto… ¿Qué? ¿Pensamos leer mucho, o reservamos al tuntún, luego nos arrepentimos, y dado que no tiene coste no importa que el libro esté viajando sin motivo? 

Citaré una «carencia» que comenté en la misma conversación: desde tu perfil de usuario no puedes gestionar la reserva a tu biblioteca cercana. Si efectúas la reserva debes ir a recogerlo a la biblioteca que «guarda» el ejemplar, no permite seleccionar una de destino, vamos, la cercana a tu domicilio. Para que te lo envíen a la tuya tienes que hacer la reserva en «modo presencial» con tu carnet de la biblioteca. ¿Curioso? Un poco. ¿Para qué entonces tanta aplicación? Es/sería interesante tener capacidad de gestionar tus propias reservas. Quizá se pueda en un futuro.

Pues nada, a pasear, que tampoco es un problema.

¿Prefieres leer en digital? Genial. Tienes la opción de realizar la reserva de un ejemplar mediante Biblio Digital, una plataforma de préstamos de contenido digital. Pero topamos con que no hay suficientes títulos. ¿Eh? ¿Me dices que puedo conseguir un ejemplar físico, pero no puedo disponer del mismo título en digital? Pues es así en bastantes casos. Y esto es por un tema de licencias y zarandajas. Debería existir —recuerda que todo lo comentado aquí proviene de mi modesta opinión— el mismo número de ejemplares de un formato que de otro. Porque, cuando accedes a la cultura y a los recursos de una biblioteca pública, debes tener en cuenta que no todo el mundo puede desplazarse a retirar un libro, ya sea por distancia o movilidad, o quiere leerlo con un tipo de letra superior, o la comodidad de llevarlo de un lado a otro… o lo que sea que opines a favor del formato electrónico.

Las reseñas, de acuerdo. Ya es hora.

Vamos con el primero de ellos, Orbital, de Samantha Harvey, ganadora del premio Booker 2024. Lo solicité con reticencia, tras conversaciones con amigos, y con un precario equilibrio entre el interés por leerlo y el temor de que no acabase gustándome. Y más bien ha sido un poco de lo segundo. El planteamiento es interesante, y lo que me resulta curioso es la gran cantidad de detalles técnicos que contiene.

Orbital no es una novela con acción, o con una trama llena de conflicto o «salseo» entre los seis astronautas de distintas nacionalidades que conviven en la Estación Espacial. Tampoco hay ataques interestelares. Los más agresivo que puedes encontrar son los experimentos que realizan cada día sobre el efecto del espacio en sus organismos y en otros seres vivos. No hay grandes proezas destacables. Bueno, aparece el lavabo de la estación en varias ocasiones. Parece que fuera de la Tierra, en las misiones, los lavabos son motivo de conversación. Como ocurrió en la misión Artemis II. Pero no esperes que resulte un suceso trágico. 

Durante toda la lectura tienes la sensación de que no ocurrirá nada sorpresivo o destacable. 

Y dentro de esta rutina, ¿qué propone la historia?, ¿qué hace para que mantengas el interés? Pues contiene variadas reflexiones de cada uno de los tripulantes. Sus puntos de vista y preocupaciones mientras dan vueltas alrededor de la Tierra. 

Aunque conviven en un espacio muy reducido, no pueden dejar de sentirse solos y separados de sus seres queridos. Esa privación a veces les impide expresarse ante la enormidad del espacio. Con diferentes visiones, laicas o religiosas, sienten lo pequeños que somos desde el lugar en el que se encuentran; un lugar privilegiado para meditar sobre la vida y la muerte.

«Al final tendréis que soltaros, así que por qué no hacerlo ahora. Os gustará la vida sin gravedad, dejaréis de tener miedo. La vida es breve […]. Soltaos, sed intrépidos».

Pero no hay que equivocarse, aunque el planteamiento parezca insulso, Samantha Harvey posee una prosa elegante, con marcados instantes de reflexión e introspección de los astronautas que te instan a avanzar en la lectura sin darte cuenta. Otro punto a favor es que disponemos de una buena traducción, de Albert Fuentes.

