Reseña día 20 Benasque – Biadós: Las maravillas del pirineo aragonés

Tengo muchas ganas de describir esta etapa y además es muy bonita. No voy a decir que es muy fácil porque eso es como decir que la tortilla de patata siempre lleva cebolla y eso depende de la cantidad de tortillas que haya probado uno, vaya, pero es una etapa más sencilla que la media.

El camino empieza cerca del Hostal Parque Natural, que es donde nos alojamos, así que nos ahorramos la subida desde el pueblo hasta aquí y nos sentimos muy listos y orgullosos por nuestra elección del alojamiento para descansar e iniciar hoy la etapa. Esos momentos los aprovecho mucho, porque no abundan. Cuando me siento listo, quiero decir.

Desayunamos en el Hotel con toda la pachorra del mundo porque sabemos que la ruta es cómoda y no muy larga, así que empezamos a andar con el recuerdo en la boca de las tostadas con mermelada, un saborcillo que, por mucho que te laves los dientes, no te quitas de encima en un par de horas.

El camino está muy bien marcado y de hecho es una pista para 4X4. Pasamos por la cabaña de Santa Ana, y al cabo de un rato hacemos la foto obligatoria a la Cabaña del Turmo, que desde el 20 de abril del 90 (sí, la canción de Los Celtas Cortos habla de esta cabaña) ha envejecido bastante, por lo que parece. Hay un proyecto para restaurarla, ojalá que salga adelante. Todo este valle es impresionante y muy bonito, y las cabañas invitan a detenerte en ellas y disfrutar del paisaje, pero sólo cuando se conservan bien.

Pasamos por el pequeño desvío a las Gorcas Galantes y lo ignoramos porque el año pasado estuvimos por la zona y tomamos ese desvío, así que lo tenemos reciente en la memoria. En realidad, lo que ocurre es que amenaza lluvia y no queremos perder tiempo, pero las Gorcas Galantes es un espectáculo que hay que ver si pasas por la zona y son sólo diez minutos. Si no lo conoces, no seas vago y acércate.

La pista se convierte en un sendero muy marcado, y a veces pavimentado, que lleva al refugio de Estós. Lo conocemos de otros años y es un refugio majo que suele recibir a bastante gente, así que decimos que muy chulo, qué bonito, qué olor tan humano sale de los servicios, menos mal que están alejados del refugio, picoteo y para arriba, que llevamos unos seiscientos metros de desnivel y nos espera el Puerto de Chistau con otros tantos, o más, y no estamos como para perder mucho tiempo.

El puerto es de éstos que engaña, que crees que ya estás arriba y todavía te falta otro repecho, y luego otro. Pasamos por delante de Los Gemelos, que son dos picos muy parecidos y la gente que le pone nombre a estas cosas, la verdad, imaginación, la justita. Llegamos al puerto a las tres horas de salir de Estós, así a ojo, algo cascados porque sopla el aire y hace mucho frío.

La bajada es un poco rollo hasta las Añes Cruces, donde hay un puente algo precario y otro puente partido por la mitad, que uno no sabe si quitarse las zapatillas o ponerse el bañador. Cruzar los arroyos cuando bajan alegres y rápidos es muy divertido.

Desde ahí, un sendero nos lleva hasta el refugio de Biadós, que a veces lo veo escrito con B y a veces con V, y así no hay quien se aclare. La mole del imponente Posets, segunda cima del Pirineo, si se deja ver entre las nubes, te hará sentir pequeño, insignificante y muy feliz, todo a la vez, porque es bonito ver que hay cosas hermosas que nunca se verán afectadas por nuestras preocupaciones. Siempre que tus planes no sean subir a la cima de esa montaña al día siguiente, claro. En ese caso, las nubes te provocarán ansiedad, sudores fríos y risitas nerviosas.

No nos ha caído ni una gota, así que estamos tan contentos. En el refugio charlamos con algunas personas que están haciendo el GR enterito. Una de ellas es una chica americana jovencita que tiene la cabeza más amueblada que la sala de estar de la Familia Real. Viene desde California. El año pasado hizo el Camino de Santiago y las primeras etapas, que se cruzan con el GR, le llamaron tanto la atención que este año ha vuelto para recorrer la transpirenaica completa. Es simpática y muy inteligente, y no dudo de que lo terminará sin problemas, porque se adapta a las dificultades como si fuera una mutante de los X-Men, y sabe bien lo que está haciendo y dónde se mete. Hablamos un buen rato con ella porque es vegetariana y compartimos la mesa en la cena. Por cierto, en el refugio pagamos 57€ por la noche, cena, duchas de agua caliente y dos cervezas. Está bastante bien.

Otras personas, por usar una expresión que escuché en Requesens, se han puesto a recorrer el GR con una mano en cada huevo, sin conocer la zona, sin GPS, sin mapas, sin saber las distancias o desniveles de unos lugares a otros… Hablamos con dos personas que van en ese plan, cargados con tienda y varios pertrechos pero sin apenas información. A pesar de perderse muy a menudo han llegado hasta aquí desde Cap de Creus, así que tan mal no lo están haciendo. No sé. Les protege San Ni Flores, el Patrón de los Inconscientes, o algo parecido.

Simón dice que en siete horas y media, el tiempo total, hemos recorrido 22,5km, +1.460m y -1.050m, así sin darnos cuenta. Está claro que la dificultad está en el terreno, no en los desniveles, o como decía mi superheroína de California, “power is in the mind”, así, despacito para que yo la entendiera, que traducido a mis dolores, significa “no me llores tanto y mantén la calma”.

Aquí procede hacer un comentario acerca de la inconsciencia de las personas, entre las que me incluyo, tanto por inconsciente como por persona. Y el comentario es éste: ¿Acaso yo soy quien para criticar el método que otros eligen para hacer la ruta? ¿El hecho de haberme documentado y de conocer los desniveles y el terreno me garantizan más seguridad o probabilidades de éxito? A esas alturas de la película ya teníamos claro que no, que si uno quiere garantías tiene que comprarse una tostadora, porque la montaña tiene sus propias ideas en ese sentido.

Sí, nos llamó la atención ver a una persona subiendo el puerto con una bota en un pie y una sandalia de correas en el otro. No, no era una sandalia de trekking, era más del tipo que uno se pone para ir a la playa y, como mucho, acercarse al chiringuito. Sí, nos llamó la atención que, aun habiéndose desviado hasta veinte kilómetros del GR en una ocasión, otra persona con la que nos cruzamos siguiera sin comprarse un mapa tan siquiera. Pero… Siempre habrá alguien que piense que nosotros no estamos haciendo las cosas bien, por mucho cuidado que pongamos, así que lo mejor que podemos hacer es no criticar a la ligera, ayudar siempre que podamos, dejar la mínima huella de nuestro paso y tener monedas sueltas para pagar en los refugios.

Con eso, la mayoría de las veces, es suficiente.

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