Reseña día 27 Sallent de Gállego – Candanchú: Turismo y pueblos fantasma

Cuando pasamos el Collado de Tebarray, algo dentro de mí me dijo que íbamos a terminar la ruta hasta el Cantábrico. Lo más complicado ya estaba hecho y a partir de aquel momento sólo quedaba disfrutar.

En Sallent de Gállego descansamos un día entero, como hemos dicho, por última vez antes de terminar. Nos alojamos en el Hotel Balaitus y pagamos 134€ por dos noches con sus cenas y desayunos, y la verdad es que cenamos y descansamos fenomenal. El trato siempre fue muy cordial y nos trataron estupendamente. Comimos una pizza con unas jarras enormes de cerveza en La Tienda, nos dimos un capricho vegetariano en Hostal faure, y nos volvimos a dejar una cantidad importante de dinero en una farmacia, ya que tuvimos que reponer la crema solar, crema para después del sol, antinflamatorios, etc. Nos ha quedado un buen recuerdo de ese pueblo y lo anotamos en la lista de “destino interesante para pasar unos días de vacaciones”.

Después de descansar en Sallent de Gállego, donde hemos dormido como marmotas, hoy hemos empezado la ruta muy animados y pensando que sería una etapa facilita, así que no hemos madrugado mucho.

Si ya lo decía mi madre. Si pensar no es lo mío. Por no madrugar y por lentorros, pasamos más calor que… que… No sé, mucho calor. Ni metáforas se me ocurren, de lo tostado que estoy.

La ruta empieza por una pista que… Mira, vamos a aclarar una cosa antes de nada: el camino está señalado a trozos. Eso significa que hay cruces y desvíos en los que no sabes por dónde tirar a no ser que camines un rato, siguiendo la política de señalización tan famosa de “cuando llegues al cruce, tómalo”, así, a secas.

Eso significa que cuando decimos “está muy bien marcado” significa que hay muchas huellas en el suelo, no sé, trocha, senda, sendero,  leve insinuación de dirección aproximada… Pero eso no significa necesariamente que haya marcas, así que conviene usar el sentido común, la intuición y el GPS.

Bien. Decía que empezamos por pista, a veces sendero y a veces carretera. Pasamos por Formigal y nos asombramos de la infraestructura tan inmensa que se crea en una pista de esquí sólo para que se utilice unos meses al año. En verano, las pistas de esquí pertenecen a las vacas que, recuerda mis palabras, algún día dominarán el mundo. Tienen una mirada de “ya hablaremos tú y yo” que no me gusta nada.

Seguimos por pista hasta que se termina y comenzamos una subida cómoda por senda hacia los Ibones de Anayet que, cuando llegues, te enamorarás de ellos. El Impresionante “cuerno” del Anayet de frente, el laguito sereno y cuco, y el inconfundible Midi D’Ossau al fondo, que es chulísimo y que a mí me recuerda al Pedraforca de Cataluña pero más sexi y seductor, porque para eso es francés. Es un lugar maravilloso.

Después de perder un tiempo precioso allí abobados y hablando con la gente, y después de tostarnos un rato al sol, emprendemos la bajada hacia La Rinconada, un valle que a mí me ha parecido muy bonito y mágico, quizá por los dólmenes y los rebaños de caballos y vacas que pastan juntos, aliándose para trazar su plan de Dominación Mundial.

Ahí, en la Rinconada, perdemos un poco de tiempo porque a veces me distraigo con una mosca, pero es que hay dólmenes escondidos en el valle y eso no me lo puedo perder. Luego emprendemos la bajada hacia Candanchú, que se hace larga y pesada, más por el calor que porque sea larga y pesada. Hay una fuente casi al final que te permite reponerte un poco si vas más deshidratado que una pasa, como es nuestro caso. Ah, por cierto, verás carteles de “no ir por este camino que hay desviándose un poco, peligro de desprendimientos”. Hazles caso, qué el GR va por otro lado más cómodo y más mejor.

Llegamos al pueblo fantasma de Candanchú siguiendo las indicaciones del Camino de Santiago, ya ves tú, y cuando llegamos al pueblo, lo encontramos tan vacío que hasta los graznidos de los cuervos le dan un aspecto extraño. Estos pueblos de temporada son siniestros. Nos alojamos en el refugio Pepe Garcés, porque nos lo habían recomendado, y con razón. Es económico (pagamos 68€ por dormir, cenar, un picnic que nos duró casi todo un día y una botella de vino), pero sobre todo debo decir que cenamos fenomenal, habitaciones de seis personas con baño y agua caliente gratis, y un trato y atención fantásticos. ¡Que se note que no me voy quejando de todos los sitios por donde paso!

Simón dice que vale, que han salido 26km de achicharramiento, y que sí, que han sido +1.380m y -1.040m en nueve horitas y media como nueve soles.

Encima con recochineo.      

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