Reseña día 26 Bachimaña – Sallent de Gállego: Por fin, el Collado de Tebarray

Entre el refugio de Bachimaña y el refugio de Respomuso, que está en el camino hacia Sallent de Gállego, se encuentra el Collado de Tebarray. Eso es un Collado, y lo demás, en comparación, son colladitos de morondanga, de pichiruchi y de chichinabo.

Decidimos ir por Tebarray a pesar de no llevar “material de invierno”, entre otras cosas, gracias a dos chicas de Urretxu que nos animaron un montón la noche anterior en el refugio. A ellas les habían dicho que no podían subir al collado, que acercarse estaba peligrosísimo, aunque el acercamiento era viable, “incluso para ellas”, que no sé muy bien lo que significaba eso, porque controlaban un montón.

Pero tampoco somos unos inconscientes. Nuestra idea es acercarnos al collado y, si lo vemos muy mal porque haya mucha nieve o esté muy dura, volver al refugio, bajar a la carretera y rezar al Dios de los autoestopistas. Es una idea algo ingenua, pero en fin… Y como esperamos mucha nieve en el collado, no madrugamos. Así, con un poco de suerte, la nieve estará más blanda y la gente que pase antes que nosotros nos hará algo de huella.

Pues nada, que ni por esas. Somos de los primeros en empezar a andar sobre las siete y media, porque aquí no madrugan ni las marmotas. El sendero es muy bonito porque esta zona es espectacular, aunque como dijo un alpinista famoso, “las montañas son desiertos de piedra, y tienen el valor que nosotros queramos darles”.

Bueno, dijo eso más o menos, que mi memoria se ha vuelto de un selectivo últimamente que no hay quien le diga nada.

Llegamos a lo que yo pensaba que era el Nevero del Infierno, que con ese nombre uno espera encontrarse algo muy raro, no sé, como una nevera gigante que, al abrirla,  dentro sólo tenga cerveza Cruz Campo, por ejemplo. Pero en realidad es un ibón precioso llamado Ibón de Tebarray, que tiene más sentido, y que se rodea por un sendero bien marcado bajo la atenta mirada de Los Infiernos. Esta montaña la reconocerás por su silueta, porque está dividida por una enorme zona gris conocida como “la Marmolera”, más característica que el acento de un sevillano. El sendero, poco a poco, nos lleva a

(redoble de tambores)

¡el Coloquio del Tendero!

Bravo, corrector ortográfico. Te has superado.

Bueno. No voy a decir si el Collado de Tebarray es complicado en función de si tiene más o menos nieve, voy a intentar ser más genérico.

El collado es más tendido por su vertiente hacia Bachimaña que por su vertiente hacia Respomuso. Como subir algo y bajar ese mismo algo no tiene nada que ver, y subir siempre es más sencillo, eso significa que es más fácil hacerlo en un sentido que en otro, es decir, que resulta más cómodo hacerlo en sentido Respomuso-Bachimaña, en cualquier caso (en sentido contrario al que llevamos nosotros).

Pero esto es así sólo desde un punto de vista técnico, claro. Porque desde Bachimaña al Collado te plantas en dos horas y media y desde Respomuso se tarda bastante más y eso, a según qué horas, puede hacer que te cuezas en tu salsa como si fueras un pimiento. Desde un punto de vista práctico, creo que es más interesante el sentido que llevamos nosotros.

El collado se corona con una trepada elegante, tanto por un lado como por el otro. Esa trepada con nieve o hielo puede ser muy complicada, pero cuando llegamos nosotros no tiene ni una cosa ni la otra y la superamos haciendo un poquito de diedro con manos y pies, y poniendo muchas veces el culo en el suelo. Se supera bien, aunque las personas con vértigo quizá necesiten un poco de apoyo emocional. Dificultad, lo que se dice dificultad, a estas alturas de la película, no tiene.

Llegamos a la nieve. Acaba de pasar un grupo numeroso, algunos con champiñones y algunos sin ellos.

Mira, voy a pasar del corrector ortográfico. Contento me tiene, hoy.

El caso es que avanzar en plano con los bastones y sin pinchos es fácil, pero bajar por una huella de crampones no lo es tanto, con o sin ellos, porque la nieve suele estar apelmazada y hay que saber moverse. “Crampones” no es sinónimo de seguridad… Como dicen los montañeros de verdad, a veces es mejor llevar un piolet y no llevar crampones, que al revés.

En fin, pasamos un lugar delicado y, un poco más adelante, en un punto bastante empinadete, me resbalo.

Es raro. No sé si sucede despacio o es que mi cerebro empieza a trabajar muy deprisa, pero me veo tumbado boca abajo resbalando por la ladera sin poder frenar, pensando “uy, pues no me paro… y ahora tampoco… y no puedo hacer nada”.

¿Pasa mi vida frente a mis ojos? No, lo que pasa frente a mis ojos es nieve, claro. Afortunadamente no adquiero velocidad y, pegando el cuerpo bien al suelo y apretando los bastones, freno unos metros más abajo. Me levanto como un campeón, con una enorme sonrisa, el corazón desbocado, una pequeña quemadura en un brazo y la sensación de que, con cuidado y manteniendo la calma, esto está chupado. La gente que pasa por allí cerca me mira con preocupación y yo pongo cara de que me he tirado por voluntad propia, para atajar. No cuela, claro.

A partir de ahí, la pendiente tiene menos inclinación y, por pedreras o por huellas en la nieve, se baja bien hasta el primer Ibón. Desde allí, es todo un paseo hasta Respomuso. Un paseo largo, eso sí, porque hay más sube-baja que en una montaña rusa y se tarda un rato largo en llegar.

He subido el Collado de Tebarray con barro y lluvia, y lo he bajado con nieve. Esa vertiente es incómoda la mires como la mires, pero si hay nieve hay que estar pendiente de si ha helado mucho las noches anteriores, de si hay huella, y ese tipo de cosas. Asumimos riesgos en cada momento de nuestra vida, seamos conscientes de ello o no, y este momento no se diferencia de ningún otro. No hay que darle más importancia de la que tiene.

Llegamos a Respomuso a las seis horas y media de salir de Bachimaña, que no está mal. Nos bebemos dos litros de agua, nos comemos unas galletas, charlamos un rato con la gente y seguimos hacia Sallent de Gállego. La adrenalina está bajando y el cansancio empieza a pesar.

Hasta el pueblo hay unas tres horas y media, una menos hasta el parking. Es domingo y hay mucha gente. Vemos un helicóptero de la Guardia Civil y presumimos que se están jugando de nuevo el tipo en un rescate. Vaya veranitos que se pega esta gente.

Llegamos al pueblo agotados, con las reservas por los suelos y con ganas de darnos una ducha. Nos alojamos en el Hotel Balaitus y el GPS nos lleva hasta la puerta, porque en casa preparamos el track para que así no tuviéramos que perder tiempo en los pueblos, y eso mola.

Vamos con la rutina de todos los días: ¡Habla, oh, Simón! Y Simón dice: en verdad en verdad os digo que habéis hecho 23,5km con +850m y -1.720m, en nueve horas y media.

Pues tan felices. Después de eso, toca ducha, masajes, estiramientos y cerveza como si fuéramos irlandeses en el día de San Patricio, o estudiantes de Bellas Artes cualquier día del año. En Sallent de Gállego tenemos nuestro último día de descanso; a partir de aquí, del tirón hasta el Cantábrico.      

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.