Reseña día 34 Burguete – Puerto Urkiaga: El cielo en forma de sol y cerveza

Aquí procede una aclaración: Nuestra idea es ir de Burguete a Elizondo. El GR11 va por el puerto Urkiaga, y es por donde vamos a ir, pero para nosotros es un palizón y descartamos hacerlo en el día, que servidor se agobia mucho si ve más de 30km en el track. Hay más casos como el nuestro, y por eso algunos establecimientos dan la opción de ir a buscarte en coche al puerto Urkiaga para bajarte hasta algún pueblo cercano y llevarte allí de nuevo al día siguiente.

Nosotros hemos optado por esa opción, así que a las dos de la tarde, más o menos, nos recogerán en el puerto y nos llevarán al Hostal Etxeberri, en Eugi, y al día siguiente nos devolverán al mismo lugar. Es una solución extraña pero muy apañada para esta etapa.

¡Vamos con ello! ¡Comienza otro fantástico día de niebla, pies mojados y calabobos! Ése es el mejor apelativo que se le puede dar a esa llovizna que, me duele decirlo, me deja empapado a los diez minutos y me hace sentir pues eso, como un ejem, ejem.

De Burguete realmente salimos con esperanza de ver el sol, porque somos así de ingenuos, pero nada, que si quieres arroz, naranjas de la China. La niebla está instalada en el monte y no se marcha ni con una moción de censura.

Los primeros tramos se hacen lentos y pesados, porque estas colinas son incómodas como ellas solas, las condenadas. No dejamos que se nos acerquen los caballos, que ya nos conocemos y se ponen muy pesados pidiendo comida y nos dan pena, los pobres. Avanzamos entre el barro, manchándonos tanto que no sé si estamos recorriendo el GR11 o nos estamos preparando una mascarilla para el cutis.

Nos cruzamos con unos tipos y nos saludamos, que el monte, ya se sabe, es muy saludable. Yo estoy en plan autista y casi no digo nada pero, cuando Silvia les dice que si sigue así el tiempo se cogerá un taxi, uno de ellos me mira y me suelta “ya la tienes harta, ¿eh?, jajaja”.

Porque cuando ves a una pareja en el monte, ya se sabe, es el chico el que lleva a la chica, él la ha convencido a ella para hacer la ruta, y a mí me da la risa porque en mi caso es al revés. Los estereotipos, en este caso y literalmente, tienen los pies de barro.

Llegamos al Albergue de Sorogain, un sitio estupendo en el que nos tomamos un café y tostadas. De haber conocido antes su existencia, habríamos podido venir ayer hasta aquí y hoy seguir hasta Elizondo. Es decir, que si el día anterior hubiéramos alargado un poco la jornada, ésta no habríamos tenido que dividirla en dos. Es una alternativa más purista a lo que vamos a hacer nosotros, pero nosotros de puristas tenemos poco y no sé por qué, no encontramos este albergue cuando planificamos las etapas. Habrían sido jornadas majas y aceptables y el sitio está muy bien, resulta muy acogedor y agradable, pero en fin, así lo estamos haciendo y ya está.

Algún día tendremos que volver al Albergue de Sorogain. Nos ha gustado mucho el sitio, la verdad, es una pena que no supiéramos que existía cuando planificamos la etapa. Están abriendo establecimientos nuevos a lo largo de las diferentes variantes del GR11, como el Refugio de Llauset, o este albergue, y hay que tenerlos en cuenta. 

Nos tiramos una hora con el café allí charlando como tontos, porque estamos muy a gusto y porque fuera sigue la niebla, pero al final nos resignamos, nos armamos de valor y seguimos el camino.

El camino, por cierto, mejora. El barro ya no nos llega a los tobillos y eso anima mucho. Nos cruzamos con unos caballos y con un pastor persiguiéndolos y sudando la gota gorda porque se ve que los animalitos no van por donde él quiere. Es una escena un poco cómica. Vale, a él no le hará gracia, y los caballos actúan así porque están asustados. Ellos pasan miedo, él se enfada y a mí me da la risa porque el mundo humano es un lugar raro, raro.

Al cabo de algo más de 18km, con +840m y -820m, y después de seis horas y media (incluido el súper almuerzo y alguna parada extra), llegamos al Puerto Urkiaga. Llamamos al hostal Etxeberri, como habíamos acordado, nos recogen en coche y nos llevan a Eugi, un pequeño pueblo donde brilla el sol, hay un lago precioso y nos preparan una lentejas tan buenas que nos falta poco para comer de la fuente directamente.

El hostal Etxeberri es fantástico y el pueblo se extiende a lo largo de la orilla del lago. Comimos, cenamos y dormimos en una habitación preciosa y cómoda, y pagamos 130€. Este lugar nos quita el frío y el cansancio de golpe. No hay ni una tienda donde comprar nada, pero eso es lo de menos. Es un pueblo fantástico y nos lo apuntamos en la cada vez más larga lista de pueblos a los que tenemos que volver.

Esto es como el paraíso, y estamos muy contentos de haber elegido esta opción y este alojamiento. Mañana, eso sí, dicen que seguirá la niebla en el puerto y que en Elizondo son las fiestas locales, algo a lo que nos estamos acostumbrando.

Yu-ju.

Pero eso será mañana y el GR te enseña a mantenerte vivo en el presente, así que a disfrutar del entorno, a tomar una cerveza y a hacer tiempo hasta la cena. Así es la dura vida del senderista comodón.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.