Reseña día 2 Llançá Espolla: El asfalto caliente cuece y enriquece los pies

El móvil de Silvia toca diana a las cinco y media de la mañana. Ha puesto una melodía suavecita y menos mal, porque antes tenía un timbre de estos de teléfono antiguo que hacía que la gente de los refugios pegara unos botes en los colchones la mar de graciosos cuando sonaba. Esto resulta más relajante, aunque habrá que ver qué opinan en los refugios cuando durmamos en alguno. Nos vestimos rápido y a las seis, con las primeras luces, encendemos el GPS y empezamos a andar con el estómago vacío, porque a esas horas no nos entran ni los buenos días.

El camino está bien marcado y con un poco de atención se sigue muy bien. Eso se agradece mucho los primeros días, porque todavía no tenemos cambiado el horario para los madrugones, uno tiende a dormirse un poco tarde y, las primeras dos horas, el cerebro funciona a medio gas.

Al rato de empezar encontramos un desvío a la derecha que marca “200m a la ermita de Sant Silvestre”. Nos acercamos a verla porque a veces estos desvíos merecen la pena, y efectivamente, merece la pena. Además, después de ver la ermita no tenemos que volver sobre nuestros pasos, porque el desvío conecta con el GR11 siguiendo recto. Si no fuera tan temprano, sería un buen lugar para almorzar.

Esta ermita sería un lugar precioso para dormir si no tuviera un hermoso y enorme letrero de “prohibido acampar”. Además, está rodeada de lomas y nos dio la sensación, por primera vez, de que nos estábamos alejando de la costa. Yo no le dije nada a Silvia porque las primeras horas del día intentaba no hablar demasiado para no saturarla con mi cháchara habitual, pero en esa ermita tuve la sensación de que estaba empezando a recorrer la Transpirenaica.

Llegamos a Villamañiscle sobre las nueve y pico de la mañana. Es un pueblo pequeño y, a esas horas de un lunes, no vemos por la calle más que a un gato que vuelve de fiesta. Paramos a comer medio bocata, ahora sí, y a estirar un rato. No entramos en el pueblo a conocerlo porque queda mucho día por delante y no queremos perder mucho tiempo.

Siguiendo por el GR llegamos a Mas Mallol, que es una especie de casa/cabaña que por alguna razón tiene nombre propio. Cosas de los mapas. Aquí el camino se bifurca y hay dos opciones: seguir por la ruta larga, que pasa por el Monasterio de San Quirce de Cólera, o la ruta corta, con la que se ahorran casi 8km, dirección Rabós y luego directamente a Espolla.

Nosotros optamos por la ruta larga, porque queremos ver el Monasterio y por esa vena masoquista que tienen todas las personas que pasan sus vacaciones con una mochila al hombro. Pero, después de caminar un buen rato y llegar al monasterio, nos encontramos con que no se puede visitar, que sólo se puede ver desde fuera y tampoco del todo… Así que nuestro gozo en un pozo; de haberlo sabido habríamos elegido la ruta corta porque, después de parar a comer algo, al retomar el sendero, nos alcanza el calor.

Verano del 2016: Empezó a hacer calor a primeros de junio y las temperaturas fueron sofocantes más o menos hasta octubre. Nosotros tuvimos suerte y los picos de calor de julio los pasamos en las etapas más altas, pero en estas primeras jornadas, el enemigo más incómodo es el calor. Y el asfalto. Y las rozaduras en los pies.

El sol, en cotas bajas, cuando pega, pega bien. Pero lo malo no es eso… Lo malo es que hay que caminar por asfalto varios kilómetros seguidos, y eso hace que a uno se le cuezan los pies, se le tuesten las piernas y se le ase la cabeza, con lo que se te queda un cuerpo muy gastronómico. Pasamos por delante de un desvío a un dolmen, pero estamos tan torrefactados que lo ignoramos y seguimos recto.

