Reseña día 19 Conangles – Puente Coronas: El terreno marca la diferencia

De esta etapa hay muchas cosas que contar, así que intentaré no enrollarme mucho. La idea es ir desde el refugio de Conangles hasta Benasque pero, como hasta Puente Coronas, que es un área situada antes de Benasque, suben un par de autobuses al día, la idea es bajar al pueblo desde allí en bus, y así nos ahorraremos unos kilómetros de pista que no nos aportan nada, y nos llevarían tres horas…. como quien dice.

Lo primero que hay que aclarar es que mucha gente clasifica esta etapa como durísima, de las peores del GR. Eso es algo muy subjetivo. Es una etapa dura, desde luego, pero el truco está en disponer de toda la información para saber lo que te espera en cada momento. Al salir, un letrero indica que al Collado de Ballibierna hay cinco horas y media. Tú te lo crees como un inocente gorgorín y claro, luego vienen las quejas.

Empiezas caminando un rato en llano y luego subes por el precioso bosque de Conangles. El “precioso bosque”, a los quinientos metros de desnivel, se convierte en el “puñetero bosque”, porque la cosa se inclina más de lo que aguantan mis piernas. Más o menos a los setecientos, ya habiendo dejado atrás los árboles, la cosa se pone un poco más plana y puedes parar a comer algo e hidratarte, porque la subida de verdad que se las trae. También puedes aguantar las ganas y seguir un rato más, y en media hora llegarás a la preciosa cabaña de Anglós, que es un sitio muy chulo para parar y merece la pena. También debe ser un sitio bueno para dormir, porque hay gente dentro todavía despertándose.

Un poco más adelante nos cruzamos con un tipo del grupo de Travesía Pirenaica que está leyendo estas reseñas según las vamos colgando en las redes sociales y nos entretenemos un rato parloteando como viejos conocidos. ¡No recuerdo su nombre! Pero sí recuerdo que necesitaba unas zapatillas nuevas… Eso me sucede porque tengo la memoria dividida en trocitos por el cansancio. Pero me hace ilusión encontrármelo, porque es la primera vez que alguien me reconoce por algo que he escrito yo, y que no es un grafólogo de la policía.

Seguimos… Desde ahí, desde el valle donde está la cabaña, miras a tu alrededor y, donde veas que está más empinado, donde pienses “por ahí no puede continuar el camino”, pues por ahí tienes que ir.

Rodeamos el lago, cruzamos unos saludos con unos alaridones que estaban informando al valle entero de que el agua del lago estaba muy fría, y comenzamos la segunda subida del día, no demasiado larga pero dura y cañera, otros trescientos metros, así redondeando.

Y entonces, en lo alto, piensas “por fin he llegado al Collado de Ballibierna”.

Pues no. Pasarás por el nuevo refugio de Llauset, detrás del lago homónimo (qué gracia, siempre he querido usar esa palabra: “homónimo”), un buen lugar para refrescarse y comer algo, y desde luego una alternativa muy interesante para quedarte a descansar y dividir en dos esta jornada.

En el refugio nos tomamos un refresco al precio estándar de 3€. Nos atienden con amabilidad y charlamos un rato acerca del refugio y de las rutas que se pueden hacer desde él. La verdad es que, de haberlo encontrado ya terminado, habríamos podido dividir esta etapa en dos y no recurrir al autobús en Puente Coronas… Pero bueno, no pasa nada.

Desde ahí tendrás que enfrentarte a la tercera subida del día, de otros trescientos metros, ahí, ahí, que es más tendida pero más larga que la anterior y, como ya estás cansado, se hace muy pesada.

¡Por fin alcanzamos el Collado de Ballibierna! Pensarás “ya está todo hecho, ¿verdad?”

Jajaja, deja que me ría. Pues no, ahora queda el descenso. La bajaba es empinada al principio, cosa normal y lógica, y hay que tener ojo y no perder las marcas que, si te despistas, te pierdes en un bosque de bloques de piedra que es feo, incómodo y lento.

Sigues las marcas y llegas a unos lagos que hay que bordear. Eso siempre es un rollo porque rodear un lago suele implicar muchas subidas y bajadas y se avanza muy despacio, pero en este caso, en una de las subidas junto a uno de los lagos te encontrarás con una trepadita por un bloque de piedra que ríete tú de muchos pasos con cadenas que hay en otros sitios. No es peligroso, no hay patio, no coges altura, pero hay que mencionarlo para que no te pille por sorpresa, porque sólo son dos o tres metros pero, si vas sólo y muy cargado, se te pueden atragantar. Si tu compañero ha practicado la escalada, te dirá algo como “estírate un poco que hay un cazo enorme, mete el pie derecho en esa laja, y sube bien que luego pillas cacho, mantelas un poco y ya lo tienes”.

Si no lo ha hecho, dirá “¡ten cuidado, por Dios, que si te caes con la mochila te desguazas un tobillo y ya la hemos mangado!”. La escalada ayuda mucho en estos casos.

Pero desde aquí, la bajada es muy sencilla y cómoda, por sendero, pero es larga, claro, y terminarás un poco hasta las cejas de todo. Por fin llegamos a Puente Coronas, cansados, sí, pero menos que al finalizar otras etapas que, en las revistas, las ponen como más sencillas… La clave, insisto, es saber que hay tres subidas y que la bajada es lenta y larga, para no confiarte.

Simón, que sigue de resaca, dice que hemos hecho unos veinte kilómetros con +1.560m y -1.100m, que hemos tardado diez horas y que si tengo una aspirina. En fin.

La cosecha de hoy, es decir, la basura que hemos recogido a lo largo del camino, asciende a una bolsa de frutos secos y una zapatilla vieja que algún gracioso imbécil y medio lelo dejó encima de una piedra, pensando, no sé, que estaba inventando un nuevo tipo de hito, o algo parecido. Detesto la basura en la montaña.

En Puente Coronas nos juntamos unas cuantas personas que venimos de rutas diferentes y tenemos que esperar casi dos horas al autobús. Aparece un taxi 4X4 al que ha llamado un tipo previamente (allí no hay cobertura) y que dice que cobra 50€ por bajar, seamos los que seamos. El tipo que llamó está contento porque le sale más barato el viaje si vamos varios y nosotros también porque llegaremos al Hostal un par de horas antes.

Nos ponemos acuerdo con otra pareja y le decimos que somos cinco. Entonces se lo piensa y dice que bueno, que en vez de cobrarnos 10€, que era lo acordado, que nos cobra 12€ a cada uno. Así, porque él lo vale.

¡Ah, la civilización!

Nos alojamos en el Hostal Parque Natural, que está a un par de kilómetros antes de llegar a Benasque (cerca del camping Aneto), pero el GR pasa como quien dice por delante, y eso viene muy bien para empezar la siguiente etapa. Aquí descansamos un día completo, así que pagamos 191€ por dos días a media pensión, bocatas y un montón de cervezas. El hostal es tranquilo y acogedor, y tiene unas vistas preciosas. Aprovechamos para recuperarnos un poco, lavar la ropa en condiciones, que huele todo un poco a perro mojado y rebozado en estiercol, y a reponer provisiones de frutos secos y medicinas, ambas cosas importantísimas.    

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