Reseña día 23 Pineta – Torla: Las madre de todas las palizas

Simón está que se sale, y nos dice que hemos hecho 30,60km, con +1.750m y -1.635m, en doce horitas y media de nada, desde el Camping Pineta hasta la Pradera de Ordesa.

Sí, lo sé, he empezado por el final para que no haya lugar a dudas: ha sido una señora paliza, pero señora-señora, de las de abrigo caro, joyas por todas partes y gafas de sol oscuras. Hemos terminado tan cansados como en otras etapas similares, Malniu-Encamp, por ejemplo, pero el terreno es distinto, mucho más complejo, como de la noche al día, o como del Camino de Santiago a la Transpirenaica.

¿Por qué digo esta comparación? Porque esta etapa es fácil para cualquiera que tenga un mínimo de experiencia en rutas de montaña, senderismo puro y duro, no hace falta más, pero puede complicarse de mala manera para gente que, sin haber hecho nunca nada en montaña, se meten a esta ruta porque hicieron el Camino Francés y total, “esto es parecido”.

Nos hemos cruzado con un par de personas que nos lo han dicho con estas mismas palabras. Como se lo cuento, señor juez.

Vamos con la ruta. Madrugamos más de lo habitual y salimos del camping a las cinco y media, con los frontales encendidos porque no se ve ni torta.

Desde el Camping hasta el refugio de Pineta tardamos tres cuartos de hora. Ya es de día y podemos descalzarnos para cruzar el río porque no hay tu tía, o te descalzas o te empapas el calzado por dentro. El agua está tan fría que se me quedan los pies azules como el trasero de un Pitufo.

Empezamos la subida reina, la madre de todas las subidas, primero por bosque, despacio para no agotarnos, y luego por piedra, subiendo, subiendo un montón hacia el Collado de Añisclo. Hay varias trepadas en las que hay que echar las manos. No hay patio ni exposición, pero en otras zonas de Pirineos hemos pasado por tramos más fáciles que estaban equipados con cadenas. Esta ruta no es tan turística como otras, y se nota.

El último tramo lo hago siguiendo los pasos de Silvia para que la cabeza no me juegue malas pasadas. Insisto en el truco que ya he contado antes, para los que tienen vértigo: fíjate sólo en los pies de la persona que está delante, porque esta subida tiene su aquel. No mires abajo porque, si piensas “me estoy haciendo caca de puro miedo”, ya te digo que no hay donde esconderse con dignidad.

No es una subida difícil, pero sí mantenida, y al final se hace bastante larga. Recuerdo haber bajado por aquí hace unos años, haciendo la Alta Ruta de los Perdidos, y prefiero subirlo cincuenta mil millones de veces antes que bajarlo, y no exagero.

Bueno, quizá un poco. Pero en serio, mejor subirlo que bajarlo. Subir el Collado de Añisclo: 4 horas y cuarto desde el Refugio de Pineta. Y tan felices.

Al poco de empezar a subir, casi tres horas antes de llegar al collado, al amanecer, escuchamos un ruido muy extraño. Parecía una especie de ladrido prolongado y muy grave, que se repitió durante un buen rato, y que provenía de un bosquecillo cercano. Nos cruzamos con un tipo (bueno, en realidad nos adelantó, porque nosotros íbamos despacito), y al hablar con él en voz alta, el ruido cesó…

Al llegar a la civilización, buscamos ruidos similares a aquel que habíamos escuchado, porque teníamos una sospecha, y sí, efectivamente, era el gruñido de un oso.

Es lo más cerca que hemos estado de un oso en toda la travesía, y con eso tenemos suficiente. Pero fue muy bonito.

En el collado reponemos fuerzas con dulces y líquidos. Miro a la Faja las Olas y me da un ataque de pánico, pero recuerdo que por ahí ya he pasado en una ocasión y no es tan terrible, así que me pongo en plan Zen: relájate, Eduardo, vive el momento presente, mantén atención plena en lo que haces, el secreto es que no hay cuchara, y todas esas cosas.

La idea es esta: En vez de girar a la izquierda y bajar a la Font Blanca y luego subir, lo que añade un buen desnivel a la ruta, decidimos ir por la variante más corta y bonita, sin perder altura por la incomparable Faja de las Olas, porque luce un sol radiante y hay que aprovechar que el día acompaña.

Veamos. Hay marcas rojas y blancas que suben a la Faja, que no hay que confundir con las marcas rojas y blancas que bajan a la Font Blanca. Se diferencian en que unas suben, y las otras bajan.

Dicha esta tontería, subes y subes, pasas bajo una pequeña cascada intentando no resbalar, que mojarte es lo de menos en ese punto, y llegas al primer tramo de cadenas.

