ULISES, LA RESEÑA POBRE

¿Qué es Ulises? ¿Por qué tiene fama de ser tantas cosas diferentes?

Según la opinión que encuentres, el Ulises de Joyce, así, con artículo y todo, es:

  • Una obra cumbre de la literatura
  • Un alarde de virtuosismo técnico
  • Un retrato brillante de la sociedad irlandesa de principios del siglo pasado

Y también:

  • Un libro complicado de leer, difícil, que requiere concentración y un alto nivel cultural
  • Un libro desfasado y terriblemente sobrevalorado
  • Un tostón insufrible

¿Qué hay de verdad en todo esto? ¿Es tan maravilloso como dicen, y tan complejo, y tan sobrevalorado, y tan pesado? Como pasa a menudo en estos casos, la respuesta es sí… a todo ello.

A veces, una portada sencilla es más que suficiente

LA DESCRIPCIÓN RÁPIDA

Ulises cuenta cosas que les pasan a varios personajes en la ciudad de Dublín a lo largo de un único día; 16 de junio de 1904. No son personas especiales o atípicas; son dublineses más o menos normales, con un cierto nivel de erudición pero no sobresalientes, al menos en lo que se refiere al trato que tienen con sus amigos y conocidos. No son hábiles luchadores, ni genios, ni asesinos, ni les ocurren cosas maravillosas o terribles o trágicas que no les sucedan a otras muchas personas.

Tiene dieciocho capítulos. Algunos de ellos están contados de forma especial: estilos periodísticos, teatrales, inquisitivos… El capítulo 17 narra toda la acción a base de preguntas y respuestas, por ejemplo. Es muy ingenioso y brillante. También se dice que los capítulos responden a las diferentes partes de la famosa obra de Homero, y de ahí el título de la obra, y que cada capítulo se asocia a un color, etc., etc., en una búsqueda de simbolismo que a mí me recuerda a la interpretación de las cortinas azules, que es una forma de decir que a veces los autores no tienen tantas intenciones ocultas como encuentran los críticos.

Dédalus y Bloom, según la crítica.

EL CONTEXTO

Irlanda, 1904. Hay artículos muy buenos que hablan del contexto sociocultural de esta obra, como este de Javier Aja. ¿Es relevante? Mucho, sobre todo si tienes una edición no anotada, porque no te enterarás de las referencias que aparecen en la obra. Mi edición tiene más de mil quinientas notas, que se dice pronto. ¿Eso es bueno o malo? Es malo en el sentido de que de muchas referencias son complejas de entender incluso leyendo las notas, pero eso tampoco marca una diferencia sustancial. Ulises se puede leer parando en cada párrafo para investigar estas anotaciones, o leyéndolo del tirón y dejando que la mente rellene los huecos cuando no sepa de qué narices le están hablando. No pasa nada.

EL ESTILO

¿Hay demasiadas referencias? Sí, demasiadas, más o menos crípticas y más o menos evidentes a escritores, políticos, situaciones y, en fin, al bagaje cultural que tenía un intelectual de la época. Las referencias deben completar la información del texto o evocar algo en el lector que amplifique la emoción de la lectura. Sin embargo, muchas de las referencias de Joyce están ahí porque… Bueno, porque mola, porque queda bien, porque al autor le hacía gracia algo que el común de los mortales no comprende ni ganas que tiene de hacerlo. No se puede llevar ese recurso al extremo de que el grueso de tus lectores no te comprendan, especialmente cuando la comprensión no ofrece ningún añadido al texto.

Pongamos un ejemplo: Shakespeare. Es un autor que me gusta un montón y he leído casi toda su obra principal. Pero cuando las discusiones sobre él se alargan a lo largo de varias páginas, de muchas páginas, me pregunto si mi conocimiento sobre la vida y obras del bardo inglés, sobre las teorías acerca de quién estaba detrás de la autoría de sus obras, sobre su familia, la relación con su esposa o con sus hijos, etc., etc., resulta relevante o enriquece de algún modo la lectura de esa parte, y descubro que no. A estas cuestiones se alude varias veces, pero la obra sería la misma sin esas páginas, o al menos si esas páginas tuvieran una extensión o un nivel de referencias menor y resultaran más accesibles a las personas que, simplemente, de Shakespeare conozcan sus obras y no su vida. Desde un punto de vista narrativo, esas discusiones no aportan nada y, desde mi perspectiva de lector en el siglo XXI, que lee y escribe bajo la premisa de que “aquello que no suma resta” y por lo tanto hay que eliminarlo, me encuentro con muchas, muchas páginas de este tipo en Ulises. Demasiadas.

En este artículo hablan mucho mejor que yo de joyce, pero le ponen fatal, te lo advierto, y a mi juicio reducen Ulises a “solo es técnica” (casi literalmente), lo que me parece excesivo.

Pero no puedo simplificar el estilo de Joyce en esta obra a un único rasgo, especialmente cuando dicho estilo cambia de un capítulo a otro. Al principio es más homogéneo, pero según avanza la obra se vuelve más y más experimental, lo cual tiene sentido si se piensa que se publicaba por entregas. El autor cada vez tiene más margen de actuación, a mi juicio, y se vuelve más atrevido. El problema es que esa experimentación tiene sentido cuando la obra se está publicando, pero pierde parte del mismo según avanza el tiempo. Esto se entiende mejor con más ejemplos.