Llegamos a Espolla a las dos de la tarde, después de ocho horas, 28km, +900m y -790m, según el GPS que, honestamente, creo que es un exagerado. Ya veremos en casa cuando analicemos el track, pero yo creo que es un poco menos.

Después de analizar el track, llego a la conclusión de que el GPS, debido a esos pasitos adelante y atrás que damos todos, y por la manía de las personas de no caminar en línea recta, suele marcarnos así a ojo un 10% más de lo previsto sobre el papel. Se supone que los datos recogidos del GPS en vivo y en directo son más fiables, pero pueden llevar al desánimo de los sufridos lectores. Espero que no sea así y que recuerden ustedes que un camino de 1000 kilómetros, como decía Miyamoto Musashi, se recorre dando un paso después de otro. Que es la forma Zen de decir que no hay que agobiarse, y que todo se termina superando.

Dormimos en Can Salas: una habitación increíble, dos cenas vegetarianas impresionantes y unos picnic para el día siguiente que consiste en dos hamburguesas vegetales, un plato enorme de arroz con verduras, fruta y agua. Hay que avisar con antelación si se quiere cenar, porque de eso se ocupa otra persona, pero la gestión merece la pena. Nos ha dado tiempo a ducharnos, lavar la ropa y descansar, y eso es lo que necesitaban nuestros pies recalentados. Pagamos en total 105€, que no es barato, pero sólo por la fondue de chocolate de la cena, ya ha merecido la pena.

Esa otra persona se llama Norma, que además de prepararnos la cena, nos contó que gestiona los apartamentos Ca La Marutxi, que como no están en el GR11, ofrecen la posibilidad de buscar al esforzado senderista y luego llevarlo de vuelta, al día siguiente, al punto donde lo han recogido. Es una alternativa interesante en algunos puntos del sendero, y a nosotros nos supuso pasar del infierno al paraíso en el Pirineo navarro, muchos, muchos días más adelante. Ya te contaré, ya.

Esta forma de recorrer el GR11, recurriendo a refugios guardados y alojamientos en pueblos, tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Nosotros realizamos todas las reservas antes de salir de casa, por lo que estábamos “obligados” a cumplir los objetivos y a llegar a los lugares acordados. Fue un poco complicado hacer todas las reservas, pero mereció la pena.

Hay gente que no gusta de este método, que dice que se siente agobiada por la necesidad de llegar a los sitios. Es verdad que, de este modo, no tienes muchas opciones si, por ejemplo, tienes que parar un par de días por una gastritis o por mal tiempo, pero yo creo que, cuando has realizado una reserva previa, tienes un aliciente extra para cumplir tus objetivos. De no haber sido por esa necesidad, más de un día nosotros no habríamos terminado la jornada con los objetivos marcados porque habríamos parado antes a descansar, habríamos necesitado más tiempo y eso quizá habría marcado la diferencia entre terminar el GR y no terminarlo. No se trata de llevarlo todo atado y bien atado (un tipo con el que charlamos, precisamente ese día, nos llamó cuadriculados por llevar las reservas hechas, y se quedó tan ancho), se trata de tener un programa. Ese ”programa”, en el que tienes estipulado dónde dormir cada noche, te permite hacer variaciones si algo sale mal, jugar con el clima y con las lesiones, recurriendo a los transportes públicos o privados si hace falta, pero con la certeza de que vas a tener un lugar donde dormir cada noche.

Todos ponemos el límite en algún punto; unos no usan los refugios para dormir, otros tampoco para comer, y hay quien se hace el GR completo en total autosuficiencia. Siempre hay alguien más fuerte, más rápido o más purista, así que es mejor no darle importancia a esas cosas.

En cualquier caso, para nosotros, las camas y las cenas calientes significan que dormimos  y nos recuperamos mejor, y también que podemos caminar más ligeros, lo que nos permite avanzar más distancia cada día.

Y esa ducha de agua caliente al terminar la ruta… ¡Ay, eso no tiene precio!   

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