Reseña día 4 La Junquera – Maçanet: Carretera en una ruta de montaña

Salir de La Junquera puede ser complicado, pero como teníamos el track marcado en el GPS desde la pensión (guiño, guiño), no nos costó nada.

El camino es bonito y está muy bien marcado. Al poco de empezar pasamos por un bosque que se debió quemar hace tiempo, y los árboles tienen troncos negros y hojas verdes. Hace un efecto raro, entre triste y esperanzador. El camino sube bastante al principio por una pista, y eso viene bien porque hemos salido con la fresca y mira, quitarse desnivel de golpe por terreno cómodo, a primera hora se agradece.

Lo de “la fresca” es un decir, porque a las ocho de la mañana ya hacía calor como para ver ondulitas en el aire, ya sabes, como en los desiertos del Sahara o de Zaragoza. A este paso vamos a tener que hacer las rutas por la noche.

Paramos a desayunar a las ocho. Lo de levantarse y echar a andar pronto es lo mejor hasta que el GR gane un poco de altura y el calor deje de ser un problema, así que todos los días le damos un par de horas en ayunas. Hay gente que dice que eso es malo para el cuerpo y quizá tengan razón, pero en fin… A nosotros nos resulta bien, porque nos permite echar a andar sin perder mucho tiempo por la mañana.

El camino sube, baja, vuelve a subir… Hay un momento en el que el GR que aparece en mi GPS, es decir, el track que habíamos preparado en casa, acorta campo a través, pero las marcas nos envían camino abajo haciendo una “V” cerrada y prolongada. El supuesto atajo no aparece y tenemos que recorrer la “V” completa, por lo que sumamos dos kilómetros a lo previsto y por asfalto, que lo hace todavía más pesado. No sé si me explico, esto tendré que trabajarlo en casa con dibujitos.

Vamos a aportar algo de información sobre este tema.

Nosotros llevamos un GPS “de mano” Garmin etrex 30x, un modelo básico al que se le puede cargar un mapa. En el GPS habíamos instalado el mapa “Topo Pirineos” (versión 6), que es gratuito y cuyos creadores, haciendo gala de una generosidad maravillosa, actualizan muy a menudo y lo mejoran constantemente.

En casa, a lo largo de varios meses, nos habíamos dedicado a preparar la ruta, es decir, que buscábamos en Internet el “track” de alguien que hubiera recorrido el mismo camino que pensábamos recorrer nosotros, o alguna variante parecida, y lo modificábamos hasta dejarlo tal y como pensábamos recorrerlo. Eso significa que llevábamos todo el recorrido previsto guardado en el GPS, incluidas algunas variantes. Si, por ejemplo, nos sorprendía una tormenta en un punto delicado, no tendríamos más que seguir los puntos de la pantalla… Eso ya nos ocurrió hace algunos años cerca del Vignemale y comprobamos que el GPS es un trasto muy útil que te puede sacar de más de un apuro, porque a veces el tiempo cambia muy rápido y la niebla, por ejemplo, en montaña se te echa encima como un gato sobre una loncha de jamón cocido.

Fue un trabajo pesado y engorroso. Incluidas las variaciones, preparamos cerca de cincuenta etapas, que incluían rutas de escape, puntos de control, avisos de desvíos, etc… Cuando terminamos, guardamos toda esa información en un GPS y brindamos con unas cuantas cervezas. Este tipo de trabajos previos son muy interesantes, no sólo por todo lo que aprendes sobre la zona, sino porque ponen a prueba tu paciencia frente a un ordenador.

La mayoría de los tracks los obtuvimos de travesiapirenaica.com, aunque no nos coincidía ni el sentido de la marcha, ni las etapas, ni nada. Cuando decimos que hemos estado un año preparando la ruta, entre otras cosas, nos referimos a este trabajo, que incluye  buscar información sobre alojamientos, transporte, servicios de salud, cajeros automáticos, restaurantes y demás. Una alegría, ya te digo.