¿Recuerdas la serie Urgencias? En 1997 se emitió un capítulo en directo, en tiempo real. Ese capítulo supuso en su momento una apuesta curiosa y brillante por parte de sus creadores e imagino que también un desafía técnico y narrativo para una serie dramática. ¿Tiene sentido a día de hoy, si ves la serie del tirón con varios capítulos al día? Desde luego, el impacto que te causará ese episodio no será tan grande, ni te parecerá tan original, ni pensarás que tiene tanto mérito como los espectadores que lo vieron en su emisión.

Otro ejemplo: Watchmen, el cómic. Se publicó por entregas, y los lectores, entre una y otra, especulaban con la identidad de Justicia Encapuchada, o con lo que habría ocurrido con el Doctor Manhattan después de su huida del planeta, o la razón detrás del secuestro de guionistas y dibujantes. Pero el lector que se compra la obra en un único tomo y la devora de dos sentadas, pasará por encima de esos detalles y ni siquiera reparará en ellos, y los esfuerzos del autor por generar expectación pasarán casi inadvertidos. No es lo mismo conocer una historia a lo largo de un año que en un par de días.

Esto es lo que a mi juicio sucede con Ulises. En su día, el cambio de estilo tuvo que ser fantástico. Imagino a los lectores tomando una cerveza en el bar y especulando sobre el siguiente capítulo, sobre lo que haría Joyce o cómo lo escribiría, escuchando rumores sobre que un capítulo ha sido prohibido en algún sitio y con la censura pendiente de cada página… Pero cuando esa especulación, esa expectación, desaparece a través de un click, o no existe porque ya sabemos mucho sobre la obra antes de comenzarla (y, desde luego, no nos escandalizamos como lo haría un censor hace un siglo), sin duda la impresión en el lector no puede ser la misma.

Y ASÍ, POR HABLAR DE TODO UN POCO…

Ulises es una obra muy interesante desde un punto de vista literario. Por ejemplo, por la impresionante mezcla de narración e introspección, donde se mezclan los pensamientos de los personajes con la narración en tercera persona. O por el caótico, brillante, terrible capítulo final, que consiste en una única frase y cuya lectura me provoca ansiedad, no por lo que cuenta, sino por la mente del personaje y la ausencia de pausas. O por terminar uno de los primeros capítulos, lleno de reflexiones intimistas y filosóficas, con el personaje pegando un moco en una piedra mientras mira con disimulo a ver si alguien se ha dado cuenta, ejemplo del sentido del humor algo gamberro que se deja ver muchas veces a lo largo de la obra en los momentos más inesperados.

Pero desde un punto de vista lúdico, como lector que quiere leer una obra para entretenerse, o para aprender, o movido por la curiosidad de cómo será ese libro tan famoso, creo que Ulises es una mala lectura; una obra que hoy día no llega a los lectores, hoy día no es una buena obra.

Quizá la intención del autor nunca fue llegar a los lectores. Quizá solo quiso divertirse, y ejercitarse, y sorprender, y hacer que la gente leyera y hablara y especulara e investigara.

Todo eso lo consiguió sin duda, y lo sigue consiguiendo hoy día.

Quizá Ulises no sea un libro para leer antes de dormir o mientras estás en la playa. Quizá sea un libro para conocer, para echar un vistazo a algunas de sus partes una vez que ya lo has leído, y comprender, o profundizar, en la mente algo perturbada de Leopold y Stephen y Molly, en sus líneas de pensamientos, en cómo se evaden y fantasean y sueñan, y por qué lo hacen. En sus pasiones y sus miserias.

Según pasan los días voy recordando con más claridad algunos de los pasajes, y me apetece volver a leerlos, volver a ellos con la tranquilidad que da el terreno conocido.

No recomendaría su lectura a casi nadie. Quizá a un puñado de personas que pienso que pueden disfrutar con la lectura y el reto. A veces me ha desesperado. Otras me ha aburrido. Más de una vez he pensado en dejarlo.

¿Por qué, entonces, estoy pensando en él tan a menudo? Sus famosas frases, que fuera de contexto me parecían poco más que ocurrencias más o menos ingeniosas, dentro de la inmensidad de la obra tienen un sentido y un valor mucho mayor.

Celebrar el Bloomsday tiene que ser divertidísimo, eso sí. Sin contar la borrachera.

TOTAL, QUE EN MI OPINIÓN

Ulises es un libro muy sobrevalorado por aquellos que ven en el estilo y la estructura unas características que no me parecen ni tan interesantes ni tan ocurrentes. Se dice que es la mejor obra escrita en inglés del siglo XX, y no creo que merezca un honor tan desmesurado.

Pero también es un libro infravalorado por aquellos que lo han dejado a medias, que se fijan solo en la complejidad del texto o que lo consideran aburrido y nada más. No puedes acercarte a esta obra pensando en una lectura ligera. Debes hacerlo con la mente despierta y un café, no con los ojos medio entornados mientras esperas a que te entre sueño. Y perderle el miedo a saltarte unos párrafos. No pasa nada por hacerlo en otros libros, tampoco en este.

Dale una oportunidad si te llama la atención y estás dispuesto a dedicarle un esfuerzo. Pero en caso contrario no lo hagas, porque estarás perdiendo tu tiempo y la oportunidad de disfrutarlo en otro momento más apropiado.

Con todos ustedes: James Joyce, el más brillante troll

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