Reseña día 24 Torla – Bujaruelo: El reposo del senderista

Como ayer hicimos una ruta larga, hoy tenemos por delante una ruta muy corta, para compensar. Los bosques viejos entre Torla y el Refugio – Camping de Bujaruelo son una cucada, y están llenos de líquenes, de musgos y de esas cosas que cuelgan de los troncos de los árboles, que parecen barbas y que se usan en las películas cuando quieren representar un bosque viejo, como de cuento. Aunque aquí, en vez de a Caperucita Roja llevando magdalenas a su abuelita, verás la furgoneta de Ámbar llevando cervezas al refugio que, no es por nada, pero hace mucha más ilusión.

El camino, según Simón, que está medio dormido porque lo hemos despertado tarde, parando a tomar algo en un camping que está a tres kilómetros de nuestro destino, supone en total 10,60km, con +440m y -105m, a lo largo de cuatro horas en plan relajo.

Se atraviesa el río dos o tres veces por puentes nuevecitos, y como baja mucho agua es muy bonito y ruidoso, y durante un tramo se camina por pista asfaltada. Es decir, que el camino es bonito, pero no al 100%. Luego no quiero reclamaciones.

En Bujaruelo nos llevamos la sorpresa de que sí han tenido en cuenta las anotaciones de la reserva y nos tienen preparados unos garbanzos con verduras para la cena. Eso, después de tantos días de menú infantil a base de macarrones con tomate, se agradece un montón. ¿Por qué en los refugios a veces son más serios y profesionales que en los hoteles? Aquí quería yo ver a Iker Jiménez resolviendo este misterio, y no analizando los reflejos de los satélites para ver si son mensajes alienígenas y ese tipo de cosas. Comer, cenar, dormir y que nos preparen un par de bocatas deliciosos para el día siguiente, nos cuesta 96,50€, incluidas dos jarras de cerveza tamaño montañero sediento.

Es un día extraño. No hemos madrugado porque era una jornada corta, pero el cuerpo está acostumbrado a funcionar a tope a primera hora, así que arrancar a media mañana se hace raro. Estamos amodorrados y desanimados. Esto pasa cuando se te acumula el cansancio y no mantienes el cuerpo al mismo ritmo que la mente, es decir, cuando tu cuerpo pide guerra y tú estás en las últimas, así que lo solucionamos con una jarra de cerveza y una buena comida. A veces decimos “noto un vacío en el estómago” cuando algo nos preocupa, o sentimos “mariposas en el estómago” cuando vemos a alguien que nos hace tilín, y en realidad lo que tenemos es hambre.

Porque una cosa está clara: ni dieta Dukan ni dieta del berro ni tonterías de esas; si quieres adelgazar, haz la Transpirenaica siendo vegetariano. Hoy he hecho la ruta con pantalones largos en vez de mallas, porque ayer me torrefacté las piernas y olía un poco a torrezno, y se me caían por todas partes. No sé dónde he perdido los tres o cuatro kilos que me faltan, pero no pienso volver a por ellos.

Mañana toca madrugar y volver a la rutina de las etapas más largas, y él cuerpo y la mente volverán a sincronizarse, como si el cuerpo fuera un móvil y la mente una conexión WiFi, y las etapas del GR11 fueran la clave para conectarse al mundo.

Y ésta es la metáfora más rara que se me ha ocurrido en mucho tiempo. Necesito dormir y descansar antes de empezar a ver enanitos verdes encima de las piedras.

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