EL SUEÑO DEL ORCO

Después de mucho tiempo sin escribir, hace unos meses encontré las fuerzas, o la motivación, para volver a hacerlo. Escribir debería ser un proceso automático para un escritor, una rutina asentada a base de perseverancia, talento y muchas ganas. Para los que no lo somos, los juntaletras que nos limitamos a intentarlo, a veces cuesta.

Encontré la motivación perfecta: el concurso anual de relatos que organiza la Sociedad Tolkien Española. Al permitir relatos más o menos largos podría desarrollar una idea o un personaje con más comodidad que en esos concursos de “máximo 2000 palabras” en los que siempre termino recortando texto.

¡Escribamos un relato sobre un orco anciano!

Intenté alejarme del lenguaje fino y preciso de Tolkien y opté por un tono ligero y distendido con el que me siento muy cómodo. Escribí mi historia con alguna broma que otra, y terminé con un final abierto que dejara al lector con ganas de saber más, que es cuando sabes que has hecho un buen trabajo.

Lo pasé a algunos lectores beta que hicieron comentarios bastante positivos, y aunque no es fiel al espíritu de la obra original, lo envié al concurso convencido de que haría un buen papel.

Si, bueno. Ya sabes. A los concursos de la STE no se presenta mucha gente, pero la gente que se presenta es muy buena. El relato ni siquiera fue finalista.

Como creo que es un buen relato, he decidido compartirlo contigo. Seas fan o no de ese mundo, conozcas o no la historia original, creo que puede gustarte. Está a tu disposición en varios formatos, para que puedas descargarlo y leerlo en el dispositivo que más te guste. No es que sea muy largo, pero vaya, son veinte páginas así a ojo.

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DOS DETALLES SOBRE EL RELATO (QUE A LO MEJOR TE DAN IGUAL)

Está inspirado en La Nueva Sombra, un texto escrito por Tolkien en el que plantea un futuro extraño para los hombres de Gondor. Tras el final de El Señor de los Anillos y después de un periodo de paz, un culto secreto crece entre las sombras comandado por un ser misterioso  que se hace llamar Herumor. Es un mundo donde los niños juegan a ser orcos y los hombres empiezan a olvidar el pasado. Me pareció un punto de partida perfecto para el relato que tenía en mente.

¿Los niños orcos se asustarán de los hombres humanos? Deberían.

Hay una escena inspirada en una anécdota terrible que reproduzco a continuación, sacada del maravilloso artículo ¿Cómo curar a un fanático?

Un querido amigo y colega mío, el novelista israelí Sammy Michael, tuvo una vez la experiencia, que de vez en cuando tenemos todos, de ir en un taxi durante largo rato por la ciudad con un conductor que le iba dando la típica conferencia sobre lo importante que es para nosotros, los judíos, matar a todos los árabes.

Sammy Michael lo escuchaba y, en lugar de gritarle: “¡Qué hombre tan terrible es usted! ¿Es usted nazi o fascista?”, decidió tomárselo de otra forma y le preguntó: “¿Y quién cree usted que debería matar a todos los árabes?” . El taxista dijo: “¿Qué quiere decir? ¡Nosotros! ¡Los judíos israelíes! ¡Debemos hacerlo! No hay otra elección. ¡Y si no, mire lo que nos están haciendo todos los días!”

“Pero ¿quién piensa usted exactamente que debería llevar a cabo el trabajo? ¿La policía? ¿O tal vez el ejército? ¿El cuerpo de bomberos o equipos médicos? ¿Quién debería hacer el trabajo?” El taxista se rascó la cabeza y dijo: “Pienso que deberíamos dividirlo entre cada uno de nosotros, cada uno de nosotros debería matar a algunos”.

Y Sammy Michael, todavía con el mismo juego, dijo: “De acuerdo. Suponga que a usted le toca cierto barrio residencial de su ciudad natal en Haifa y llama usted a cada puerta o toca el timbre y dice: ‘Disculpe, señor, o disculpe, señora. ¿No será usted árabe por casualidad?’ Y si la respuesta es afirmativa le dispara. Luego termina con su barrio y se dispone a irse a casa, pero al hacerlo,<br>oye en alguna parte del cuarto piso del bloque llorar a un recién nacido. ¿Volvería para dispararle al recién nacido? ¿Sí o no?”

Se produjo un momento de silencio y el taxista le dijo: “Sabe, es usted un hombre muy cruel”.

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