Cuando la historia se come a la obra

Yo salía del cine de ver una película de Marvel: la segunda parte de Venom. Un amigo de mi sobrino, doce años creo que tiene, hablaba de la historia de cada uno de los personales con una seguridad y contundencia que me hacía mucha gracia. No había leído un cómic en su vida, pero había visto la serie de dibujos y, por lo tanto, según él conocía la historia oficial de los personajes. Cuando le señalé que debería echar un vistazo a la historia original, es decir, la que se narraba por primera vez en un cómic, me miró como si fuera un bicho raro. ¿Cómo iba a ser más canónico un cómic que una serie de televisión? Para él, lo importante era lo que se contaba en la pantalla y el resto eran, bueno, detalles más o menos curiosos, pero irrelevantes.

Lo que me hizo pensar era que no mostraba ningún interés en los cómics porque, ¿para qué iba a leerlos? Ya conocía la historia.

Que algo sea cierto porque sea original a mí me da igual, no me malinterpretes. Lo que importa es hacerlo bien.

Sigamos por otros derroteros. Hace poco leí un artículo en el que se criticaba el flaco favor que algunos youtubers le hacen a ciertas obras literarias. Se centraba en los canales dedicados a la Tierra Media y El Señor de los Anillos, pero se puede extrapolar fácilmente a los mundos de Harry Potter o de Canción de Hielo y Fuego, por citar los ejemplos más conocidos.

LA FORMA ENGULLE AL FONDO, Y ESO ES MALO

El artículo decía que algunos canales de YouTube, al analizar la obra de Tolkien, no son muy rigurosos e incurren en errores, omisiones o imprecisiones. Cuando se habla de la historia de un personaje, de la geografía de una tierra o de la cronología de un reino, decía el artículo, se debe ser preciso, pues los vídeos permanecen en el tiempo, y la información no se puede transmitir de forma errónea a las miles de personas que acceden a ellos.

Hasta aquí todo parece correcto. ¿Verdad?

El principal problema de ese argumento es que señala el daño que se hace a una obra determinada cuando no se ofrece la información de la forma más veraz, precisa y auténtica posible. Es decir, que lo realmente dañino de algunos canales de YouTube es que, cuando hablan de lo que sucede en una obra, de su historia, no son 100% fiables y eso pervierte la obra original.

Y lo que es un error, a mi juicio, es la visión parcial de la obra.

¿Que a veces se interpreta algo de forma discutible? Supongo que sí. No es fácil hablar de la historia de Númenor o la biografía de Voldemort y no especular en algún momento, cuando alguna información no está clara en los libros. ¿Es relevante si esa información no es totalmente precisa? Solo en parte.

Porque estos análisis, entiendo que debido a que YouTube tiene sus propias reglas, se centran casi siempre en la historia, en la forma, en el lore, es decir, en lo cuantificable. Se centran en lo que se cuenta desde el punto de vista más literal posible. La forma es lo que importa. La forma, y no el fondo.

Pero ¿qué ocurre con la forma? La forma y el fondo no pueden separarse tan drásticamente, porque el valor de una obra reside en la unión de esas dos partes. Si El Señor de los Anillos estuviera escrito con el estilo de George R.R. Martin, ¿habría tenido tanto éxito? ¿Y Harry Potter? ¿Qué tal le sentaría al joven mago la lírica y las descripciones largas, descompensadas y maravillosas de Tolkien?

Comprendo que un vídeo sobre la estructura de El hobbit, sobre la evolución del estilo en Harry Potter o la división de escenas de Canción de Hielo y Fuego puede resultar muy aburrido. No son temas apropiados para contar en la pantalla, así que los youtubers se centran, obviamente, en lo que sí se puede contar con imágenes de fondo, sacadas por lo general de las adaptaciones al cine de esas obras.

¿Recuerdas lo que te contaba al principio? ¿Lo del chico que hablaba de Spiderman como si tan solo lo que se cuenta en las películas o las series de tv fuera “cierto”, como si hubiera una historia oficial y eso fuera lo único importante? Esto genera una serie de conductas raras y perjudiciales tanto para el lector como para la obra:

1. Esa perspectiva, llevada al extremo (que no es el caso, pero bueno), ha creado una sociedad de consumidores para los cuales lo que importa es lo que se cuenta, solo y exclusivamente. Se disfruta del conjunto, del resultado visible, de lo que dice el cuadro y no de la técnica con la que ha sido pintado. Una de las consecuencias es que es una sociedad muy preocupada por los spoilers, como si no hubiera placer en la historia si la privas de conocer el final. Les importa el remate final, porque sin un buen postre, el resto de los platos son irrelevantes.

Al que diseñó esta portada, hoy se lo comen.

2. Con esta visión sesgada, que pone el foco en la historia, alimentamos la cultura de la trama, el giro inesperado y el cliffhanger. Si lo único que cuenta es la historia, para mantener el interés en la misma recurrimos a la sorpresa, al drama gratuito, a las historias o grandilocuentes o enrevesadas de forma artificial, a las tramas simples e irreales que recuerdan, con todo mi respeto, a las telenovelas baratas. Profundizar en un personaje mediante pausas o escenas cotidianas es aburrido. ¡Hay que hacerlo contando historias! ¡Que estén ocurriendo cosas continuamente!

3. Estamos centrándonos en lo que una persona puede visualizar, sin mostrar o analizar el resto de factores que han hecho de estas obras un fenómeno de masas. Nadie se fijará en que parte del éxito de Tolkien radica en que su obra se basa en un tiempo mítico en el que mucha información se ha perdido y algunas historias tienen varias versiones, o que descubrir la historia desde la perspectiva de diferentes personajes hace que leer a G. R. R. Martin sea una experiencia muy distinta entre la primera y la segunda lectura.

Y este último punto marca una diferencia importante. Hace poco, un amigo me dijo que no le interesaba un libro porque ya conocía la historia (en su adaptación al cine) y no era para tanto. Mis esfuerzos por convencerle de que debería darle una oportunidad no sirvieron de nada.

Si solo conocemos las historias, ¿cómo explicar la grandeza de la obra? Ninguna historia es “tan buena” en sí misma como para generar un movimiento a su alrededor. Todas las obras se apoyan en un contexto, en un estilo, tono o estructura, en un momento histórico o social determinado. Ignorar todo eso no solo es un error, es incluso peligroso. Así es como se desvirtúan las obras, se reduce el presentismo a una actitud bochornosa y se cometen errores terribles por falta de información. Desde American Psycho hasta la obra de Agatha Christie o Daniel Defoe, muchas obras han sido criticados por jueces que no han visto más allá de lo que se cuenta en el papel. Ejemplos hay demasiados, así que no caigamos en ese error y veamos las obras en su conjunto. A la larga, nos ahorraremos muchas tonterías.

El libro que mi amigo no iba a leer era Déjame Entrar, una novela de vampiros de John Ajvide Lindqvist. Se va a perder un libro fantástico por memo.

Y ahora, después de esta visión exagerada y catastrofista, termino con una reflexión sobre los spoilers:

Un estudio de la Universidad de San Diego que publicó Wired en 2011 evidencia que el miedo a conocer el final es puro autoengaño: los spoilers disparan el factor hedonista en la literatura. Los investigadores llegaron a esa conclusión tras comprobar que los lectores de relatos cortos de Chejov, Agatha Christie y Updike a los que se les había destripado el final disfrutaron más de las historias que aquellos que no contaban con información previa.

https://verne.elpais.com/verne/2016/04/21/articulo/1461229130_305002.html

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