Reseña día 7 Beget – Setcases: Con un buen trote se llega a todas partes

La etapa de hoy nos tiene muy mosqueados. Cuando la estudiábamos en casa, yo miraba los perfiles y los tiempos que marcaban las revistas y levantaba una ceja. Bueno, levantaba las dos porque mira que lo intento, pero levantar sólo una ceja no me sale. Porque tenemos marcadas entre ocho y nueve horas y, según nuestra experiencia en días pasados, esa distancia y ese desnivel nos va a costar un par de horas más.

Pero en fin, como el cielo está encapotado, quién lo desencapotará, tampoco queremos perder tiempo con elucubraciones que no nos solucionan nada, así que madrugamos como cada día, nos vestimos, nos apretamos bien los cordones de las zapatillas, extendemos los bastones, nos colocamos las mochilas y respiramos hondo. Vamos a ello.

Salimos de Beget por un sendero bien marcado. Nuestro primer objetivo es la localidad de Molló, que está a mitad de camino, a unas cuatro horas. El camino está bien marcado, pero ojo, que despista bastante…

Hay dos formas de llegar a Molló: por un sendero y por el sendero del GR11. ¿Son el mismo camino? Pues a veces sí y a veces no, así que el sufrido senderista tiene que elegir. Las dos opciones llegan  al mismo lado y nosotros vamos alternando cuando los dos caminos se cruzan, como si fuéramos vientos indecisos. A veces se ataja, a veces se da un rodeo y a veces se tiene que saltar el quitamiedos de la carretera, así, a lo furtivo, pero los dos senderos son cómodos y llegamos a Molló frescos y por la sombra, porque el camino es frondoso como el pecho de Antonio Banderas.

Molló es un pueblo con bastante vida, comparado con Beget. Hay comercios, farmacia, tiendas… Vamos, que está muy bien. Nosotros paramos a comer algo de fruta que habíamos racaneado de la cena del día anterior en un banco cerca de la iglesia del pueblo, pero no paramos nada. El día había amanecido cubierto, pero a media mañana bajó la niebla y resultaba un poco incómodo porque no se veía demasiado. El GPS empezó a resultar de utilidad.

En el pueblo, para no perder tiempo, lo mejor es preguntar a los parroquianos por dónde demonios sigue el camino, porque no está muy claro. En realidad no hay más que buscar la parte alta del pueblo y seguir las marcas amarillas que se alternan con las habituales del GR, porque de nuevo se puede elegir entre esos dos senderos. Por cierto, al salir del pueblo pasamos por delante de algunas casas un poco aisladas, preciosas, que dan ganas de llamar a la puerta y preguntar a los propietarios cuánto piden por ellas.

Junto a una de las casas vemos una pequeña fuente con nombre propio, La Font del Rossinyol, que significa “la Fuente del Ruiseñor”. ¿Te imaginas lo terriblemente chulo y molón[1] que tiene que ser vivir en una casa con una fuente al lado?

Sí, seguro que habrá inconvenientes, pero… ¡Una casa con una fuente! ¡Me encanta!

Subimos hasta casi 1.900m. Los prados, la niebla y la magia del lugar hacen que caminemos en silencio. Es la magia del lugar, pero también influye que llevamos casi 1.500m positivos y no nos queda mucho fuelle.

Hay que prestar ojo a las marcas si baja la niebla, porque no se encuentran con facilidad y puedes despistarte, aunque realmente no hay mucha pérdida si prestas atención. Paramos a comer por segunda vez y empezamos a perder altura. Estamos felices y contentos porque el camino es bastante cómodo en general, así que llegamos a Setcases a las ocho horas y media de haber salido de Beget. Entramos caminando despacio y con gafas de sol a pesar de que está nublado, así en plan cool, sobrado, como si no hubiéramos sudado todo el día. Que se note que aquí hay nivel.

¿Qué dice Simón? Que han sido 24km, +1600m y -850m. El tiempo que hemos empleado nos parece bastante bueno, y eso nos recuerda de nuevo que lo importante no son los números, sino las condiciones del camino. Incluso siendo cómodo como es, a pleno sol, el día se habría podido complicar un poco o al menos volverse mucho más incómodo.

Dormimos en Can Falera. Pagamos 94€ por dormir, desayunar, y cenar un buen plato de pasta y una ensalada, bastante buenos. Es un establecimiento que está en la carretera y se encuentra fácil, que todo cuenta. Pero antes de la cena nos entra hambre y nos zapiñamos una bolsa de patatas fritas, porque ser vegetariano y sentir debilidad por la comida basura no están reñidos.

Setcases es un pueblo pequeño, pero tiene tiendas y puedes abastecerte de alguna que otra cosa. Antes de la cena nos dimos un buen paseo por él y nos quedamos con la sensación de que merecería la pena volver por aquí con más tiempo para conocer la zona. No está situado en un lugar tan especial como otros pueblos de montaña, pero resulta bastante acogedor. En Can Falera cenamos bastante bien a pesar de que, y no por última vez en la ruta, la primera opción del chef fue prepararnos una trucha.

[1] Los adjetivos no son lo mío.

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