Hace un tiempo tuve que echar una mano en una mudanza.
En la casa que quedó atrás, aquella de la que se mudaron, había muchos recuerdos… que también quedaron atrás, junto con la casa. No puedes llevarte todo durante todo el tiempo.
Pensé: ¿qué sucederá con mis cosas cuando me mude a una casa mas cómoda, cuando sea un ancianito que prefiera vivir en un piso o una residencia? Por mis cosas me refiero, obviamente, a los libros. El resto son cosas a secas… Mías, o no, eso es lo de menos.
Eché un vistazo a mi biblioteca. Muchos libros. Muchas revistas. Muchos cómics. Algunos son regalos, y nunca me desharé de ellos. A otros les tengo cariño, así que seguirán conmigo mientras me sea posible. Y otros quiero conservarlos porque me parecen muy buenos, porque puedo recomendarlos y prestárselos a alguien, o porque quizá algún día me apetecerá releerlos.
Todo eso está muy bien pero ¿qué pasa con el resto? Con los libros que no voy a releer, que quizá me gustaron en su momento pero que no les tengo cariño, con las obras que no me gustaron.
¿Qué hago con todo eso?
Tardé casi un año en (atreverme a) hacerlo, pero ha sido una buena decisión. Me he deshecho de un montón de libros y cómics. Unos trescientos de los primeros y el doble de los segundos, así a ojo.
El lío que monté fue considerable. Voy a contarte cómo lo he hecho, por si te doy alguna idea.

Lo primero fue plantearme en serio los libros que quería quedarme. ¿Soy un lector o un coleccionista? Pues un poco de todo. Las diferentes ediciones de El Señor de los Anillos se quedan, igual que algunas series de cómics a las que tengo especial cariño. Libros que me gustaría volver a leer, o dedicados… Esos se quedan: U.K. LeGuin, Terry Pratchett, Dan Simmons, Rosa Montero, Neil Gaiman, J.R.R. Tolkien, Laura Gallego, Edgar A. Poe, etc.
Vamos con el resto:
–Malos libros: Ediciones chuscas, obras incompletas porque me negué a seguir leyéndolas, autoeditados sin corregir, experimentos fallidos… Fuera.
–Colecciones que no me hacen chiste: una de Egipto, por ejemplo, que es bastante mala. Se salvan cuatro o cinco que no creo que relea nunca. Fuera también.
-Libros que han envejecido mal: obras que en su día me gustaron y de los que prefiero guardar un buen recuerdo. A lo mejor soy yo el que ha envejecido mal, que también puede ser. Desde Herman Hesse hasta Carlos Castaneda que, metafísicas aparte, en su día devoraba y ahora, pues como que no, totalmente fuera.
–Pasatiempos: Tom Clancy, John Grisham, Matilde Asensi… Son apasionantes y me han encantado, pero no voy a volver a ellos. Yo lo sé, y ellos lo saben. Así que fuera.
-Esto es lo complicado: libros que me gustaron, que aún me gustan… pero que no voy a releer nunca. A estos les he buscado un hogar especial. Hablo de Stephen King, J.K.Rowling o George R.R.Martin. Luego te cuento lo que he hecho con ellos.
-Respecto a los comics, me quedo con colecciones completas que me gustan, obras sueltas que me hacen tilín y todo aquello que en algún momento puedo releer o prestar. Me deshago de mucho Marvel y DC, mucho cómic europeo que en su momento era innovador y adulto y que ahora no pasa de curioso, y cajas enteras de cómics repetidos o de obras que ya no me hacen gracia porque mis gustos han cambiado.

Pero vamos a lo importante: ¿qué he hecho con todo esto?
No quería llevar los libros a una librería de segunda mano: iban a quedarse cogiendo polvo y en la mayoría de los casos, no me compensaba el transporte por el importe que iba a sacar por ellos.
Muchos han ido a la biblioteca de un pueblo. Un buen montón de cajas con mucha ciencia ficción, fantasía, novela histórica y casi todos los pasatiempos. Dicen que las bibliotecas no admiten libros de segunda mano y puede que sea cierto, pero hay excepciones, sobre todo en poblaciones no muy grandes. Han sido muy agradecidos y les ha encantado ampliar su material, aunque ahora me siento culpable porque les he colado unos cuantos tostones de impresión.
Algunos han ido a un contenedor de libros. Son contenedores especiales que hay en los puntos limpios. Ahí han terminado los muy viejos, los de divulgación que están desfasados, alguna enciclopedia, libros de idiomas y ese tipo de cosas.
Los mejores los he regalado. Una buena amiga se queda con Harry Potter, a otra le he regalado todo Canción de Hielo y Fuego. Ese tipo de cosas. ¿Podría haberlos vendido? Sí, claro, pero la sonrisa, el abrazo y las cervezas a las que me están invitando me compensan. No iba a salir de pobre, y no todo se compensa con dinero. Y te prometo que no recuerdo quién se ha quedado con la saga Crepúsculo.

Y respecto a los cómics…
Algunos los he puesto a la venta en tiendas de segunda mano. Un par de lotes, en realidad.
Muchos los he regalado, igual que los libros, a los amigos (y un par de cajas a unos vecinos).
Y otros han terminado en un hospital, a disposición de niños y no tan niños que van a pasar un tiempo ingresados. Eso me ha hecho mucha ilusión.
Para encontrar estos hogares he recurrido a los clubs de lectura y asociaciones literarias que conozco. Preguntando en el trabajo, un compañero me comentó que en la biblioteca de su pueblo seguro que cogían libros (y así fue). Y aunque no me hizo falta, otra compañera me dijo que podía ponerme en contacto con centros cívicos y asociaciones culturales, que en los barrios de las ciudades hay bastantes y suelen ser activas y receptivas a este tipo de donaciones. El último recurso seria repartir los restantes libros en los puntos de intercambio de libros que están proliferando por todas partes, desde urbanizaciones a centros comerciales.
He dicho que tardé un año en tomar la decisión… Pero organizar el material, comentarlo en grupos, hacer paquetitos para los interesados y llevar las cajas a sus destinos me ha llevado cerca de cuatro meses. Si decides hacer algo parecido en tu casa, tómatelo con calma.
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Con todo esto he descubierto que no es tan difícil buscarles un hogar a los libros. Siendo honestos, cualquier destino me parece mejor que dejarlos cogiendo polvo en cajas, en mi casa o en una librería de segunda mano. Los libros están creados para ser leídos, no para ser atesorados como si fueran objetos únicos de colección.
Eso es todo. Espero haberte dado alguna idea para el día en el que decidas deshacerte de libros que ya no te interesen. Espero que no recurras a tirarlos a un contenedor y que busques la forma de darles una segunda vida.
Algún día me atreveré a deshacerme de las colecciones de comics que sé que en realidad no voy a volver a abrir, de libros repetidos y de ediciones especiales. ¿En serio voy a volver a leer algún día Walking Dead o los comics de Thor de hace treinta años? Quizá no, pero aún no tengo corazón para hacerlo y, además, tendré que buscarles hogares muy especiales.
Es lo menos que puedo hacer por ellos.