Sin embargo, como he comentado, no me ha acabado de llenar. Quizá porque no llegué a conectar con los personajes. Pediría más, conocer más de ellos y no tanto de la rutina y la estación.

Si bien puede llegar a ser un libro de cabecera para forofos de la misión Artemis II, y de todos aquellos que desean vivir en gravedad cero, si un ejemplar de Orbital cae en tus manos, recomiendo leerlo. Porque también posee un mensaje ecologista sobre el cuidado del planeta y sobre la convivencia entre los seres humanos.

Vamos con el segundo libro de ciencia ficción. 

Se trata de Klara y el Sol, de Kazuo Ishiguro. Es la primera novela que escribió tras recibir el premio Nobel en 2017. Tengo que decir que no he leído nada de este autor. Conozco algunos títulos y tengo algunas recomendaciones, como por ejemplo Nunca me abandones. O Los restos del día; en este último caso he visto la película Lo que queda del día, basada en el libro, protagonizada por Anthony Hopkins y Emma Thompson. 

El hecho es que el libro de Klara y el Sol me ha gustado y no descarto leer más de Ishiguro.

Confieso que cuando comencé a leer el libro me vino a la cabeza, por un lado, la película A. I. Inteligencia Artificial, que aborda un futuro con estrictas medidas de natalidad y las futuras necesidades afectivas de parejas sin hijos, que podrían recurrir a robots para sustituir niños. En casa de uno de los empleados de la empresa, con pareja y un hijo biológico, se pone a prueba un niño humanoide. Y por otro lado, me recordaba al libro La chica mecánica, de Paolo Bacigalupi, ganadora del premio Hugo en el 2009 y el Nébula en el 2010, entre otros galardones, porque Paolo Bacigalupi profundiza en «seres artificiales» creados para servir. Seguro que al leerlo te llevará a tus referentes de libros, películas o series, dado que el tema está muy manido en general con seres inteligentes usados para sustituir la carencia/necesidad de afecto humano. 

El libro trata, profundiza y nos plantea la historia desde el punto de vista de una AA («Amiga Artificial»). Y tal vez esta es su mayor debilidad, la mezcla de ingenuidad y una gran capacidad deductiva/cognitiva que no acaba de encajar del todo; unas veces por exceso de inocencia y al siguiente instante por una clarividencia sin parangón. 

La lectura nos lleva por la vida de Klara, la AA, de forma pausada, emocional. 

«Eres una AA muy inteligente. Tal vez puedas ver cosas que los demás no vemos. Tal vez tengas razón al sentirte esperanzada. Tal vez estés en lo cierto».

La primera parte es extensa y sin embargo para nada pesada. Y eso que en realidad es una historia simple, de cómo se le va expandiendo el mundo a medida que pasa el tiempo. Vamos observando —contado en primera persona— lo que va aconteciendo con la interacción de los distintos personajes. No quiero decir nada que os quite alguna sorpresa. Puedo adelantar que la vida que plantea el autor, ese futuro, no es muy esperanzador. Encuentro, como he dicho, que Klara podía haber aportado más como narradora, como observadora. En algunos casos sentimos en la historia esa limitación, el quedarnos a medias ante un razonamiento.

«[…] las personas sentían a veces la necesidad de mostrar una cara diferente de sí mismas ante los demás —como harían ante los transeúntes si estuvieran en un escaparate—, y esa cara particular no tenía por qué tomarse en serio una vez pasado el momento concreto en que se había mostrado».

El libro aporta una visión futura de la familia, las relaciones, las oportunidades, las creencias, la genética, la curiosidad y los roles asumidos. De cómo tomar decisiones drásticas para no perder del todo a seres queridos. 

Otro punto es el hecho de dejar la educación y el cuidado de nuestros hijos en manos de la tecnología. ¿Será así el futuro? Ese poso, ese remanente, es algo que percibimos en la novela. Y hace que reflexionemos al respecto. 

Con el mundo que estamos construyendo, donde la empatía se está perdiendo, cualquier cosa es posible.

Klara y el Sol resulta una novela interesante, bien escrita y bien traducida por Mauricio Bach. 

No puedo dejar de recomendarla.


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