Reseña día 18 Colomers – Conangles: Pasito a pasito, la mitad del camino

Esta etapa es muy bonita, porque transcurre por el parque nacional de Aigüestortes y a ver quién es el guapo que se atreve a decir lo contrario. Yo le tengo mucho cariño a esta zona porque es casi lo primero que conocí en Pirineos, allá por el jurásico, más o menos, y por eso no soy imparcial. Habrá quien diga que “visto un lago vistos todos”, y que en realidad es casi todo un desierto de piedras, y a lo mejor tiene razón, pero si lo dice en mi presencia le pediré prestado un guante a alguien para tirárselo a la cara y retarlo a un duelo de Pokemon.

Salimos de Colomers dirección Restanca bajo una lluvia tan agradable como una visita sorpresa cuando estás con el pijama puesto. Con nuestras capas colocadas nos tapamos muy bien, pero el calzado se moja, y eso es inevitable por muy bien que te cubras. Caminamos muy despacio, porque las piedras resbalan y los senderos se convierten en arroyos, se dan rodeos y pasos muy cortos, como cuando vuelves de fiesta a las tantas, y eso ralentiza el avance cosa mala.

Al cabo de un rato, quizá porque el sendero se ha convertido en un pequeño arrollo, vemos dos salamandras apareándose, de estas con dibujos amarillos llamativos, y yo me siento muy fuera de lugar en la montaña, tapado y quejándome de la lluvia mientras ellas, cinco minutos antes, se estarían diciendo cosas como “¿vienes mucho por aquí?”. Las personas visitamos las montañas, pero nunca les perteneceremos, nunca seremos “sus habitantes”… No por primera vez, pienso que a los seres humanos nos sobra evolución.

Después de terminar el viaje, ya en mi casa, durante muchos meses, todos los días que ha llovido mientras conducía, mientras paseaba o simplemente mirando por la ventana, he recordado el día que salimos de Colomers bajo la lluvia. Fue una etapa extraña, de esas que pasan desapercibidas en el momento pero que se instalan en tu memoria, en lo profundo, y afloran cuando llueve. Echo de menos ese día. La montaña a veces te apuñala a traición, mientras te pide la hora, y no te das ni cuenta.

Aún me sigue ocurriendo.

En fin. El camino está muy bien marcado, porque estamos en territorio de la ruta de los Carros de Foc, y esta ruta es para el parque como el Camino de Santiago para, no sé, para un pueblo del Camino de Santiago, lo que significa que está todo muy pisado y bien marcado. Así que como siempre, collado, qué bonito, qué bonito, foto y pista, que nos estamos mojando.

Entonces, poco antes del refugio de Restanca, que está más o menos a medio camino, deja de llover. Eso de “a quien madruga Dios le ayuda” es una frase publicitaria al estilo de “Hacienda somos todos”, porque si hubiéramos desayunado en el refugio con calma, quizá no nos habríamos mojado. Qué cosas. Pero que nos quiten lo que ya hemos recorrido y lo bonito que está todo cuando llueve.

Llegamos a Restanca a las cuatro horas y pico de empezar la etapa, con +600m y -700m, más o menos, y almorzamos una tostada con tomate y unas galletas que nos preparan allí. Siempre recuerdo este refugio con mucho cariño: El lago, la cascada al fondo, la gente súper amable… “No tiene nada especial”, puedes pensar cuando lo ves, pero lo tiene todo. Además, el refugio libre de invierno, es decir, la habitación que permanece abierta durante los meses de invierno en los que el resto del refugio queda cerrado y vacío, está señalado con un letrero que dice “Invernalia[1]” y eso me hace mucha gracia porque en el fondo soy un frikales.

Y desde aquí, hay que bajar hasta el nivel de la carretera y el refugio de Conangles, que está más o menos en la boca sur del túnel de Vielha. El año pasado hicimos una ruta similar y fuimos desde Colomers dando un rodeo por los lagos superiores de Tort de Rius, que es una opción preciosa si tienes tiempo y fuerzas, pero no es nuestro caso en esta ocasión. Nos cruzamos con una pareja de menosmola (personas a los que no les gustan las cosas que molan de verdad) y nos dicen que han venido por esa variante y que está todo muy feo y con poco agua y que les ha decepcionado y blablabla. Ni caso, subir por los lagos es una ruta preciosa y una alternativa fantástica al GR11 en el tramo Restanca-Conangles, pero teniendo en cuenta que es más larga y lleva su tiempo.

La bajada hasta Conangles, aun por la ruta normal que estamos haciendo, se hace pesada, porque es larga y todas las bajadas por sendero las abordas contento porque has dejado de subir, pero al cabo de una hora de bajada ya empiezas a cansarte y a las tres horas ni te cuento. Casi al final, en unos prados en los que, si te despistas, te desvías hasta  la carretera que lleva a Vielha, nos internamos en el bosque que rodea Conangles, que es de los más bonitos de Pirineos. Es un bosque viejo, con piedras cubiertas de musgo y grandes abetos que destacan como gigantes entre las hayas… Como estamos cansados y parece que va a llover de nuevo no lo disfrutamos tanto como deberíamos, pero estoy seguro de que en este bosque hay Ents, como en el bosque de Fargorn de El Señor de los Anillos.

Simón anda un poco tonto. Creo que no debí usar estas pilas “Made In Tijuana” que compré en un mercado de artesanía. Dice que hemos hecho unos 22km con +1.100m y -1.700m en nueve horas, pero me lo dice así como dudando. No sé, tengo que comprobar estos datos en casa, porque me parece un poco mucho.

En el refugio nos tratan fenomenal, como siempre. Es la tercera vez que venimos aquí y nos sentimos como en casa. La familia que lo gestiona son todos muy amables y simpáticos, y tienen vocación de guardas. Se puede acceder en coche, así que conviene reservar este refugio con tiempo porque en algunas fechas se llena rápido. Además, este refugio marca el centro del GR11, es decir, que llevamos recorrida la misma distancia que nos queda por recorrer. Pagamos 72€ incluida cena y picnic.

Tanto si piensas “qué bien, ya la mitad” como si dices “jo, sólo llevo la mitad”, la reacción es la misma: dos cervezas, por favor. 2€ cada una. Ponme otras dos. Chin, chin: ¡Por la mitad del camino!

[1] Hogar de la familia Stark, de la serie de libros de… Y de la serie de televisión que… Bueno, da igual. Es una referencia bobaina que pierde toda la gracia si tienes que explicarla.

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