Reseña día 22 Parzán – Pineta: Se acerca el día del baile

Y seguimos con una racha de etapas que valen su peso en oro…

Si estás en casa, claro. Valen su peso en agua fresca si estás caminando, o en analgésicos y en antiinflamatorios si ya has terminado la etapa. Son, en todo caso, etapas fantásticas.

Salimos del pueblo de Parzán. Por si te lo has preguntado, en el pueblo no hay más que dos locales donde comer. Uno de ellos está junto a La Fuen, donde dormimos, y eso está muy bien porque no hay que andar mucho. De todos modos, nos dimos un paseo por el pueblo y no vimos nada más, ni bares ni ninguna otra tienda aparte de los dos supermercados de la carretera. Es un poco raro. Da la sensación de que le van a ofrecer a uno tabaco y licores de contrabando, de más allá de la frontera, con cuidado de que no les vea la patrulla. Bielsa está cerquita, de todos modos, y allí tienes de todo.

Salimos del pueblo, como decía, siguiendo unas marcas blancas y amarillas que, al cabo de un rato de sendero, te conectan con la pista asfaltada del GR11, que hay que subir hasta pasar un pueblo, y luego seguir subiendo cuando se ha convertido en pista de tierra, y seguir, seguir por la pista interminable, hasta que ves que se termina. Hay carteles que indican Pineta, La Munia y esas cosas que viene a ver la gente por aquí. Son tres horas de pista y casi ochocientos metros de desnivel, así que no corras, que la prisa mata.

Desde el final de la pista se sube con más o menos comodidad, dependiendo de lo que hayas tomado para reponerte. Nosotros nos tomamos un Red Bull y unas galletas que habíamos comprado el día anterior, porque a veces el cuerpo tiene antojos extraños, y subimos tan ricamente hasta los Llanos de La Larri.

Esto es la pera, la caña y la repanocha. “Los Llanos” es como un campo de deportes en medio de la montaña. Parece que hay un tipo que sube a cortar el césped y a quitar malas hierbas todos los días, de lo bien que está. Voy a decir una frase horrible, pero seguro que así me explico mejor: Es tan bonito, que parece artificial. Si le pones unos postes y unos aros, se podría jugar al quiddich en él. Nos quedamos maravillados y atontados (Silvia maravillada, y yo lo otro), porque es un lugar que nos impacta un montón.

Desde este mirador tan estupendo se ve muy bien del valle de Pineta y, al otro lado, las laderas del Balcón de Pineta y lo que es peor, el Collado de Añisclo y la Faja de las Olas, que es una de las variantes de la etapa del día siguiente. Impresiona. Mejor no las mires mucho o te pasará como a mí, que no me da un ataque de nervios pues, no sé, porque todavía tengo mucho que bajar.

En fin, que empezamos a bajar por un sendero más o menos bien indicado. Nos encontramos con un grupo de chavales en viaje organizado que hacen más ruido que un rebaño de ovejas perseguidas por un lobo furioso perseguido a su vez por un leñador y por Caperucita Roja revivida como si fuera un zombie. Un jaleo de narices, vaya. Cuando pasamos a su lado, no resisto la tentación de gritarles “ánimo, que en tres o cuatro horas ya habéis llegado”, sólo por ver sus caras de terror. Les queda como media hora, más o menos.

Por el sendero se baja bien hasta el Valle de Pineta, y se pueden, o no, seguir los atajos que marca el GR para no pisar mucha pista.

Vemos un helicóptero de la Guardia Civil rescatando a varias personas, creemos que de la Faja de Tormosa, que está al otro lado del valle. Esperamos que no haya ocurrido nada grave y seguimos el sendero que nos lleva hasta la Ermita de Pineta. Es muy bonita,  de piedra, y se puede ver por dentro.

Fuera de la Ermita hay un letrero que, entre otras cosas, reproduce una canción popular que dice,

“La mujer del gaitero tiene fortuna, tiene fortuna, ella tiene dos gaitas, y las demás sólo una”

y con eso se demuestra que los chistes malos y las rimas tontas siempre nos han hecho gracia a los seres humanos, porque en el fondo somos más simples que unas setas a la plancha.

Simón dice que claro, que desde la Ermita hasta el Refugio de Pineta hay un trecho, y que nosotros, como al hacer las reservas no pillamos sitio en el refugio, hemos caminado tres kilómetros y pico de más hasta el Camping Pineta, y que por eso nos salen 25km con +1.180m y -1.030m, en ocho horas y media.

Pasamos por delante del refugio pero no entramos a tomar nada, porque hace unos años tuvimos una experiencia rara y, total, para no quedarnos a dormir…

¿Que por qué elegimos el Camping? Porque no había sitio en el refugio, está claro, porque de haberlo encontrado nos habríamos ahorrado hoy tres kilómetros y otros tantos mañana, porque tenemos que volver hasta él, que la etapa sale del refugio. Pero ojo, que en el camping tenemos WiFi y una tienda donde comprar tofu preparado en rodajas para hacer bocatas, hamburguesas vegetales y un montón de cosas que en el súper de mi pueblo no encuentro, así que estamos tan contentos. Nos atienden muy bien y descansamos, que es lo importante, por 42€ de bungalow y 5€ en cervezas.

Pero más contentos estaremos mañana, cuando hayamos dejado atrás el Collado de Añisclo y sus muchos metros de desnivel que hay que quitarse a lo bruto.     

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