No hay casi nieve así que, esquivando la roca mojada, lo superamos bastante bien, con cuidado porque a veces la roca resbala un poco y nos toca dar algún saltito. Con un poco más de nieve, la película habría sido muy diferente. Seguimos subiendo hasta el segundo tramo de cadenas, que nos toca de bajada. Tensando la cadena y haciendo oposición con los pies en la roca se baja bien, aunque pasamos de uno de los tramos y decidimos destrepar directamente por la piedra. Esto se hace al gusto de cada cual, pero lo explico para no dar la sensación de que es difícil. Lo he pasado yo que tengo vértigo, así que no es complicado, pero tampoco es un paso para todo el mundo, porque con una mochila pesada y sin saber a lo que te enfrentas puedes pasar un mal rato. Yo, que con mi vértigo necesito ayuda moral en estos casos, no me metería aquí con alguien que no tuviera un mínimo de soltura en la piedra, por ejemplo, y no me refiero a que sea capaz de hacer ranitas en los lagos lanzando piedras planas y haciendo que reboten en el agua, ya me entiendes. Que esto no es difícil, insisto, igual que no es difícil conducir, pero a todo hay que aprender.

Desde el Collado hasta bajar las cadenas, hora y media con parada incluida. No es para tanto, así visto, pero ha sido muy bonito.

Llegamos a la Faja de las Olas propiamente dicha. Las vistas de los Cañones de Añisclo y Ordesa son indescriptibles, así que no voy a intentar describirlos… Hay que verlo por uno mismo. Ojo al dato, desde Góriz se puede subir hasta aquí sin pasos delicados porque las cadenas están al otro lado, así que si quieres disfrutar de estas vistas, ya sabes lo que puedes hacer.

Aquí paramos un rato a disfrutar de las vistas. Nos acompañó un ejemplar de quebrantahuesos, si interpretamos bien la forma de las alas, los colores y ese tipo de cosas. Nos sentamos y bebimos agua a sorbos cortos, en silencio, dejando que nuestro cuerpo se relajara después de la tensión de los pasos anteriores. Recuerdo las vistas, pero también el olor del aire, el calor del sol y una extraña sensación de cobijo, de sentirme protegido por las paredes que teníamos a nuestra espalda. Para nosotros, el punto en el que contemplas el cañon de Añisclo y el de Ordesa, como si fueran cicatrices en la tierra, es uno de los lugares más fantásticos de todo Pirineos.

Atravesar la Faja y llegar a Góriz nos lleva dos horas y media. La adrenalina nos hace caminar rápido y sin miedo, como si fuéramos adolescentes persiguiendo a nuestros sueños.

En Góriz descansamos un rato, pero muy poco, y bajamos para Ordesa y Cola de Caballo… Hay mucha gente por todas partes. Paramos para dejar que pasen los que están subiendo, como debe hacerse en estos casos, y llegamos a la pista de Cola de Caballo con los pies cada vez más machacados. Seguimos a buen paso hasta la pradera de Ordesa, donde vamos a coger un autobús que nos lleve al pueblo, como que hay Dios.

Incluido el descanso de media hora en Góriz, tardamos tres horas y media desde el refugio hasta la Pradera de Ordesa y el bus. Las últimas dos horas se hacen muy pesadas y los pies duelen más de lo aconsejable, pero procuramos disfrutar del entorno, porque merece la pena en cualquier circunstancia.

Llegaos al pueblo y nos alojamos en Villa de Torla, un hotel que hay junto a la parada del bus. De nuevo, los que tomaron la reserva han ignorado los comentarios que les hicimos acerca de nuestra alimentación y nos dicen que no nos preocupemos, que una ensalada o algo parecido nos podrán preparar… Estamos muy cansados para liarnos a bastonazos y al final nos arreglamos con los cocineros, que suelen ser los profesionales que solucionan estas cosas. Porque nosotros somos vegetarianos por elección y podemos salir del paso, pero los celíacos o la gente que tiene intolerancias a veces se encuentra con la misma dejadez cuando les toman la reserva, y estas cosas sientan que es un no parar de reír. Pagamos 107€ por la media pensión. Este pueblo no es barato, pero el hotel es verdad que está muy bien.

Para hacer tiempo, nos tomamos unas cañitas de las pequeñas (25 cl) en el bar La Gruta y nos clavan 4,50€ por las dos. Se ve que tenemos cara de turistas, así que decidimos ir al hotel, cenar y morirnos haya el día siguiente. Una vez resucitados, seguro que nos encontraremos más descansados.

Digo yo.

En toda la travesía, las dos etapas más complicadas se encuentran muy cerca una de la otra, las dos en el Pirineo Aragonés. Una de ellas es ésta, desde Pineta hasta Torla, por la dureza y por el paso de cadenas de la Faja de las Olas, donde una placa de nieve que se desprenda bajo tus pies te puede hacer volar muchos, muchos metros… La otra etapa complicada no es tan larga, pero requiere superar el Collado de Tebarray, un collado sombrío a unos 2.800m de altura que suele acumular nieve.

Antes de salir de casa estuvimos dando muchas vueltas al asunto de los crampones y el piolet de paseo. ¿Los llevamos? ¿Los dejamos en casa? De necesitarlos en algún punto, sería tan sólo en esas dos etapas…

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