De todos modos, incluso con los kilómetros añadidos, a las diez y poco hacemos una parada en La Vajol y nos rellenamos las cantimploras en la Fuente del Amor, oh, la, la, donde el agua sale fresquita y te puedes sentar en un banco justo enfrente en el que da la sombra.

Un poco más adelante, por cierto, hay un bar restaurante, pero nos parecía un poco raro pedir una cerveza a esas horas, que luego nos miran mal a los senderistas, y por eso optamos por la fuente.

Aquí debemos aclarar, porque somos pobres pero honrados, que cuando nos paramos en la fuente no sabíamos que a doscientos metros había un bar abierto. De haber sido así, habría caído una cerveza fría como que hay Dios.

Aquí tuvimos una duda, un momento de incertidumbre, un quebranto. En el pueblo hay carteles que dicen que Maçanet está a seis kilómetros y el perfil muestra que es todo para abajo…

Pues bien, para que sean “seis kilómetros y todo para abajo”, hay que ignorar a las marcas del GR como los políticos a los votantes después de las elecciones, y seguir por la carretera.

Eso es incómodo, claro. Pero es más rápido, porque las marcas del GR, que es por donde vamos nosotros, suben por el monte, bajan por torrenteras, giran, tuercen y se divierten con el mal cuerpo que se le queda al senderista que se ha comido un bocadillo enorme en La Vajol porque, total, “sólo hay que bajar un rato”. Y al final, después de tanta vuelta, hay que caminar por carretera un rato de todos modos.

Vamos, que este último tramo no nos lo esperábamos y nos ha sabido un poco a cuerno y, después de tararear todas las canciones que nos sabíamos de Asfalto y de Burning, que con el calor que hace es lo que procede, llegamos a Maçanet de Cabrenys a las dos de la tarde, muy buena hora para todo lo que nos hemos quejado, después de 24 km, +800m y -600m según Simón.

Nos alojamos en el Hotel La Cuadra, que de entrada parece un establecimiento de más categoría de lo que un servidor está acostumbrado, así que nos asustamos un poco porque cuando reservamos no parecía tan lujoso pero, en fin, reservar a primeros de mes es lo que tiene, que uno no mira lo que se gasta. De todos modos, pagamos 68€ por la habitación, que es muy barato para lo bien que está el sitio. Como no desayunamos allí, nos cambian el desayuno (que estaba incluido) por dos bocadillos de escalibada que al día siguiente comprobamos que están increíbles, pero esos bocadillos sólo los hacen si presentas el carné de vegano nivel 5.

También pensamos en dejar un calcetín usado dentro de la caja fuerte, pero aún tenemos mucho camino por delante y lo podemos necesitar. Por eso, y sólo por eso, no lo hacemos.

En El Hotel La Cuadra nos prepararon una cena fantástica que incluía un plato de setas pequeñitas típicas de la zona, cuyo nombre no pudimos recordar porque a nosotros nos sacas de las más habituales[1]  y ya nos perdemos. A nuestro lado vimos a una pareja de personas ya mayores, que parecía que venían a descansar a este lugar, y pensamos que cuando seamos unos viejunos nos gustaría parecernos a ellos, ya sabes, en plan:

—¿Qué te parece si nos vamos al Pirineo, cariño? Ahora que estamos jubilados y tenemos mucho dinero y tiempo libre, podemos ir en temporada baja y pasar unas semanas haciendo senderismo y disfrutando de la gastronomía local.

—Me parece muy bien, tesoro. Llamaré a los alojamientos habituales para que nos reserven las habitaciones de siempre,  y le diré a Ambrosio que nos prepare las maletas.

Bueno, a lo mejor con esto último me he calentado un poco.

Pero es verdad: Maçanet de Casbrenys es un pueblo bonito pero no turístico, con un entorno interesante para recorrer en otoño o primavera. Desde luego, si volvemos por la zona (¡cuando volvamos!) iremos a La Cuadra y nos quedaremos un par de días para hacer rutillas por la zona en plan relax.


[1] Las que se encuentran dentro de una bolsa, congeladas y con fecha de caducidad.

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